Crítica a “Puerperio”: Señalización de virtud para predicar a los conversos

Crítica a “Puerperio”: Señalización de virtud para predicar a los conversos

¿Qué es la señalización de virtud o “Virtue signaling? Básicamente es la exhibición de una cualidad moral o apoyo a una causa, a sabiendas de que se recibirá la aprobación del resto. Una práctica muy popular en redes sociales, donde una persona puede decir que está a favor del amamantamiento en público, de la crianza compartida, de un pueblo originario, o la exacerbada indignación frente a determinadas injusticias del mundo, básicamente para mostrar lo buena persona que se es. En palabras de Susanita, la amiga de Mafalda, cuando leía el diario: “Estaba leyendo acerca de lo buena persona que soy”. 

Puerperio, obra dirigida por Eliana Furman, es un experimento que combina la performance con lo documental, relatado testimonios de mujeres que han sufrido alguna vejación verbal o física en su condición de mujeres, hijas, madres o esposas. Se trata de un formato testimonial que se aleja del canon dramático clásico que acostumbra contarnos una historia lineal. Hasta aquí todo bien. El problema es que acaba siendo un compendio de opiniones consideradas populares y bien recibidas por el público, en lugar de hacer una verdadera denuncia o crítica respecto a las injusticias producto del patriarcado, algo parecido al humorista que se sube a Viña a decir que las mujeres pueden hacer varias cosas al mismo tiempo.

Por ejemplo, una conversación entre dos personajes, una de ellas le dice a la otra por qué no desea tener hijos, que si no tiene hijos va a ser menos mujer, que no sirve, que las mujeres están para dar vida, a lo que la otra le responde que ella no desea tener hijos. Es, básicamente, lo que uno espera oír. La primera voz es un enunciatario que la mayoría de nosotros conocemos, de una opinión obsoleta respecto al rol de la mujer pero que, reconozcámoslo, aún existe. La segunda voz es la opinión que queremos escuchar de la voz de una de las cuatro protagonistas de la puesta en escena. Es casi como meterse a las páginas de redes sociales donde se replican estas mismas conversaciones. En otra escena, una de las actrices sostiene que, en su casa, cuando era chica, le decían que los niños no podían opinar, pero que ella a sus hijos los dejaba opinar todo lo que querían. ¿Qué sentido tiene decir esto, más que autoproclamarse una buena persona? Este y otros momentos convierten a la obra en un desfile de Señalización de Virtud. No es que uno no empatice con la mayoría de las causas que se promueven, pero el autobombo no contribuye a la empatía.

Puerperio es el periodo en el que una mujer se recupera después del parto. Cuando el cuerpo y la mente se reestablecen luego del difícil periodo de embarazo. La obra busca visibilizar y reconocer aquel periodo que es exclusivo de las mujeres,  y dar a conocer la maternidad y todos los problemas por los que atraviesa una mujer en la sociedad, los inconvenientes emocionales, económicos, sociales y de todo tipo que muchas veces deben soportar en silencio. Y está claro que uno como hombre jamás va a experimentar aquello y que cualquier juicio que uno haga va a estar de más, pero resulta un tanto victimizante ponerse a hablar del calvario que supone el ganar kilos o llenarse de estrías luego de parir. 

En estricto rigor, el objetivo se cumple: desmitificar la idea de la maternidad como algo puro, angelical y placentero, exhibiendo los aspectos más dolorosos y desagradables, que incluyen cuando una mujer se hace caca al momento de parir, o cuando no puede ni dormir por estar ocupada en sus deberes maternales, los que muchas veces debe realizar sola sin una pareja que la releve.

La puesta en escena recurre a la performance con el cuerpo y la combinación con el lenguaje audiovisual para realizar un recorrido a través de la violencia de género es de un enfoque testimonial: la agresión física por parte de la pareja y padres, experiencias de discriminación sufridas de niña, etc. Esta es sin duda la mejor parte de la obra y la más lograda. Por desgracia, el resto acaba volviéndose una serie de anécdotas pegadas, algo así como esas películas de Los Dinamita Show o el Che Copete que son solo chistes pegados en una trama. Y no es que esté exigiendo una historia con inicio, desarrollo y desenlace, pues entiendo que la estructura busca otra cosa. No obstante, tampoco hay un hilo conductor que articule la mayor parte de las experiencias. 

También se aprovechan los nuevos lenguajes que, producto del streaming como una forma de mantener la vigencia del teatro, dotan a la obra de un sello que difícilmente habría tenido hace un par de años: conversaciones por zoom entre medio, pantallas que muestran el testimonio de mujeres que conversan con las actrices, etc. 

Hay un constante esfuerzo por exhibir opiniones moralmente correctas y aceptadas por todo público, como la forzada idea de que todas las mujeres son secas, la madre, la hermana, etc. Tal planteamiento resulta no muy creíble, pues no veo ningún problema en que una mujer desee enemistarse con otra, incluso reconocer que alguna de sus cercanas es una mala persona o, en el mejor de los casos, que no sea necesariamente “seca”. Pero claro, es mejor recibido por el público lo primero. 

Es verdad que, cuando uno crece en un entorno progresista, desconoce muchas realidades, y es que las opiniones “impopulares” que la obra muestra no son propias de una minoría. Hay todavía mucha gente que de verdad piensa que la mujer debe tener hijos, que no debe amamantar en público, o que no debería abortar ni decidir por ella misma. No obstante, lo que se hace acá es básicamente transitar por aquellas opiniones, refutándolas a partir de experiencias personales. De hecho, la obra va abandonando de a poco todos los elementos teatrales que tenían mucha presencia al principio, para luego ser un compilado de opiniones que, en el mejor de los casos, busca predicar a los conversos, es decir, a las personas que piensan como las protagonistas respecto a lo femenino y la maternidad, incluido su servidor. 

El problema con la exhibición de estos puntos de vista es que acaba cayendo en el lugar común, enunciando opiniones que deberían aceptarse, so pena de ser tildado de retrógrado o machista. Se ensalzan virtudes del todo discutibles, como decir que no se quiere ser madre, en un tono de voz como si se estuviera diciendo algo muy valiente. O que siempre fue anti-muñecas o que nunca le gustó jugar al papá y la mamá. Vale, que estás en todo tu derecho de que algo no te guste,  pero eso no te vuelve luchadora o resiliente. 

Y claro, dentro de ese mismo esquema, también se enuncian opiniones como que una de ellas afirma arrepentirse de haber tenido hijos, que hay veces en que los mataría, que la maternidad es como el hoyo, como un indicador de rebeldía o rupturismo cuando es precisamente lo opuesto a eso: decir lo que se espera escuchar, ventilarlo como si de una virtud se tratase. Por supuesto, uno puede decir lo que desee a través del arte sin por ello ser un manual de conducta moral. El problema es que la obra es justamente eso: busca defender ciertas posturas e indicar qué se puede hacer y qué no, al menos en lo que a la maternidad se refiere.

Finalmente, entre anécdota y anécdota, la mujer acaba reducida a su papel de víctima pasiva de las circunstancias, en lugar de mostrar sus facetas múltiples. En palabras de Daniel Giglioli: “La víctima es el héroe de nuestro tiempo. Ser víctima otorga prestigio, exige escucha, promete y fomenta reconocimiento, activa un potente generador de identidad, de derecho, de autoestima. Inmuniza contra cualquier crítica, garantiza la inocencia más allá de toda duda razonable. ¿Cómo podría la víctima ser culpable, o responsable de algo? La víctima no ha hecho, le han hecho; no actúa, padece. En la víctima se articulan carencia y reivindicación, debilidad y pretensión, deseo de tener y deseo de ser. No somos lo que hacemos, sino lo que hemos padecido, lo que podemos perder, lo que nos han quitado”. No digo con esto que no deberíamos empatizar con la difícil tarea de la maternidad en la que muchas veces se asume de manera solitaria y dolorosa, pero, sumando y restando, una obra sobre el puerperio, cuya finalidad es desnudar el periodo de embarazo, parto y maternidad, hace un flaco favor al transitar entre las veredas de la víctima y el héroe, de una manera similar en que se glorifican ciertas profesiones, como los profesionales de la salud o la educación. 

Finalmente, “Puerperio” funciona bien visibilizando y desmitificando ciertas ideas, pero lo hace desde una postura un tanto cómoda, predicando a los conversos mediante ideas sin mucha innovación, y la mayoría de las opiniones emitidas dan la sensación de que se hace como una forma de señalización de virtud. Cuando haces una obra en la que el discurso es la obra, corres el riego de que esto pase. No es que sea malo mostrar un punto de vista, es algo que ocurre con todos los documentales, y esta es sin duda oba obra dramática documental, pero debes tener mucho cuidado de que el sujeto enunciador no se vuelva más importante que el discurso, que es lo que sucede en “Puerperio”. De todos modos, si estás dispuesto a pasar por alto las toneladas de señalización de virtud, es posible que la obra, de corta duración, te resulte interesante, sobre todo por el valor testimonial que contiene.

Por Felipe Tapia, el crítico con más likes en redes sociales

18 al 25 de junio,

Viernes a domingo, 20 h

*Excepto 20 junio, 19 h

*18 y 25 junio, conversatorio post función

Duración: 45 minutos

Mayores de 14 años

GRATIS

Teatroamil.tv

Taller Siglo XX Yolanda Hurtado

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