Creo que ya lo dije una vez en esta página. Pero bueno, ya estoy viejo, y me repito. Además, por si se lo perdió, ahí va de nuevo: La industria de la animación tuvo una refrescante renovación a principios del milenio, cuando estábamos saturados de adaptaciones de cuentos tradicionales y musicales sosos. Sin embargo, esta renovación se sobreinfló y agotó en menos de una década, y la animación actual apuesta más por lo estético y tecnológico que por el contenido.

Lo que hizo grandes a cintas como “Shrek”, “La era del Hielo”, “Buscando a Nemo”, “Monster Inc” o “Toy Story” fue, efectivamente, la innovación estética al mostrarnos una animación más tridimensional. La razón de que esta fórmula ya no sirva es, primero, porque esta estética ya dejó de ser novedad; y segundo, porque estas películas eran buenas no solo en la forma sino también en el contenido.

Las películas animadas de antes eran para niños. Las nuevas animaciones estaban hechas para todo público, tenían un humor inteligente y de doble sentido, apuntaban a una audiencia variada y no segregada, y se nutrían de la cultura popular. Pero luego cayeron en el mismo vicio de “hagamos cualquier mugre, total, es para niños”. Y claro, mientras existan padres que lleven a sus niños al cine esta industria tiene a su clientela asegurada, así que ¿Para qué esforzarse?

También he dicho que urge una nueva renovación en este género, y actualmente ya está ocurriendo. Lo malo es que se trata de una renovación meramente tecnológica, y la apuesta para las nuevas animaciones puede resumirse en un solo concepto: 3D. Sí, los famosos lentecillos supuestamente justifican el doble de la entrada.

“Buscando a Nemo” es un ejemplo de esto que está pasando, y aunque se agradece el ver a las animaciones Disney Pixar en su época dorada (época que uno pensaría que pudo haber durado más, pero bueno…), se nota que fue un trabajo apresurado, en el cual la incorporación del 3D es casi imperceptible y no aporta nada a la historia. Y es muy notoria la diferencia entre una película realizada originalmente en el formato 3D (como “Tintin”, por ejemplo) y una que en un principio no lo era. Es como si George Lucas hubiese contagiado a todos los cineastas con el mal de la explotación de la franquicia.

La historia es la misma, un pez padre es sumamente sobreprotector con su hijito Nemo, debido a trágicos sucesos del pasado, pero aun así no puede evitar que este sea capturado por humanos y llevado a un acuario, por lo que el padre deberá superar su temor post traumático al océano y rescatar a su amado hijo, lidiando con todo tipo de peligros y recibiendo ayuda de inesperados personajes.

Si uno va a ver esta película ya conociendo la historia (como será en muchos casos), espera que el 3D valga la pena, pero no es así. La verdad, los efectos son apenas perceptibles, y la sensación de profundidad y volumen que pudo darnos una historia ambientada en el fondo del mar, nos la quedaron debiendo.

Está bien, para nadie es un secreto que se están quedando sin ideas, y es comprensible, a todos nos pasa. Es difícil seguir siendo creativo después de tantos años, y nadie los culpa. Por este motivo, bien podrían ofrecernos versiones remasterizadas o mejoradas al mismo precio que cualquier cinta en el cine. Porque de verdad no basta con el epíteto de 3D para justificar esto. Necesitamos un cambio más profundo, no solo tecnológico. Despidan a todos los nerds que tienen encerrados poniéndole a la mala efectos 3D a sus películas antiguas, y usen el dinero que les daban para contratar a guionistas. Es más barato, necesita solo el programa Word en el computador, y le infundirán nueva vida a la industria, al menos unos diez años más hasta que se vuelvan a estancar. O ya, bueno, no despidan a los nerds, pero usen el dinero que nos están sacando por estas versiones 3D para contratar guionistas. Si lo hacen, prometo ir a ver sus películas, aunque las haya visto hace tiempo y el 3D se note apenas.

©Por Felipe Tapia, un crítico en elegante pero obsoleto 2D.