ArgoCuando de verdad la vida imita al arte.

Teherán, noviembre de 1979, una horda de militantes revolucionarios del nuevo régimen del ayatolá Jomeini atacan la embajada de Estados Unidos en represalia por la ayuda que América le dio al depuesto dictador Pahlavi. En medio del caos, más de cincuenta funcionarios son capturados y tomados como rehenes. Sin embargo, seis consiguen escapar y encontrar refugio en la casa del embajador canadiense Kenneth Taylor (Victor Garber). Aprovechando que Irán desconoce incluso la existencia de los funcionarios, el gobierno norteamericano ordena una misión de rescate para los seis, aunque no existen opciones viables para lograr el objetivo de recuperarlos con vida. En un acto fortuito, el agente de la CIA Toni Mendez (Ben Affleck) concibe la idea de recrear la producción de una cinta de ciencia ficción que requiera buscar locaciones en Irán, con el objetivo de sacar a los funcionarios haciéndolos pasar por miembros de un equipo técnico de Hollywood. Para que la idea funcione, Mendez se asocia con el especialista en efectos especiales John Chambers (John Goodman) y el productor Lester Siegel (Alan Arkin). Juntos inician la producción de “Argo”, una película de ciencia ficción que nunca verá la luz y que esperan sirva de tapadera para la misión que puede salvar o condenar la vida de los seis de la embajada.

La historia, basada en un hecho real, es un guión adaptado por Chris Terrio del libro “The Master of Disguise” de Tony Mendez, así como del artículo de la revista Wired “Escape From Tehran” de Joshuah Bearman, que narran la participación de la CIA en la llamada operación Canadian Caper para liberar a los seis diplomáticos atrapados en la embajada canadiense. Dicha participación fue secreto de estado hasta 1997, año en que el presidente Bill Clinton lo desclasificó.

La operación de inteligencia había sido previamente dramatizada en una película para la televisión canadiense contemporánea a los acontecimientos llamada Escape From Iran: The Canadian Caper (1981), pero sin aludir a la secreta participación de la agencia estadounidense.

Dejando a un lado los hechos, “Argo” es una dramatización ingeniosa, certera y electrizante que funciona como thriller político, con buen uso del suspenso y también con dosis de humor ácido que contribuyen a la verosimilitud. Es la tercera película dirigida por Ben Affleck después de Desapareció una noche (2007) y Atracción explosiva (2010) y la que lo consolida como uno de los mejores directores de Hollywood.

Las actuaciones son de primera con personajes bien construidos. La banda sonora acompaña el suspenso. El diseño de producción cumple con la atmósfera setentera y de caos político. De hecho, el filme destaca por su atención a los detalles, lo que refleja un trabajo arduo y respetuoso hacia el espectador. Por ejemplo, un deteriorado letrero de Hollywood, los ejecutados políticos en las calles de Teherán, las características físicas de los diplomáticos, etc., son imágenes que sutilmente componen el tejido de la película, recreando a su vez imágenes fotográficas verídicas que sólo son reveladas durante los créditos finales, para la comparación y placer del espectador que a esas alturas se encuentra con cara de asombro y satisfacción.

Pero sin duda, el recurso más potente es el del suspenso. El que se inicia con la tensión de picar los papeles de la embajada incluyendo las fotografías de los diplomáticos y, desde ahí, su utilización a lo largo de toda la cinta, como un eje suspensivo que recuerda el peligro latente, pues el mar de tirillas de papel se vuelve un rompecabezas que niños de cerebro lavado arman pacientemente bajo la instrucción de adultos revolucionarios. ¿Cuánto tardarán los mosaicos en formar un rostro? ¿cuánto tardarán los iraníes en descubrir el paradero de los fugitivos?

De las todas las cintas “políticas” competidoras por el Oscar de este año, “Argo” fue la más correcta, pues describió un hecho histórico encubierto sin caer en el chauvinismo cuestionable, como en “La noche más oscura”, o en la moralina majadera de “Lincoln”. Affleck tuvo la astucia de describir claramente que los únicos culpables de la situación política vivida en Irán fueron los mismos estadounidenses, y que la audacia de la operación de rescate no hubiera sido posible sin una cooperación internacional liderada por países aliados.

Sin duda un clásico instantáneo que tiene la particularidad de ser fiel al estilo Hollywoodense de hacer cine: mediante fórmulas. Esa figura suele utilizarse de modo peyorativo cuando los resultados son malos basados en el cliché. Se dice que la fórmula es un copy/paste o una deformación de algo original, y cuando esta fórmula se altera en busca de la originalidad, pero el resultado es nefasto, se alega que “no se apegó a la fórmula”. Pues bien, en este caso —como un sin-número de críticos coincide— la fórmula se utilizó en proporción correcta, haciendo que la película funcionara. Cortes rápidos para generar tensión, montaje paralelo para generar contrapunto, sub tramas explicativas para que nada quede en el tintero, diálogos sub-textuales, en fin. Un engranaje perfecto que solidifican el contenido y más encima le agregan ese elemento de entretención. Para los detractores de Argo, el principal argumento puede ser ése: es sólo una película entretenida bien hecha. Sin embargo, estamos ante un caso excepcional donde la fórmula genera una pieza de calidad, trascendental, de una temática universal y además histórica. Puede que la realidad haya sido algo más aburrida, pero el hecho ocurrió. La vida imitó al arte. “Argo” en verdad fue un terrible manuscrito que alguien escribió pensando que podría destronar de la taquilla a  “Star Wars”.

Tres premios de la Academia de cine estadounidense promueven su reestreno en salas chilenas. Una segunda vista que llega con justicia para reparar la indiferencia o falta de visión que provocó su estreno original.

Dirección: Ben Affleck

Guión: Chris Terrio

Elenco: Ben Affleck, Bryan Cranston, Alan Arkin, John Goodman, Clea DuVall, Kerry Bishé, Tate Donovan, Victor Garber

EEUU, 2012, 120 minutos, mayores de 14

(c)Por Hugo Díaz