“American Horror Story: Coven”, o “American Story: Coven” (Saquémosle el “Horror”)

Final de temporada.

Atento, si no has visto el episodio final de esta tercera temporada, o no has visto la serie, no sigas leyendo. La cantidad de spoilers es tan grande que media África podría alimentarse con estos.

La primera temporada de “American Horror Story” (rebautizada “Murder House”) tenía una columna vertebral firme y un hilo conductor visible en torno al cual giraban los personajes. La segunda temporada “Asylum” optó por caminos más dispersos, pero  que, aunque mezclaban el terror sobrenatural (Demonios) con el de ciencia ficción (Aliens) y el realista (Asesinos seriales), seguían conservando la coherencia y articulación. La tercera temporada “American Horror Story: Coven”, pareció haber perdido toda noción de coherencia argumental, y cada capítulo me daba la impresión de que los guionistas primero crearon a los personajes y luego, sin saber muy bien qué hacer con ellos, iban creando la historia sobre la marcha, la que no acabó en ningún lado.

De partida, fue una lástima el tono entre Academia Hogwarts y Escuela del Profesor Xavier que le dieron al aquelarre de las brujas, en donde estas, más que brujas, parecían mutantes, cada una con un superpoder distinto. Pero ahí estaba Jessica Lange para salvar un poco la situación, aunque esta vez fue poco lo que logró hacer. Conforme la trama se iba disgregando en eventos inconexos y constantes giros de 180 grados, iban apareciendo personajes que poco y nada aportaban a la trama, como Delphine Lalaury o Kyle Spencer, cuya importancia en la historia era prescindible o inexplicable. En cada episodio pasaban cosas que al siguiente se deshacían, lo que lejos de causar intriga, deshacía y volvía inconsistente a la trama. El comportamiento de la mayoría de los personajes era absurdo y errático, y parecía que muchas de las cosas que pasaban se les olvidaba a los guionistas (como el hecho de que Zoe matara al que se acostase con ella), pero lejos lo que más guateó en esta tercera temporada en relación a las anteriores, es que de Horror había poco y nada. En lugar de eso, abundaron los lloriqueos adolescentes y frivolidades varias.

El drama giraba en torno a Fiona y el cáncer que le arrebataba la vida, para lo cual tenía que encontrar a la siguiente Bruja Suprema y robarle sus poderes. Pero en el camino se encuentra, mira qué casualidad, al Hombre del Hacha, que justo después de haber sido revivido y echado por las brujas, se encuentra con Fiona en un bar y se enamoran y tienen sexo por varios días. Al principio Fiona se entusiasma pero luego comienza a aburrirse, aunque esto parece indicar que ella no tenía muy claro si ya le daba lo mismo tener cáncer o no. Al principio parece perder interés por el tema de que regresen sus poderes pero, como en tantos giros de la historia, vuelve a recuperar ese interés. Esta conducta podría pasar en una adolescente, pero en una mujer madura, por caprichosa y voluble que sea, era inverosímil.

Delphine Lalaury también parece haber abandonado su racismo sicópata cuando Queenie le salva la vida, demostrando lo poco creíble de los personajes, pero luego sus instintos primarios regresan, cuando es traicionada por la bruja negra Marie y cuando ve a un negro en la casa (a quien encierra en su pieza y tortura y nadie se percata de eso, por raro o incoherente que suene).

El personaje de Misty se comporta como una niña, a veces como una hippie liberal y otras como un animal del pantano, no entendemos muy bien qué es lo que busca, si es camaradería, asilo, o si está ahí sólo porque alguien la tomó del brazo y la llevó.  Cuando un personaje moría, no importaba, el personaje de la bruja Misty hacía que la muerte significara menos que en Dragonball Z y prácticamente ningún personaje murió sin ser resucitado. Bueno, no todos-todos, pero sí la mayoría.

Las brujas tienen que enfrentarse a varias amenazas: los cazadores de brujas, las negras del vudú y las traidoras entre sus filas. La hija de Fiona, Cordelia, pierde la vista, la recupera y la vuelve a perder. Esta “constante inconsistencia” (me quedó weno el oxímoron ¿ah?) refleja el espíritu de toda la temporada de 13 episodios, que nunca pareció llegar a ningún lado. Intentó optar por un lado más adulto y crudo, incluyendo tríos amorosos, desvirgaciones violentas a cargo de monstruos, sadismo racial, pero la forma no pudo superar al fondo y “American Horror Story: Coven” permaneció en una atmósfera adolescente e infantil, con una calidad en la historia muy inferior a sus dos entregas anteriores. Principalmente, porque las acciones de los personajes rara vez se explicaban. Nunca supimos cuáles eran los móviles de Spalding, el mayordomo sin lengua, o por qué las cuatro brujas jóvenes estaban ahí. No se explica por qué mierda Madison abandonó su mundo de fama, sexo y drogas para estar todo el tiempo con gente que le desagradaba tanto. Intentaron hacer un personaje caprichoso e hija de puta, pero les quedó planísimo, aburrido y estúpido. Zoe era la buena de la película, pero no evoluciona nada y se queda pegada en el rol de la niñita enamorada y culposa, sin nada interesante que aportarnos.

Los cazadores de brujas son personajes imposibles de tomarse demasiado en serio, son un cliché sin una pizca de originalidad, combinan lo peor de Van Helsing, Blade y la organización que le daba pega a Buffy la Cazavampiros. Pero si en los ejemplos anteriores los personajes tenían motivos para actuar, como la venganza o protección de seres queridos, acá la obsesión no tiene justificación alguna, y el drama del cazador que se infiltra como espía y acaba enamorándose de su mortal enemiga, parece un insulto a cualquier televidente mayor de ocho años. Y para colmo, disparaban balas de plata. Sí, leyeron bien, no es una falla del navegador, balas de plata. ¿Tan faltos de ideas están los guionistas, Dios mío?

El capítulo final fue un anticlímax en el que nos hicieron ver una aburrida competencia llamada “Las siete maravillas”, en lugar de deshilvanar como correspondía los acontecimientos desatados. Y el final fue bastante plano, aunque acorde el tono de la serie. En lugar de los finales de las dos temporadas anteriores, con una cuota de esperanza y tragedia, acá todo parece solucionarse vía Internet, de forma vulgar y ñoña.

Una historia sobre brujas era la oportunidad para transportarnos a un mundo lleno de rituales, brujería, vudú, sacrificios, cazas de brujas y tinieblas. En lugar de eso, se pasaron por la raja la palabra Horror del título y se volcaron hacia lo simplista, facilón y adolescente. No creo que se trate de un problema del público al que se dirigían, porque era el mismo de las temporadas pasadas. Fue una apuesta, un mal experimento, de esas series que uno acaba terminando de ver por compromiso, porque ya empezaste a verla, en lugar de porque te tenga enganchado. Sinceramente, espero que la cuarta temporada recupere el tono original.

Por ©Felipe Tapia, el crítico que acabarás amando, te guste o no.

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