Cuando terminas de leer un buen libro o de ver una serie excelente, sobreviene un vacío inmenso ¿Qué haré ahora sin esta historia que me gustó tanto? Lo más sano es que una buena historia acabe en lugar de alargarse innecesariamente a causa de su éxito. Vince Gillian fue claro en que no alargaría “Breaking Bad” chorrocientas temporadas solo a causa de su éxito. Eso habría sido matar una de las mejores series. Los fans agradecimos ese gesto que impidió que se convirtiera en otra “The Walking Dead” o “Dragonball”. ¡No, Cthulhu nos libre! Sin embargo, las ganas de más contradecían todo ese sentimiento. ¿De qué manera suplirlo, entonces?

Antes de terminar la serie anunciaron “Better Call Saul”, y muchos temimos por que la franquicia se llenara de spin off, precuelas, secuelas solo para explotar el exitoso producto. Tampoco habría sido bueno para la dignidad de Walter White y sus amigos (Ese también podría haber sido el título de otro spin off). Sin embargo, todos nos sorprendimos gratamente con la apuesta que contaba las aventuras del abogado y cómo se fue convirtiendo en aquel personajillo charlatán y pomposo. La serie estaba contada inteligentemente y aunque nadie puede negar la presencia de fan service, este estaba colocado de tal forma que no fuese un relleno tonto. De hecho, muchos especulamos si la serie conectará en su final con “Breaking Bad” y nos mostrará el destino final de Nebraska de Jimmy, como se nos ha mostrado en los flashforwards del principio de cada temporada.

Por eso, si otra serie hubiese anunciado una película como “El camino” todos habríamos esperado un producto menor. Nadie espera mucho de las películas anunciadas de “The Walking Dead”. Pero ese es el problema de las expectativas. Sino miren lo que ha pasado con “Joker”. Luego de la experiencia con “Better Call Saul” sabíamos que “El camino” no podía ser solo otro apretón más a la gallina de los huevos de oro. Y me atrevería a decir que de verdad no lo fue. Solo fue un hueso que el tío Vincent nos arrojó a los fans que quedamos con gusto a poco.

Mis expectativas hacia “El Camino” no eran muy altas y creo que por eso fue que pude disfrutarla. Solo dos horas para pasar un buen rato volviendo a ver a algunos de los personajes de “Breaking Bad”, y conociendo lo que pasó con Jesse luego de que huyera de su confinamiento con los nazis. El sufrido joven debe encontrar su camino en la vida y huir de la justicia, dejando atrás la horrible experiencia que fue asociarse con un psicópata como su ex profesor de química. ¿Era necesario contar esta historia? Claro que no. Uno de los puntos fuertes del final de la serie fue precisamente que quedaron algunos cabos sueltos sin cerrar, no era un final redondito y matemático y dejó algunas cosas en el aire, como el destino de Jesse, lo que pasó con Brock, si la familia de Walter recibió los billetones o si Skyler y su familia pudieron salir adelante finalmente. Así que no, ni se les ocurra sacar una serie sobre si dejaron salir a Huel luego de que la policía lo detuviese o si le hicieron bullying a Walter Jr. en el colegio. Pero el punto no era si “El camino” era necesaria o no. Era otro.

Si alguien tenía expectativas muy altas respeto a la película, es probable que quedara decepcionado. En mi caso, no fue así. Disfruté mucho la historia de cómo Pinkman vuelve al universo de “Breaking Bad” y de ver cómo se desarrollaban temas que en la serie quedaron algo en el aire, como lo que pensaban los padres del joven luego de todo lo que pasó. O qué tipo de vida llevaron Skinny Pete y Badger, aparentemente reformados, y aunque conservan algo de la estupidez y gracia que les caracterizaba, se les notaba más maduros, preocupados por su amigo, en lugar de ese Badger bobalicón que se peleaba con Pinkman en medio del desierto en la primera temporada. O indagar una vez más en la mente fría, psicopática e infantil de Todd. Cierres quizá innecesarios, algo así como ese episodio de “Lost” en que se nos mostraba por qué había osos polares y qué pasó con Walt (El negrito, no Walter White, bitches). Honestamente, pese a sus fallos, sigue siendo una historia más digna que muchas series de Netflix de gran éxito en la actualidad.

Así que si aún no la han visto, háganlo, pero con esa mentalidad. No espere una expansión ultra necesaria del universo “Breaking Bad”. Tampoco una joyita como “Better Call Saul”. Solo un regalito para los fans que quedamos viudos el 2014, cuando vimos caer a Walter White al ritmo de “Baby Blues” ¿Se acuerdan? “El Camino” es solo una forma de llenar ese vacío en lugar de haber alargado la serie hasta volverla infumable o llenarnos de spin offs y secuelas vomitivas para exprimir el éxito de una historia que supo cómo retirarse a tiempo y terminar con dignidad. Ojalá muchas series aprendieran a hacer lo mismo. Ni “Game of Thrones” lo logró. Así que ojo con criticar si tienes tejado de vidrio. Dirán lo que quieran de “El Camino”, pero no constituye, a la larga, ningún daño a la franquicia. Solo una secuela que ata un par de cabos sueltos y nos da algo de fan service con personajes que pudimos reconocer, como Todd, Kenny, Jane, el tipo de las aspiradoras o el mismísimo Pulento.

No rasgue vestiduras. Relaje la vena. No es “Twin Peaks: Fire Walk With Me” la huarifaifa. “El Camino” cumple las expectativas pero es solo eso. Un epílogo al coprotagonista de la historia. Un joven al que vimos sufrir, del que esperamos un desenlace feliz luego de todo lo que vivió con Jane, Mike, Andrea y Brock. Un adolescente confundido metido en malas juntas, que se mostró en un principio como insolente, superficial y egoísta, pero que a lo largo de la historia mostró más integridad que el correcto y civilizado Walter White. Todos coincidimos en que merecía ser feliz luego de huir en el auto en el capítulo final. “El Camino” solo nos cuenta esa historia que ya deseamos el 2014. Jesse Pinkman, te lo mereces, bitch.

Por Felipe Tapia, el crítico que está demasiado ocupado siendo fabuloso como para que le interese tu opinión