Resulta grato ir a ver una película sin muchas expectativas y encontrarse con una sorpresa. Eso me pasó al Ver “Ant Man”. La mayoría de los oráculos y augures aseguran que este boom de las películas de superhéroes tiene fecha de caducidad, y al parecer tienen razón. Cuando vamos como por la décima película anunciada de “X-Men”, se está pensando en una tercera saga de “Spiderman” desde cero, y los nuevos “Cuatro Fantásticos”  tienen una Antorcha Humana negra, uno no puede evitar pensar que ya es hora de un párele. A pesar de eso, soy un fan de los comics clásicos de la era de plata incluso cuando ya estaban obsoletos en mi infancia, y opino que el patito feo de los miembros fundadores de los Avengers merecía su oportunidad, aunque no esperaba mucho. Aunque esta vez Hank Pym hace las veces de mentor, y el encargado de personificar al microscópico superhéroe es Scott Lang.

A principio de los 60 Stan Lee y Jack Kirby juntaron a varios héroes para formar a Los vengadores: Hulk, Ant Man y su peoresná Wasp, Thor, y Iron Man. Luego se les sumaría Capitán América. Todos estos personajes, a excepción del matrimonio más pequeño de Marvel, tenían película propia y participación en “Los Vengadores”, pero faltaba este personaje que tampoco gozó de la popularidad de sus colegas en el comic y la televisión. En el comic, Hank Pym es un científico que puede reducir su tamaño, que luego de atravesar por algunas crisis de identidad  y llamarse Yellow Jacket o Giant Man (Con este último personaje se intentaba compensar a un héroe que no podía ofrecer mucho en batalla, a pesar de ser muy útil para enhebrar aguijas), fue sustituido temporalmente por un criminal llamado Scott Lang. A modo de no repetir tanto el recurrente recurso del científico, ya visto en Hulk o Iron Man, se optó por un antihéroe más acorde a estos tiempos ambiguamente morales que corren. Y Yellow Jacket pasó a ser un personaje antagónico, en lugar de otro alter ego de Pym.

Como regalo de vacaciones de invierno para mis lectores, he decidido omitir todos los chistes relacionados a tamaño que pensaba hacer, y ahorrarles todas las carcajadas que habrían acabado por desencajar sus imberbes mandíbulas. Así que sin más preámbulos, ahí vamos.

Aunque no está del todo bien, la película tampoco está del todo mal. Una historia bastante sencilla, sin muchos quebraderos de cabeza y que recuerda a miles de historias del género: Un excriminal se ve envuelto en situaciones que escapan a su control y sin escoger su destino se ve forzado a ponerse un traje que reduce su tamaño y recuperar tecnología de una inmoral empresa, para que no caiga en malas manos. La historia no sorprende ni por asomo y es una clase de las 17 etapas del monomito de Joseph Campbell, fórmula ejecutada de forma matemática. Sin embargo, considero que para adaptar una historia de un tipo que combate el crimen reduciendo su tamaño y montando hormigas, hicieron un espléndido trabajo.

Uno de los principales desafíos de las películas actuales consiste en trasladar a los códigos modernos historias más ingenuas e infantiles de la nostálgica década de los 60. Muchos han fracasado: “Los Cuatro Fantásticos”, “Linterna Verde”, son ejemplos de que no es llegar y adaptar un comic  famoso. Pero con “Ant Man” me atrevería a decir que lo lograron.

Pese a que el personaje no salva al mundo en esta ocasión sino que resuelve un problema a escala más pequeña (¿Entendieron? Pequeña, porque es una película de un hombre que se hace chico. Ok, lo prometí, lo sé.), la historia despierta interés a  pesar de que uno sabe más o menos cómo va a acabar. La dosis de humor gringo también es bastante decente y justa, y es capaz de sacar un par de risas, incluso a gente amargada e imposible de querer como yo. Los secundarios graciosos también son bastante simpáticos, y eso que me considero un “secundario-gracioso-hater” de tomo y lomo,  así que no es un logro menor.

Las escenas de acción nos demuestran que una pelea puede ser emocionante dentro de un balde de juguete o una tina, y que no es necesaria una base militar o un planeta distante para que los superhéroes y villanos entren en acción. De hecho, hay algunas escenas memorables, como una dentro de una maleta que cae con varias cosas dentro, y un enfrentamiento en un tren de juguete, soberbiamente dirigida, superponiendo tomas en el mundo reducido en el que todo parece estruendoso y peligroso, y el mundo real en el que nada parece serlo (Si no me entendieron, cuando la vean me entenderán).

¿Los puntos flacos de la película? Probablemente el exceso de clichés, pero para tratarse de este género, no hay de qué sorprenderse. El villano es el típico ambicioso que roba los planos de la súper fórmula secreta para fines malvados (Nunca se especifica qué fines, pero sabemos que van a hacer cosas muy malas con ella, como asaltar bancos, dominar el mundo, gritar piropos patriarcales  en la calle y seleccionar el pan con las manos y no con las tenazas en el supermercado), y que suelta joyitas de frases como “Destruiré todo lo que amas”. Su traje de Yellow Jacket es una versión más agresiva y malula que el que usa el bueno de la película, y el conflicto entre ambos recuerda bastante a la primera “Iron Man”. El personaje de Evangeline Lily, hija de los Ant Man y Wasp originales, es la típica odiosilla que en un principio desprecia al protagonista fantoche, pero acaba por tomarle aprecio y enrollarse con él. De hecho, pareciera que ese es su única función en la película. La sociedad puede estar satisfecha: hemos evolucionado de la damisela en apuros a la mujer trofeo. Bien por ellas. Los otros personajes son también arquetipos más que reconocibles, como el trío gracioso, el mentor sabio, y la insufrible y pelotuda pareja de tu ex ¡Odio a esos estúpidos!

En síntesis, “Ant Man” es otra película del género, disfrutable, entretenida y graciosa, con una historia reciclada de otras historias similares. La propuesta eso sí es novedosa y si te gustó “Querida encogí a los Niños” encontrarás acá una versión más superheroica y con más acción. Cuando vaya a verla sin otro propósito que el entretenimiento de su niño interior, y a ratos le parezca una fórmula sobreexplotada e ingenua, recuérdese a sí mismo: ¡Es una película de un tipo que reduce su tamaño y tiene ayudantes hormigas! ¿Qué esperabas?

 © Por Felipe Tapia, un crítico que está dispuesto a bajar a tu nivel