Dicen que la ciencia ficción es el género que peor envejece, ya que el paso del tiempo se encarga de desmentir las aventuradas predicciones. Pero con la experiencia los autores ahora son más cautelosos a la hora de hacer conjeturas arriesgadas. Se pensó que en el 2000 íbamos a andar en autos voladores, y mírennos. Por este mismo motivo, me cuesta creer que el futuro de 2091 vaya a ser como esta serie de FOX Latinoamérica lo describe, con viajes interplanetarios y tecnología formato Supersónicos.

En esta época los seres humanos están tan alienados con los videojuegos, que el Gobierno decidió prohibirlos. Por supuesto, como toda prohibición, eso no impide que siga practicándose de forma ilegal. Lila (Nombre característico en la ciencia ficción, visto en “Doctor Who” y “Futurama”), interpretada por Angie Cepeda, es una de los tantos gamers que eluden a la justicia para satisfacer su pasión lúdica, que en muchos casos es una adicción. Mientras, otros gamers son convocados a un misterioso juego, entre los que se encuentran Ferrán (Manolo Cardona), Lodi (Benjamín Vicuña) y Mefisto (Ludovico Di Santo), entre otros. Pero Lila y Ferran, quienes tuvieron onda en el pasado, son forzados a combatir en la tópica trama de fugitivos a quienes se les hace una oferta que no pueden rechazar, literalmente. Como la alternativa es ir a la cárcel, ambos aceptan a regañadientes participar. Bueno, “2091” no es precisamente un ganador a la trama más original, pero supongo que funciona y cualquier otra explicación serviría también. Pero ¿Quién es el encargado de orquestar semejante desafío?

El responsable es un grupo de magnates aristócratas inescrupulosos que vienen a ser como la típica elite decadente y hedonista que gusta de apostar en combates de gladiadores, claro que acá es una simulación virtual en una zona de juego, en la que solo puede sobrevivir uno de los siete participantes. Pero a lo largo de la historia estos últimos se irán dando cuenta de que esto es más que un juego.

Resumiendo, esta serie, grabada totalmente en Colombia, es una especie de mezcla entre “Tron”, “Digimon” y “Los Juegos del Hambre”, ya que entre los jugadores habrán alianzas y vínculos afectivos, que entrarán en directo conflicto con el instinto de supervivencia personal, las metas individuales y la certeza de que por mucha buena onda que pueda haber al principio, al final todos deben enfrentarse. Todo esto en modernos y complejos escenarios virtuales.

El problema con esto último es que no solo el videojuego en el que participan los personajes está hecho digitalmente. Los escenarios que corresponden a la realidad también, y eso confunde un poco a la hora de separar el mundo real y el digimundo. Sí, sabemos que ahora las producciones no gringas tienen acceso a las tecnologías digitales y los efectos de la nueva era, nos parece fabuloso, pero no cometan el mismo error que George Lucas: A veces, muchachos, las maquetas nos pueden transportar a mundos de belleza incomparables y mucho más reales y vivos que los creados por computador. La tecnología digital dejémosla para los ambientes virtuales.

También resulta problemático tragarse la idea de que quienes jueguen videojuegos sean perseguidos por una policía creada exclusivamente para esto, además de ser juzgados como criminales peligrosos. He conocido a tipos fanáticos de los videojuegos en mi vida, y créanme, no representan en absoluto una amenaza. Y claro, no son o parecen cool como los que muestra esta serie.

Me cuesta mucho trabajo chaquetear una serie con actores latinos que incursiona en una temática tan poco tratada en estos lares, y que se aventura a hacer cosas  nuevas en lugar de seguir los patrones más cómodos y seguros, sobre todo cuando su objetivo es competir contra industrias extranjeras que llevan décadas en este juego. Tampoco voy a ser indulgente y tirarle flores por pura hermandad latinoamericana, así que señalo de inmediato que el argumento, las actuaciones y hasta la idea es más bien pobretona, pero soy optimista. Me gusta pensar que esta serie es la pionera en el género, pues son escasas las producciones de ciencia ficción en los países de Sudamérica, así que aplaudo este lanzamiento a los leones, y espero que sea solo el inicio de una tendencia que vaya perfeccionándose con el camino, y que algún día, cuando salga de verdad una buena serie de ciencia ficción, digamos “Sí, “2091” era cuma, pero sin “2091” no habría existido esta otra serie que ganó el premio Hugo”. Un crítico tiene derecho a soñar. Sí. Un crítico tiene  derecho a soñar…

Por Felipe Tapia, un crítico que tiene derecho a soñar (Por si no les quedó claro, so bestias)