DC sigue mandando en la animación, le guste o no a los marvelitas. Desde la primera película animada, “Batman: la máscara del Fantasma”, se han producido toda clase de cintas. Algunas son un bodrio, otras son un ñe, otras son entretenidas y otras son obras maestras que nada tienen que envidiarle a sus contrapartes live action.

En el caso de Batman, el material a explotar es infinito, y se ha recurrido a la adaptación de obras tanto clásicas como las nuevas. En lugar de seguir sobreexplotando a villanos como Joker, “Batman: Soul of the Dragon” decidió explotar la faceta de las artes marciales.

La trama no es muy novedosa: sabemos que Bruce Wayne, luego de que sus padres fueran asesinados a la salida del cine, decidió combatir la delincuencia. En lugar de invertir en educación y de un sistema penal basado en la reinserción, dilapidó la fortuna de su familia en un acto de cero conciencia de clase, comprándose vehículos caros y disfraces ridículos. Se mandó a hacer una Baticueva que estoy seguro los obreros que la construyeron, o eran estúpidos, o fueron sobornados para que no hablaran, o fueron asesinados por Alfred, porque era imposible que algo así pasara piola. Y, por supuesto, como si en el país no existiesen problemas sociales más importantes, se pagó un viajecito al oriente para ser entrenado por uno de los mejores maestros. Entre sus condiscípulos se encontraban personajes del universo DC como Ladi Shiva, Tigre de Bronce, Richard Dragon y otros.

De forma sumamente conveniente, en el lugar de entrenamiento había también un portal hacia otra dimensión donde, por supuesto, habita un demonio maligno. No, no podía vivir un cantante de Ópera. Tenía que ser una entidad extradimensional que, como la mayoría, no tenía más imaginación que querer viajar a este plano de la realidad para conquistar este mundo. ¿Para qué, digo yo? ¿Por qué todos los demonios de otras realidades quieren tanto este cagadero repleto de supremacistas blancos, televisión basura, fake news, malos olores y Covid19? ¿Qué diablos le encuentran de bueno a este mundo? Dormamu, Shao Khan y los que son como ellos deberían aprender a apreciar a su tierra natal en lugar de desear el jardín del vecino.

El maestro de Bruce Wayne y los otros, en lugar de advertirles del peligro que representa ese portal como indicaría el sentido común, decide hablarles en código tipo Yoda o Señor Miyagi, cosa que más adelante uno de ellos lo abra y desate un peligro que, años más tarde, Batman y los que permanecen vivos deberán combatir.

El filme, al poner el foco en las artes marciales, está lleno de secuencias de acción memorables, incluso Batman sale muy poco, casi no se pone el disfraz sino hasta el final. Es como Pedrito Pascal en “The Mandalorian”. De hecho, el protagonismo recae más en los otros compañeros de entrenamiento del Batibobo, quienes le roban pantalla toda la historia.

Además de las escenas de acción, otro de los puntos a favor es la manera en la que indaga en la personalidad de Bruce, Richard, Shiva y Tigre de Bronce, explicando sus motivaciones, demonios a vencer (no literalmente esta vez) y lo que les hace falta para convertirse, cada uno en su particular forma, en personas íntegras, incluso Lady Shiva que suele operar como villana. Siempre es bueno que, aunque se trate de una película de combos y patadas, se tomen el tiempo de desarrollar a los personajes sin caer en la moralina tediosa.

El resto del filme lo dejo a sus criterios personales. En lo que a el ídolo de las masas (o sea yo) respecta, creo que estamos frente a una película promedio del encapuchado. No está dentro de las mejores, pero tampoco figura entre las peores. Es entretenida, bien narrada, con buenas secuencias de acción y personajes con motivaciones coherentes. Los villanos tienden a ser algo clichés, como los yakuzas descartables o el demonio interdimensional genérico, pero la verdad, el acento esta vez estaba más en los héroes así que no molesta. Además, uno de los puntos a favor para mí que a lo mejor a algunos no les va a gustar, es lo poco que sale Batman en la historia. Y no solo eso, sino que se ve casi nada del universo de Gotham City, con sus villanos pomposos, policías corruptos o sus guerras de bandas del crimen organizado, trasladándonos a un escenario que recuerda a universos más del tipo “Mortal Kombat” o “Rescate en el Barrio Chino”.

El final es medio raro y muchos quedarán colgados o con ganas de más, pero al final, creo que mi impresión final es recomendar esta película. No va a revolucionar el mito del Hombre Murciélago ni nada por el estilo, pero es una mirada desde un ángulo diferente al que estamos acostumbrados.

Por Felipe Tapia, aún vivo pese a ser población de riesgo