El cineasta italiano Silvio Soldini nos trae en “Cosa voglio di più”, una historia de dos amantes de la Italia de hoy, que hará sentirse identificado a más de alguno de los lectores de esta columna.

Si, porque el realizador de “Pan y tulipanes”, esta vez nos brinda una historia cuya mayor gracia es justamente ser extraordinariamente sencilla y realista; no es una tragedia terrible de esas que hacen llorar a mares, ni es tampoco una comedia de aquellas europeas que siempre nos hacen reír con un humor inteligente y elegante (tierno incluso), sino que es una historia contada de manera absolutamente realista, como la vida misma tal vez, la vida de muchas personas de clase media baja (realidad que en Italia es muy similar a la nuestra) que deben trabajar y esforzarse día a día por sobrevivir. En este filme no hay personas que se estén muriendo de una enfermedad terrible, ni hay que esconder un asesinato, ni tampoco es que el protagonista sea la amante de la esposa de Berlusconi (una de varias que ha tenido este señor).

“Cosa voglio di più” es la historia de dos personas, Anna y Domenico. Ambos tienen sus respectivas parejas; ella vive con Alessio (¿esposo o conviviente?, no me quedó claro) y él con su esposa Myriam y sus dos pequeños hijos a los que adora. Sus vidas son normales, aunque como la de muchos, rutinaria. A pesar de vivir modestamente, Anna tiene todo lo que una persona promedio podría querer en la vida: un trabajo estable, casa, familia y buenos amigos. Sin embargo un día conoce a Domenico y su vida toma un vuelco inesperado. Sin saber cómo, se enamoran, con ese amor apasionado y desenfrenado donde afloran todos los deseos que con sus parejas sienten que no pueden cumplir. Un amor que a la vez es culpable por que los dos tienen ya una vida formada con otra persona y además, con buenas parejas, en especial Alessio, la pareja de Anna, un gordito extremadamente bueno y amable, pero que no la satisface sexualmente, vacío que Domenico llena perfectamente en la vida de nuestra protagonista.

El filme transcurre entre los encuentros y desencuentros de esta pareja de amantes furtivos, entre la felicidad y la culpa que sienten cuando están juntos, y la tranquilidad y tedio que sienten cuando están con sus parejas estables. Anna y Domenico son buenas personas, y se sienten mal traicionando a quienes les han sido fieles, pero la pasión es tan fuerte y devoradora, que cada vez que deciden separarse, al rato vuelven a estar juntos. Y se sienten felices, escondidos en un motel, por un instante, hasta que los compromisos o la culpa, los vuelve a distanciar.

“Cosa voglio de più” es eso y nada más, y tal vez ahí está su valor. Un relato mínimo y contado de manera simple, sin ningún efectismo. Como la vida misma de muchos italianos, y de muchos chilenos quizás. Tal vez eso mismo es también el talón de Aquiles de la película, que a ratos se hace plana y repetitiva (y un poco larga). Los personajes secundarios tampoco son un gran aporte, salvo Alessio, que se presenta como un hombre demasiado bueno, casi un santo, y los hijos de Domenico que le agregan ternura al filme.

En un país como el nuestro, donde según varias encuestas, más de la mitad de los chilenos reconoce haber sido infiel (yo no estoy en ese grupo obviamente), muchos se sentirán identificados con la vida de estos amantes, tardíos, reales y culposos, de la clase media trabajadora de Italia. O de la clase media trabajadora de Chile tal vez.

Por Juan Carlos Berner