Mia (Annabelle Wallis) y John (Ward Horton) esperan su primer hijo. Él está recién titulado de medicina, tienen una linda casa y se aman. En definitiva, son un matrimonio feliz. Una noche entra a la casa un par de psicópatas que intentan asesinarlos para efectuar un ritual satánico. En el ataque Mia queda gravemente herida y, además del rastro de sangre, los miembros de la secta dejan una herencia maldita: una muñeca que Mia acababa de recibir de regalo, ahora se convertirá en un ente del mal.

La historia de “Annabelle” es bastante sencilla, mucho más que la de “El conjuro” (2013) de la cual “Annabelle” es un spin off. Además tiene menos personajes, menos locaciones y es protagonizada por actores prácticamente desconocidos. Es una producción mucho más pequeña en todo sentido. En términos cinematográficos esto no es ni bueno ni malo (hay excelentes películas hechas con poco dinero), pero llama la atención que la continuación de una película tan exitosa como “El Conjuro” no haya seguido el camino de la mayoría de las secuelas (o precuela, en este caso) donde la apuesta económica suele ser más ambiciosa.

La película se centra en la lucha que tendrá Mia por defender a su hija de una maldición que, como suele ocurrir en estos casos, no comprende y con un marido que debido a su trabajo está bastante ausente. En la casa pasan cosas extrañas, se oyen ruidos, y poco a poco Mia comienza a ver cosas terribles. Esto derivará en que finalmente comience a indagar sobre lo que sucede, hasta que descubra que el origen del mal está en su querida muñeca.

Uno de los principales escollos que debe superar esta película es la gran expectativa que hay sobre ella, ya que está inevitablemente asociada a “El conjuro”, una de las mejores cintas de horror de los últimos años y un tremendo éxito de taquilla en todo el mundo. Esto hace que el espectador vaya al cine con el anhelo de ver algo de calidad similar o incluso superior, lo que lamentablemente no ocurre. Pero partamos por lo bueno, porque “Annabelle” es efectiva como película de horror en varios aspectos. Hay varias escenas donde el público se lleva un buen susto. También hay un extraordinario manejo del director John R. Leonetti en cuanto a la composición fotográfica y los movimientos de cámara. Aquí por ejemplo, se utiliza muy bien el recurso de causar tensión por medio del encuadre, dejando un espacio en la pantalla para que el público piense que viene algo, lo que a veces ocurre y a veces no. Tal y como debe ser en una película del género.

Sin embargo, esta habilidad mostrada por el director con la cámara se ve menguada por un guión que parte muy bien pero que hacia el final decae, no estrepitosamente, pero que no está a la altura de la promesa. El problema pasa porque el guión es demasiado estructurado, es decir, la trama es lógica y coherente de principio a fin, pero en el cine no siempre la respuesta lógica es la mejor. Los seres humanos vamos al cine (y especialmente al de terror) esperando emociones fuertes y la emoción se diluye en “Annabelle” por lograr un guión técnicamente “formulado”.

Lo anterior no significa en todo caso que esta sea una mala película. De hecho es un filme que está sobre el promedio comparada con la mayoría de las cintas de terror que están llegando a la cartelera en estos últimos años. Sin embargo, es posible que el público que vaya esperando una gran cinta de terror se quede con gusto a poco.

© Juan Carlos Berner

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