El lado irresponsable de la vida

En Estados Unidos cumplir 21 años significa alcanzar la edad autorizada para beber legalmente. Para un adolescente promedio, el evento marca un antes y un después en sus vidas generando una especie de rito inicial hacia la adultez. Al menos así lo ven Miller (Miles Teller) y Casey (Skylar Astin), los mejores amigos de Jeff Chang (Justin Chon), un estudiante de medicina que está en la víspera de su cumpleaños número 21, a quien visitan para llevárselo de juerga. El problema es que al día siguiente Jeff Chang tiene una importante entrevista de trabajo gestionada por su represivo padre (François Chau). Sin embargo, lo que empieza como una inocente cerveza en un bar, desencadena una alocada aventura de desencuentros y persecuciones.

Jon Lucas y Scott Moore, los guionistas de “Qué pasó ayer” (2009), dirigen esta película al estilo de su directa competidora “Proyecto X” (2012) la cual a su vez estuvo producida por Todd Phillips, el director de la taquillera franquicia.

La mano de Lucas y Moore se nota al minuto uno al presentar a sus personajes protagónicos de la forma más vulnerable posible, para luego desarrollar parte del filme como un gran flashback hasta el momento de la caída, antes del tercer acto. Además, la intriga no afecta a los protagonistas, salvo a uno. El débil de este trío, que en éste caso es Jeff Chung, quien al igual que Doug en “Qué pasó ayer”, es rebajado a la categoría de Mac Guffin.

Sin embargo, quisieron diferenciarse de sus antecesoras al darle a sus protagonistas algo más que una noche de juerga, añadiéndole una historia de fondo potencial, disfrazada en la subtrama de la opresiva relación entre Jeff Chung y su padre, y cómo la ayuda de sus amigos le servirá para enfrenarlo y tomar las riendas de su futuro. Sin embargo, este valor resultó subdesarrollado, a tal extremo, que la predictibilidad de los chascarros fiesteros le robaron el metraje al sustrato trascendente. Es decir, se predispuso una apología de la irresponsabilidad con personajes secundarios vacíos, moralmente ambiguos y a veces absurdos, en oposición al punto de vista moral de la historia.

Aún así, el resultado tiende a enrielarse en algún punto y, en conclusión, puede arrojar entretención para el público poco exigente, gracias a actuaciones rescatables y algunos personajes graciosos, pese a su escasa profundidad.

Las comedias adolescentes sobre fiestas son un ya clásico subgénero cinematográfico. Suelen utilizar la fiesta como excusa para tocar temas más complejos como la sexualidad, la lucha de clases y problemas familiares, muchas veces, específicamente con los padres. Incluso en Chile, los jóvenes directores Juan Olivares y Esteban Rojas se atrevieron con “La casa por la ventana” (2010) a tocar temáticas muy similares, en donde un joven oprimido debía hacerle frente a su propia familia para luchar por sus intereses. En ese caso era la música. En el caso de “21 años” el derecho a fiestear mientras se pueda. Puede que no sea un ideal loable, pero al menos es uno del que un personaje de ficción puede amarrarse y defender.

“21 años: la gran fiesta”, puede ser una burda película adolescente gringa, pero contiene un nivel de ingenuidad, elementos sentimentales y de entretención que la salvan del completo olvido.

©Hugo Díaz

 

Dirección y guión: Jon Lucas, Scott Moore

Elenco: Miles Teller, Justin Chon, Skylar Astin, Jonathan Keltz, Sarah Wright, François Chau

EE.UU., 2013, 93 minutos, mayores de 14 años

Distribuye ©Bf Distribution