Kathy (Carey Mulligan, Wall Street 2) ha permanecido gran parte de su vida junto a Tommy  (Andrew Garfield, Red Social) y Ruth (Keira Knightley, Orgullo y prejuicio). Juntos crecieron en el internado Hailsham, lugar especial donde fueron aislados del mundo con el fin de prepararlos para lo que sería su misión en la vida. Desde niña, Kathy ha sentido una profunda atracción hacia Tommy, la cual no ha sido del todo correspondida al encontrarse la competitiva Ruth en medio de la situación. Una vez en la adultez, los tres amigos son bombardeados con estímulos y sensaciones que desconocen y deben enfrentar no sólo el fatídico destino que la sociedad les ha impuesto, sino también sus respectivas emociones que amenazan con separarlos para siempre.

Basado en la novela Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro (autor de Lo que queda del día), el film es un melodrama dirigido por Mark Romanek (Retratos de una obsesión) desarrollado en un contexto inusual para este tipo de historias, clave para poder entender la lógica de los personajes. Porque si bien es un drama romántico, en esencia se trata de una historia perteneciente a una rama atípica de la ciencia ficción, la ucronía, es decir, un universo alternativo, donde la historia no ha transcurrido tal y como la conocemos, sino como una variante.

Ejemplos hay varios: la Alemania nazi con un Hitler vencedor en Fatherland o el universo de Watchmen con un Richard Nixon ganando en Vietnam. En ésta película, sin ánimo de usar spoilers, es preciso detallar dicho universo y separarlo de la sinopsis inicial, ya que la historia se nutre en esencia del triángulo amoroso de los personajes.

En la Inglaterra de los años sesenta, gracias a un salto tecnológico, la ciencia médica ha conseguido llegar a la cúspide, curando todo tipo de enfermedades y elevando la esperanza de vida de la raza humana a niveles insospechados. Pero, ¿a qué costo? Al no ser los humanos quienes deban pagar el (en un sentido ético) alto precio de las donaciones de órganos, el cultivo de clones que vivan exclusivamente para ser donantes parece una solución aceptable. En ese sentido, el universo de Nunca me abandones describe también una distopía, es decir, una utopía perversa, donde una sociedad generalmente autoritaria puede desarrollar una moral “alternativa” en la búsqueda del bien común.

A Kathy, Tommy y Ruth, la realidad de su naturaleza les es revelada en su adolescencia. Sus vidas serán dos tercios más corta que lo normal ya que sus cuerpos siempre saludables serán explotados al llegar a la madurez. Sus necesidades son diferentes a las nuestras. Son esclavos de un sistema cruel para ellos, pero justa para el resto.

Tal como M. Night Shyamalan basaba una historia de fe en el contexto de una invasión extraterrestre en Señales, Ishiguro construye una historia agridulce en un mundo fantástico, el cual Romanek logra adaptar de manera exitosa. El director, quien originalmente fuera conocido por sus realizaciones de videoclips de estética y fotografía perfecta (Rain de Madonna o Are You Gonna Go My Way de Lenny Kravitz) no decae en su desarrollo cinematográfico, dando una sistemática y especial solidez a las actuaciones. Mulligan, Knightley y Gardfield no sólo cumplen sino que convencen en sus temores y necesidades que en nuestra cotidianeidad resultan aún inexistentes.

La crudeza temática de Nunca me abandones puede resultar chocante para algunos espectadores. Es una barrera que la película no consigue franquear, pero la belleza poética de su realización trasciende. De ello, resulta la moraleja de que el tiempo en éste mundo siempre es muy poco. Un lugar común majaderamente utilizado y no siempre bien recibido debido a la subjetivización, pero que aquí se traduce en algo honesto, pertinente y a la vena: aprovecha la vida, porque en cierta medida, es efímera.

Por Hugo Díaz

Never Let Me Go
Director: Mark Romanek
Elenco: Carey Mulligan, Keira Knightley, Andrew Garfield, Sally Hawkins, Charlotte Rampling
Mayores de 14 años