En estos tiempos de pandemia y de encierro, todo lo relativo al entretenimiento audiovisual ha jugado un rol balsámico y terapéutico en nuestras vidas. Así lo demuestran tanto la irrupción de nuevas compañías de streaming como fusiones entre algunas de ellas, y como también la fuerte apuesta de Amazon Prime haciendo gala de su contenido exclusivo, al igual que el monarca Netflix en esta categoría.

Fue justamente Amazon Prime la compañía que se atrevió a crear y traer la segunda parte de una de las mejores comedias de la década de los 80, “Un Príncipe en Nueva York 2”, protagonizada por Eddie Murphy como el Príncipe Akeem, y con la participación de la mayoría de los actores y actrices que participaron en el filme original de 1988.

En esta nueva entrega, el Rey Jaffe Joffer, padre del príncipe Akeem, está por fallecer, y Akeem no tuvo un hijo varón que pudiera asumir el trono. Tampoco puede hacerlo ninguna de sus tres hijas, por las reglas de la monarquía de Zamunda. Por otra parte, el General Izzi, protagonizado por un extraordinario Wesley Snipes, es quien gobierna en un reino cercano, y desea casar a su hijo varón con Meeka, la mayor de las hijas de Akeem, lo cual sería un desastre porque el gobierno del General Izzi es un gobierno militar que no está a la altura de tranquilidad de Zamunda. Así, y cuando nadie se lo esperaba, el brujo del reino tuvo una revelación en que el Príncipe sí tiene un hijo varón, quien vive en Estados Unidos, fruto de una relación “casual” durante el tiempo en que ocurrieron los hechos de la película original. Dado que su reinado podría caer en desgracia, decide viajar 32 años después al país americano en busca de su hijo perdido, para llevarlo a Zamunda y convertirlo en rey, todo esto en compañía de su inseparable primo Semmi, protagonizado por el también impecable Arsenio Hall.

La película, dirigida por Craig Brewer, queda totalmente al debe. Y no solo por un tema de expectativas no cumplidas, sino porque la película no es divertida, no plantea una idea original, y está llena de clichés largamente vistos en cine y televisión. Los estereotipos de los personajes también son tremendamente conocidos, lo que en su conjunto no le hacen justicia a la original.

Los puntos a favor son el intento de instaurar la nostalgia de su predecesora, y para ello se celebra el contar con el elenco prácticamente completo de la original, si hasta Maurice, el joven que atiende McDowell’s, aparece en la cinta. Incluso a la novia original de Akeem, la que deja con el “embrujo de perro”, tiene una corta aparición. Y así muchos más, que evocan a la memoria emotiva, y se miran con cariño y se disfrutan, todo por ese dulce sabor que dejó la original.

Otro punto a favor son los efectos especiales utilizados en filmar secuencias que supuestamente ocurrieron en 1988, por lo que digitalmente rejuvenecieron los personajes tanto del Príncipe como de Semmi, con el objetivo de respaldar la historia de que Akeem efectivamente tuvo un hijo en Nueva York. Además, una vez más, Murphy hace tres papeles más, trayendo a los simpáticos barberos de la peluquería, todos papeles que él mismo actúa (sí, el anciano blanco también).

Sin embargo, con la nostalgia no basta. El largometraje adolece de sustento, de mantener al espectador atento. Tanto los personajes como las situaciones son demasiado vistas en otras producciones cinematográficas, por lo que es muy fácil adelantarse e intuir los desenlaces. El conflicto, las pruebas, la decepción, el amor, y el triunfo, es una escala archi vista a lo largo de los años. Lo único que va cambiando es la escenografía y el color de los personajes. La predecesora jugó con la sorpresa, la originalidad y toneladas de humor, la secuela tuvo que apoyarse en ese recuerdo y tratar de entregar algo novedoso, pero sin éxito.

En suma, “Coming 2 America”, como es su título original, si bien tiene una buena banda sonora, chispazos de humor, y apela a la mencionada nostalgia, el largometraje de 110 minutos de duración no logra encantar, no cumple con las expectativas y utiliza muchos recursos y experiencias ampliamente vistas a través de los años en cine y televisión.

Es otra película que respalda el dicho “las segundas partes nunca fueron buenas”. Pero es solo un dicho.

Escrito por: ©Daniel Bernal

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