Crítica a “Bigbug”: Ciencia ficción y absurdo

Jean Pierre Jeunet es de esos directores que no sacan películas a cada rato, pero cuando lo hacen, pucha que lo hacen bien. Es como el meme de Bob Esponja y El Rey Neptuno preparando cangreburguers. “Bigbug” reúne todos los elementos del cine del realizador de “Delicatessen” y “La Ciudad de los Niños Perdidos”, añadiendo cosas más contemporáneas, como el dilema de la inteligencia artificial y los problemas que se vive durante un encierro prolongado.

Ahora que “Black Mirror” no es ni la sombra de lo que fue, es cada vez más difícil contar una historia de Ciencia Ficción sin caer en los típicos clichés neoluditas de que la tecnología es mala. Lo que hace “BigBug” es apelar a nuestro miedo primitivo que afloró durante estos últimos años durante la pandemia: ¿qué haré si estoy encerrado mucho tiempo con gente que no soporto?

Pienso que para contar con una buena historia de ciencia ficción no debe ponerse todo el foco en lo tecnológico, sino que debe aterrizarse la historia a una escala humana. “Bigbug” logra eso de manera bastante efectiva, combinando aspectos tomados de una estética cyberpunk con un conflicto de personas encerradas que me hicieron recordar un poquito a “El Ángel Exterminador” de Luis Buñuel.

Todo lo que soñamos sobre el futuro en las historias clásicas está aquí: autos voladores, robots que hacen nuestras tareas domésticas, una vida cómoda, acompañantes sexuales cibernéticos… ¡Ejem! No, creo que ese último era mi sueño sobre el futuro, perdón. No obstante, todo eso se trunca y acaba volviéndose una pesadilla posmoderna de convivencia doméstica.

En el futuro en el que transcurre la película, existen unos seres cibernéticos encargados de la vigilancia, una inteligencia artificial llamada Yonyx, que acaban volviéndose hostiles. Sí, no es una premisa fresca, pero la forma en que se desarrolla y la estética que la acompaña lo cambia todo. La falta de empatía de los Yonyx los hace mirar en menos a los humanos, incluso realizando programas en donde se humilla a estos últimos. Poco a poco, la inteligencia artificial de una casa va impidiendo a una familia disfuncional, la vecina y un par de visitas, salir del lugar, para protegerlos. Los ocupantes harán todo lo posible por escapar de esa situación y regresar a sus hedonistas vidas: algoritmos, uso de fuerza bruta, paradojas lógicas, sin resultados. Lo interesante es la manera en la que se combina el drama distópico con el humor absurdo, pues los protagonistas a veces están más preocupados de dilemas más mundanos que la peligrosa crisis por la que atraviesan. Así, el querer irse de vacaciones o querer tirarse a la chica de turno se convertirán en los objetivos principales de unos personajes que podrían generarnos algo de empatía y cariño, pero al mismo tiempo vergüenza ajena. Toda buena comedia debería lograr un cometido de esa índole.

Por supuesto, no todo es absurdo y ridículo. La premisa es bastante potente: la inteligencia artificial podrá estar muy avanzada, pero la ley no existe para ser aplicada sin la interpretación de un ser humano. Así es. La ley siempre debe ser interpretada. El motivo por el que los robots de la casa no dejan salir a la familia se sostiene en base a puros tecnicismos tontos o una lógica llevada a su extremo. Eso vuelve la situación mucho más desesperante pues los humanos están a pocos pasos de salir, pero al mismo tiempo lejos de poder hacerlo.

De esta forma, el tópico de la Rebelión de las máquinas se hace desde una óptica diferente a como la hemos conocido siempre. Y es que las leyes deben ser siempre interpretadas por humanos, no máquinas frías quienes pueden tornar lo lógico en cruel, como nos demuestran los Yonyx.

Los fans del director encontrarán una estética similar a sus trabajos anteriores, algo así como “Delicatessen” en el futuro, con un humor sumamente exagerado y hasta grotesco. Los personajes robóticos, a caballo entre electrodomésticos y filósofos, son tan carismáticos como los humanos – si es que no más-  y reflejan el tono de la película que mezcla el drama con el humor de manera constante.

En definitiva, si les agrada el sello del director, si les gustan las distopías tipo “Black Mirror”, o las sátiras absurdas tipo “No Mires arriba” o la comedia en general, creo que esta es una película que no deberían perderse, sobre todo por la impecable puesta en escena, la estética, el diseño de arte y los efectos especiales que le dan forma a la historia.

Por Felipe Tapia, el crítico que pensaste que no volvería pero regresó para atormentarte