Se ha comentado profusamente durante los últimos meses la gran cantidad de películas chilenas que se están produciendo, de las cuales muchas tienen la oportunidad de llegar a los circuitos comerciales. Se habla también de los premios que han recibido destacados cineastas nacionales en el extranjero, y como todo lo anterior contrasta con la baja cantidad de público chileno que va a ver estas películas. Incluso hace unos días apareció un artículo en La tercera sobre este tema, que ha generado un gran debate al cual queremos aportar.

Las razones de este fenómeno son decenas, y con cambiar algunas no se va a modificar la realidad de la industria (si es que la podemos llamar así) del cine nacional. De hecho, algunas simplemente no se pueden cambiar, aunque por supuesto se puede hacer mucho para mejorar algunas de estas causales y lograr que en un mediano plazo, el público chileno vaya a ver más cine local.

Veamos una por una.

La primera, es que somos un país pequeño, con muy pocos habitantes. En países grandes como Estados Unidos o Brasil, basta con que un pequeño porcentaje de la población vaya a ver una película para que esta se financie. En Chile hay solo 17 millones de personas; si hubiese 34 millones, probablemente el número de espectadores de cine sería cercano al doble que hoy, y los costos de producir X película serían los mismos. En Argentina por ejemplo, el cine trasandino tiene mucho más público (entre muchas otras razones), porque solo en Buenos Aires vive casi tanta gente como en todo Chile. En nuestro país son muy pocas las cintas que logran llevar más de 100.000 o 200.000 espectadores. Incluso muchas cintas que vienen de Hollywood no logran esas cifras.

Ahora claro, el debate es el bajo porcentaje de cine chileno que se ve en comparación con el extranjero.

Segundo. Cabe preguntarse ¿a qué va la gente al cine? O dicho de otra forma ¿qué tipo de películas prefiere el público? Lo cierto es que la gran mayoría del respetable ve el cine como un espectáculo de entretención. Busca reírse o emocionarse con mundo fantásticos, grandes escenas de acción. No por nada entre las películas más vistas del último tiempo encontramos a “Transformers”, “Como entrenar a tu dragón”, “Los vengadores” o las secuelas de “Rápido y furioso”.  También está el caso de algunas películas que vienen precedidas de fenómenos literarios mundiales, como “Los juegos del hambre”, “Bajo la misma estrella” o más recientemente “50 sombras de Grey”. Todas producciones que además vienen acompañadas por una enorme campaña de markenting con la cual el cine nacional no puede competir.

El “problema” es que en Chile no se producen este tipo de películas. Coherente con este requerimiento del público, es que algunos cortometrajes de ciencia ficción chilenos han sido muy exitosos (considerando que son cortos), como “Renacimiento” (premiado por George Lucas) de Inti Carrizo, “Causto” de Álvaro Pruneda, o la película de acción “Súper M” (de Víctor Uribe, ganador del Pedro Sienna por otro corto, “Necrolovers”) en el cual estalla el Costanera center.

Tampoco se hacen filmes basados en best sellers internacionales.  El cine chileno es más bien costumbrista, o busca emocionar al público con otras temáticas, problemas sociales, políticos, etc. Y eso es de gusto de una población minoritaria.  Bueno, justamente las películas chilenas que se hacen con el fin de entretener son las más vistas, aunque al mismo tiempo las más criticadas. Porque no hay que olvidar que sí ha habido películas chilenas exitosas en taquilla, como las dos protagonizadas por Kramer o “Fuerzas especiales”.

Tercero. La difusión que hacen los grandes medios de comunicación del cine nacional es bastante escasa. En general hablan de las películas chilenas cuando ya han sido premiadas en el extranjero y aun así con bastante timidez. Nosotros en Cinetvymas tenemos un gran compromiso con el cine nacional y su difusión, pero sabemos que no tenemos el alcance de un canal de TV abierta o un diario de circulación nacional. Si ni siquiera TVN transmite las películas de Patricio Guzmán, no se puede esperar mucho de los demás canales de TV (lo invito a leer aquí, mi columna sobre TVN y la TV cultural). ¿Irán a dar algún día cintas notables como “Matar a un hombre?

Cuarto. Las salas de cine. Ha habido algunos intentos de crear una ley de cuotas, que obligue a los cines comerciales a tener un porcentaje mínimo de salas exhibiendo cine chileno. Sin embargo el camino no ha funcionado a través de la legislación, y sí a través de un convenio que se firmó entre productores, distribuidoras y multisalas a finales de 2013. Este convenio básicamente ayuda a las cintas nacionales que tienen entre 6 y 10 copias disponibles para exhibir, y les asegura estar al menos dos semanas en cartelera. Seguir una tercera y cuarta dependerá del público que hayan llevado.

¿Ayuda esto a que más gente vaya a ver cine chileno? Puede que sí, pero no de manera significativa. De hecho el 2014, según datos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, hubo 582.246 espectadores, la cifra más baja desde el 2010.

El punto es que no es suficiente con que las grandes cadenas tengan cine chileno si las salas están vacías. Incluso hace unos días el gerente general de BF Distribution, una de las empresas que distribuye cine chileno, cuestionó el convenio, indicando que va en desmedro de las películas chilenas más exitosas pues las multisalas deben privilegiar el espacio para aquellas películas con un máximo de 10 copias.

En ese sentido es importante reconocer el esfuerzo que hace Cine Pavilion, que de forma permanente exhibe documentales chilenos, el Cine Arte Alameda o el Cine Radicales que también se la ha jugado por el cine nacional, todo esto sin necesidad del convenio recién mencionado.

Quinto. El Estado. Indudable que el Estado chileno puede hacer mucho más por apoyar el cine nacional. No solo aumentando los fondos para la creación de cine, sino también mejorando las condiciones para filmar en el país, y ayudando a promover comercialmente el cine nacional en otras latitudes (¿si vendemos tan bien la fruta, el cobre y el vino al extranjero, por qué no también nuestro arte?).

Ahora claro, el Estado chileno está en de deuda con sus ciudadanos en decenas de temas (educación, salud, etc), así que pedir un impulso realmente revolucionario en esta materia se ve aún lejano.

Sexto. Las escuelas de cine. En Chile tenemos muy buenas escuelas de cine, con buenos profesores de fotografía, sonido, dirección y montaje, pero ¿qué porcentaje de la malla curricular está dedicado a enseñarles distribución, venta, producción ejecutiva? Durante años el cine chileno tuvo que lidiar con problemas técnicos… Muchas películas se veían o se escuchaban mal, pero eso ya está resuelto. Sin embargo, es poco lo que saben hacer los egresados de cine y audiovisual una vez que su proyecto está terminado. ¿Cómo lo venden? ¿Dónde lo venden? ¿Cuánto cobran?

Séptimo. El público. Ha habido algunos proyectos de formación de audiencias bastante interesantes, pero en la práctica absolutamente insuficientes. Ojalá hubiese fondos para muchos más de estos talleres, para que mucha más gente aprenda a ver cine de otra forma, o más simple aún, que descubra otro tipo de cine. Ahora, siendo honestos, en general la gente que llega a estos cursos es en general amante del cine, que quiere aprender más. El tema es cómo hacemos que vaya a un curso de estos, una persona que solo está acostumbrado a ver en la tele películas de acción. Es a ese público al que hay que llegar. Así, aunque las escuelas de formación de audiencias aumentaran cien veces seguiría siendo insuficiente, porque en realidad es un problema cultural y transversal.

En los colegios no se les enseña a los niños a apreciar el arte cinematográfico, entre otras cosas porque los profesores tampoco saben. ¿O es que existen ramos de apreciación cinematográfica en las escuelas de pedagogía? Puede que por ahí haya uno o dos, probablemente como ramo optativo, pero mientras no se valore realmente la enseñanza de lo audiovisual (no solo el cine, los medios en general) en la escuela, difícilmente le podremos pedir al público que vaya a ver un cine más reflexivo o crítico.

Octavo. La distribución. Los cineastas se quejan que las grandes distribuidoras no se la juegan por sus producciones. Aquí es válido recordar que las distribuidoras son empresas que buscan generar dinero y no hacen filantropía. Si consideran que una película chilena va a ganar menos que lo que van a tener que invertir en ella, no vale la pena. Es duro verlo así, pero es lógico en un modelo de mercado. De este modo, nuevamente es aplaudible el trabajo que hacen organizaciones como Cinema Chile o Market Chile, que se la han jugado por el cine nacional. También sería bueno que los cineastas empezaran a conocer mejor otras pantallas. El cine no solo es tal cuando se proyecta en una pantalla gigante. Claro, es una experiencia única y emocionante para un realizador ver su obra en una sala, pero hoy existen muchas otras plataformas en las cuales difundir una película. Hay canales de cable o instancias como Netflix que están comprando películas chilenas. Espacios tan válidos como una sala de cine.

Noveno. Los cineastas. Como en todas las cosas que hace el ser humano, hay algunas buenas, otras más o menos y otras malas. Que en Chile se estrenen más de 40 películas chilenas al año no implica que todas sean buenas. Algunas son tan potentes, sorprendentes, emocionantes, que aunque estén en pocas salas y tengan poca difusión, logran llevar una cantidad importante de público. Esto debido al boca a boca, a que la gente las comenta en las redes sociales. Sin embargo pocas cintas chilenas lograr generar esto, y hay muchos cineastas poco críticos de su trabajo.

También sería interesante que haya más cineastas que, sin dejar de ser autores, también hicieran películas pensando en el público y no solo en la historia que a ellos les interesa, algo que han logrado realizadores como Silvio Caiozzi, Andres Wood o Ernesto Diaz Espinoza. Por otra parte, también hay cineastas que tienen claro que no hacen cine para las masas. Yo creo que Patricio Guzmán tiene claro que no hace cine para competir con los blockbusters de Hollywood, pero todos tenemos claro que sus películas son excelentes. Aquí es donde todas las razones anteriores juegan en contra para que más personas puedan conocer trabajos como el del premiado documentalista.

Décimo. Dejé este punto como un “varios”, porque en realidad hay varias razones más que influyen para que el cine chileno sea poco visto. En el extranjero por ejemplo, dicen que hablamos tan rápido y con modismos que no nos entienden. Tal vez eso juega en contra para difundir nuestro cine en el resto de Latinoamérica, ya sea en salas o en televisión. También se puede hablar de la falta de identidad, y a la vez  de universalidad de muchas de nuestras producciones.

En resumen, para que la gente vea más cine chileno hace falta cambiar varias cosas. Algunas ya se están trabajando y van en la línea correcta. Otras son definitivamente más complejas y necesitan de decisiones a largo plazo, como lo que puede hacer el Estado por la inclusión de la cinematografía en las escuelas. Lamentablemente los Gobiernos no piensan a largo plazo porque eso no reditúa en votos. A veces incluso pienso que a los gobiernos no les interesa una población más culta…

El resto, es tarea de todos.

© Juan Carlos Berner

En Twitter: @jcbernerl