Nuevamente Danny Boyle (“Slumdog Millionaire”) nos sorprende con una película que, con una estética similar a la de un videoclip, logra ser una buena historia al tiempo que es interesante de ver para las masas.

Aron Ralston (James Franco) es un joven aventurero que decide irse solo al Blue John Canyon, un enorme cañón rocoso de Estados Unidos. Ahí, sufre un resbalón y su brazo queda atrapado por una enorme roca. Sabiendo que nadie lo está buscando (pues no le avisó a nadie donde iba), Ralston se esfuerza durante largos 5 días por sobrevivir, tomando el poco de agua que le queda, y tratando de zafarse de la roca que lo aprisiona. Después de darse cuenta que jamás conseguirá su objetivo, el montañista decide cortarse el brazo con una cuchilla sin filo.    

Ralston (James Franco) desesperado tratando de sacar su mano de la pared.

A diferencia de la mayoría de las películas, en esta, el espectador sabe desde un principio cómo terminará la película (como cuando uno iba a ver Titanic), por lo que lo interesante es saber cómo Aron sobrelleva las 127 horas que está atrapado en ese agujero en medio de la nada. A esto, se le debe agregar el antecedente no menor, de que la película está basada en una increíble historia real, por lo cual el espectador se hace aún más cómplice de la agonía que sufre el protagonista del filme.

La propuesta (inteligente) de Boyle en este caso, no se queda en mostrar solamente lo que ocurre con Ralston en la montaña, sino que nos traslada por sus recuerdos y alucinaciones, por sus miedos y finalmente, por sus culpas, culpas que de alguna manera todos sentiríamos si nos damos cuenta de que estamos a punto de morir solos en medio de la nada.

La película logra producir claustrofobia y en varios momentos puede ser un poco chocante si el espectador es muy sensible. En todo caso creo que la producción se cae en algunos detalles de maquillaje, pues el personaje no demuestra en su rostro el estar tantas horas casi sin dormir, comer ni beber, y bajo un frío terrible en las noches. Después de 127 horas el personaje no tiene grandes ojeras, no le crece la barba, etc. Para los que somos más puristas en “lo real” de las producciones, tal vez este detalle incomode, si no, puede pasarlo por alto y es tal vez el único gran detalle que pena en la recreación de un suceso real y tan dramático. Por su parte, la actuación de Franco no defrauda, (si bien tampoco es impresionante) y una vez más Boyle confirma que se puede hacer un buen cine, con una historia mínima, con un lenguaje audiovisual moderno, y al mismo tiempo ser exitoso en la taquilla.

Por Juan Carlos Berner.