Es difícil contar una historia de amor sin caer en un cliché a estas alturas. “Amores Frágiles” de Francesca Comencini decide ir por el premio mayor y juntar todos los clichés de este género. Usando una narrativa fragmentada que pocas veces se justifica, nos vamos enterando de todas las neurosis de los personajes en una historia de amor genérica y olvidable. Vamos a enumerar los clichés que aparecen:

Cliché 1: los opuestos se atraen y los que se odian terminarán amándose. Claudia (Lucia Mascino) y Flavio (Thomas Trabacci) son profesores de literatura con diferencias políticas que se enfrentan en una ponencia. Porque claro, los realizadores de este cine viven pretendiendo que creamos que la vida de los literatos es interesante e intensa, que son profundos y apasionados. Porque esta historia no habría funcionado con una pareja de maestros sangucheros. La cosa es que sin saber muy bien cómo, damos un salto de una visceral pelea a una escena siguiente en la que los contendientes deciden ir por un café. Claro, lo que hacemos todos los que nos agarramos de las mechas con alguien. Si bien hemos visto este cliché en miles de películas, cuando se hace bien se nota, y acá es todo muy forzado y rápido. Pasamos de la hostilidad a la química de un momento a otro.

Cliché 2: El hombre le tiene pavor al compromiso y la mujer quiere puro ser madre. No voy a detenerme en hacer una crítica a los roles de género, pues considero que el arte no tiene por qué dictar conductas ni evangelizar sobre lo que está bien o no, porque acá lo que molesta no es si la visión que se tiene de ambos géneros sea la correcta o la más realista, pues el cine no tiene por qué serlo, sino por lo estereotipada que es la construcción de esta relación. Los diálogos sobre tener o no hijos son reciclados, no hay ninguna profundidad en el desarrollo de los personajes, solo sabemos que Flavio no quiere y Claudia sí.

Cliché 3: las mujeres son histéricas irracionales. Reitero lo que planteé en el cliché 2. No me opongo a que muestren un personaje femenino loca o que no sea un modelo de conducta, pero la irracionalidad tiene que tener un motivo. Claudia acá despierta durante la noche a Flavio para discutir sobre el tener o no hijos, y luego de molestarlo con una discusión sin sentido se va de la casa durante la noche. Flavio sale a buscarla en auto, cuando lo lógico era ir a buscarla a pie ¿Acaso le dio media hora de ventaja? Luego de terminar la relación Claudia acosa constantemente por teléfono a Flavio, incapaz de entender que la relación se acabó, conducta que en un hombre sería considerada tóxica y hasta agresiva.

Cliché 4: La vieja confiable: Para hacer quedar al hombre como un desgraciado frío, se le hace involucrar con una chica más joven que Claudia, que visibiliza todos los defectos de esta última que se ve acomplejada por su edad.

Cliché 5: el lesbianismo no es una opción tomada racionalmente por una mujer que decide amar a otra, sino que es una vía de escape producto de la decepción por los hombres, la soledad y un estado emocional débil. Como Flavio se consigue una chica más joven, Claudia podría conseguirse un Toy Boy en venganza, pero dadas las características del mercado audiovisual actual, vamos a involucrarla con otra mujer. Eso es sandía calada en este negocio. La relación se produce porque sí, solo anticipada por una prueba oral (No es lo que creen, mal pensados) en la que su alumna responde correctamente las preguntas. Y todos sabemos que una buena interrogación es sinónimo de cacha en el mundo académico ¿Verdad? Acto seguido la alumna invita a salir a Claudia y la magia del cine nos lleva al besuqueo ipso facto.

En fin, podría pasarme toda la tarde enumerando clichés pero yo sí tengo cosas que hacer, manga de vagos. Además me acusarían de hacer spoiler. Aunque con lo predecible que es la historia dudo que se enojen por eso. “Amores Frágiles” parece reunir los estereotipos de las películas de amor gringa con las del cine europeo, que intenta ser más contemplativo e intelectualsh (Por eso los personajes son académicos, otro cliché). Y ojo que yo no tengo nada en contra de las historias de amor. Que yo sea feo y esté solo y amargado no tienen nada que ver, pero que no se les ocurra ser felices mientras yo soy miserable ¿Oyeron?

Quizá lo único positivo del filme es que el desenlace no es ni feliz ni triste, y es donde más escapa a la norma, pues no es ni esperanzador ni pesimista.

Raya para la suma, el problema con la película, más que los lugares comunes en sí, es el escaso desarrollo de los dos protagonistas. El uso de los flashbacks tampoco aporta mucho, pues a estas alturas de la vida no es ninguna novedad. Solo recomendable para los más fanáticos del género, si somos indulgentes y nos sacudimos la amargura y cinismo una hora y media.

Por Felipe Tapia, la pizza con piña en la pizzería de la crítica literaria