Scarlett es una joven, estudiosa y obsesiva arqueóloga que está en busca de uno de los más grandes tesoros de la historia. Una joya que probablemente ni siquiera existe y cuya búsqueda cobró la vida de su padre. La joya en cuestión es la mítica piedra filosofal, la cual es capaz de convertir cualquier metal en oro y dar a su dueño la inmortalidad.

Después de años de trabajo, Scarlett encuentra una pista definitiva que podría significar el fin de su travesía. Al parecer en las catacumbas de París, donde están enterrados millones de cadáveres, podría encontrarse la piedra. Así es como para realizar su proyecto le pide ayuda a un viejo amigo, a un grupo de jóvenes franceses que conocen bien las catacumbas y a un documentalista llamado Benji, quien registrará todo lo que suceda durante la expedición.

“Así en la tierra como en el infierno” (“As Above, So Below”) se suma a la ahora larga lista de películas que utilizan la técnica de la cámara “encontrada”, es decir, que simulan la idea de un registro de algo real, aunque el público sabe que es una ficción. Una de las primeras que consiguió el éxito de esta forma fue “The Blair Witch Project” (1999)  a la que le sucedieron algunas bastante interesantes como la española “Rec” (2007) o la película de ciencia ficción “Chronicle” (2012). Sin embargo, el uso de esta técnica cinematográfica está mayoritariamente asociada a películas más bien mediocres.

El caso de la película que analizamos ahora está más cerca de la mediocridad que de la genialidad, algo que es lamentable porque es un filme con una premisa muy interesante, que tenía todos los elementos para ser una excelente cinta de terror, pero que se cae en detalles elementales y por lo mismo, inexcusables.

Para hacer un análisis correcto, es necesario entonces decir que “Así en la tierra como en el infierno” tiene tantos puntos altos como bajos, los cuales veremos por separado. Respecto a lo bueno, todo lo que tiene que ver con la ambientación de la cinta es simplemente magnífico. La bajada hacia el interior de aquellos túneles es extraordinariamente realista, los espacios son angostos, la iluminación está muy bien lograda. El director consigue una atmósfera abrumadoramente claustrofóbica, lo que es apoyado por un muy buen uso de la cámara y de esta técnica que imita al documental. En otras cintas, por ejemplo, hay veces en que se terminan usando tiros de cámara que no corresponden al relato como fue planteado. Aquí en cambio la cámara está siempre en la posición precisa, manteniendo la ilusión de ser un registro in situ. Algo que no es de extrañar pues el director de este filme, John Erick Dowdle ya tiene experiencia en este tipo de formato, pues hizo el remake estadounidense de “Rec” (“Quarantine” de 2008).

El ritmo de la cinta también es bastante vertiginoso; nunca dejan de pasar cosas, a pesar de que el estar dentro de túneles podría suponer cierta monotonía, cosa que nunca ocurre.

La cinta se equivoca sin embargo en varios aspectos que empañan lo anterior. El más grave de estos tiene que ver con la verosimilitud de los hechos, algo especialmente esencial en una cinta que se presenta como si fuesen hecho reales. Al principio, por ejemplo, podemos conocer parte del currículum académico de Scarlett, el cual es exageradamente bueno. Es decir, el público suele admirar a personajes sabelotodos, pero la cantidad de títulos y capacidades suele tener un límite que Scarlett supera con creces. Debido a esta misma “genialidad”, es que la chica es capaz de resolver intrincados acertijos al inicio de la cinta, que la llevarán a adentrarse en las catacumbas de Paris en base a explicaciones demasiado simplistas.

Más avanzado el metraje, estos elementos que al inicio se pueden aceptar (con algo de buena voluntad de parte del espectador) se convierten en secuencias que rayan en lo absurdo y termina ocurriendo que una escena, que pretendía infundir miedo, finalmente provoca risas debido a lo inverosímil de la situación. Y todos sabemos que si una película que pretende ser de terror tiene escenas jocosas es porque algo no está funcionando bien.

Finalmente, la película logra generar ambientes de tensión en varios momentos y, definitivamente, no es una cinta apta para personas claustrofóbicas. Sin embargo, la gran cantidad de detalles en las que se cae hacen que solo quede como una cinta de terror más del montón, y lo que era una muy buena idea se pierde por las mencionadas falencias en el guión.

© Juan Carlos Berner

En Twitter: @jcbernerl