La película comienza con una foto de Salvador Allende. Sobre ellas voces que piden una pausa, que dicen que no quieren seguir hablando, que con eso es suficiente “¿para qué necesitas más?” En pocos segundos Marcia Tambutti, logra presentar el conflicto que guiará el desarrollo de todo su documental: el silencio de sus parientes ante su necesidad de escarbar en el pasado y reconstruir la historia íntima de la familia.

“Allende, mi abuelo Allende” sorprende de entrada.  El ex presidente socialista es un emblema de la izquierda chilena y su familia durante años ha reivindicado su figura e instalado un discurso público acerca de su legado. Sin embargo en la intimidad del hogar, hablar de él duele. Y a lo largo de los años parece haberse convertido en un tema incómodo. Sobre ese terreno trabaja  la realizadora.

Las razones del silencio son evidentes, el golpe de Estado disgregó a la familia, se llevó no solo al padre y esposo, también  provocó que pocos años más tarde su hija más cercana, Tati, siguiera sus pasos y se suicidara en Cuba.

El quiebre que significó el golpe no solo se plasma a nivel de discurso, la sola presencia de los familiares lo demuestra. Marcia tiene un marcado acento mexicano, país donde creció luego que su madre Isabel (actual presidenta del Senado) se exiliara. Por otro lado su primo, Alejandro Fernández, habla prácticamente como un cubano, muy distinto al tono de Maya, su hermana, quien regresó antes a Chile y asimiló mejor nuestra habla.

Uno de los personajes que  organiza el relato es Tencha, la matriarca y viuda de Salvador, quien a sus noventa y tantos años aún sigue lucida. Sin embargo, todo el mundo parece querer protegerla de sus recuerdos. Notoria es una escena en que la realizadora entrevista cariñosamente a la abuela y una de sus tías la interrumpe pidiéndole que no abuse de ella y la deje descansar. Recordar puede ser un trabajo duro.

Tambutti estructura su narración a partir de la construcción de un álbum familiar con archivos dispersos que logra reunir. El dispositivo resulta simbólico, ya que de todas las cosas materiales que la familia perdió cuando los militares saquearon su casa en Tomás Moro, lo que más resiente su abuela son los álbumes de fotos que confeccionó durante años.  Sin duda se trata de una bella metáfora sobre el quehacer  documental. Tal como dice Patricio Guzmán, los documentales son los álbumes de fotos de los países.

Con estos elementos Marcia Tambutti  intenta desarrollar un retrato íntimo de su abuelo, pese a las notorias resistencias  de sus familiares.  Aun así logra indagar en aspectos poco explorados de la vida de Allende. Por ejemplo, la realizadora trata directamente las infidelidades del abuelo, y aborda la relación paralela que tuvo con su secretaria personal, Payita, durante largos años. También logra esbozar que pese a ser un liberal para la época, el machismo no le era ajeno y su caballerosidad con las mujeres disfrazaba  su idea sobre el rol secundario que debían tener ellas a nivel público.

No obstante, los retratos más certeros que logra esta película  son precisamente  de las mujeres alrededor de Allende y cómo su presencia las marcó. La vida de Tencha y su estoicismo durante las múltiples campañas que emprendió su esposo, todas terminadas en fracasos, antes de ser presidente. La soledad de Tati (Beatriz Allende)  la hija que lo acompañó en todo el proceso político, que llegó a ser su secretaria personal y que luego del golpe fue recibida en Cuba como una figura pública. Nadie notó la depresión que la embargaba, porque como dice uno de los entrevistados, los revolucionarios no se deprimen. Cuatro años después se suicidó dejando a sus hijos, Maya y Alejandro, con otro doloroso misterio.

Finalmente Isabel, madre de la realizadora y heredera política de su padre, quien aparece cercana y natural, debatiéndose entre los cuestionamientos de su hija, que la interpela por las múltiples lagunas en la historia familiar, y lo que ella puede revelar o lo que prefiere simplemente guardar para sí.

“Allende, mi abuelo Allende” es un trabajo delicado que escarba en los recuerdos y silencios de una familia. Que aborda los momentos íntimos, pequeños, los no consignados en la historia oficial. Este documental remueve  el pasado no con la perspectiva de la culpa si no desde la curiosidad, desde la necesidad de las nuevas generaciones de  entender lo que sucedió para asumir el devenir de su propia historia personal.

© Aldo Vidal

En Twitter: @aldusvidal