En el mundo especializado en cine, se suele llamar autor a un cineasta que tiene un marcado estilo, una forma de hacer películas que se puede apreciar claramente a lo largo de su obra. Algo similar a lo que hace un pintor cuya mano es reconocible por sus trazos, colores que se repiten, etc.  Y Neill Blomkamp, el director de “Chappie”, se puede considerar un autor. Su cine tiene varios elementos que son ya una marca registrada, lo cual generalmente suele ser una virtud. Sin embargo a veces algunos realizadores empiezan a copiarse a sí mismos, haciéndose aburridos y predecibles. Tener estilo no es sinónimo de ser poco original, y esto es lo que de alguna forma ocurre con “Chappie”. Pero antes veamos de qué se trata.

Deon Wilson (Dev Patel) es un talentoso ingeniero que ha inventado un sistema de robots y ha remplazado con él a toda la policía de Johannesburgo. A pesar de su éxito, está obsesionado con una idea: crear un organismo totalmente autónomo, un robot cuya inteligencia artificial sea equivalente a la de un humano. Su jefa (Sigourney Weaver) sin embargo, no está interesada en apoyarlo, pues no ve la rentabilidad en esa tecnología, por lo cual Deon decide robarse un robot e implantarle el nuevo sistema. Así, el robot deberá aprender desde cero, igual que un niño, cada uno de los aspectos de la vida. El problema comienza cuando una pandilla decide secuestrar a Deon con el fin de que este desconecte a la policía robótica, pero se terminan encontrando con este robot “recién nacido”, al que nombran Chappie. A todo el embrollo se sumará en una historia paralela, Vincent Moore (Hugh Jackman), otro ingeniero de la empresa que envidia el éxito de Deon, y hará lo que sea por pasar sobre él y que sus inventos sean los nuevos policías de Sudáfrica.

Este largometraje de acción está lleno de discursos sobre varios temas sociales. El más explícito tiene que ver en como el entorno nos moldea y forma como personas. Chappie estaba destinado a desarrollarse con su inventor, en un ambiente grato, sin embargo el destino lo lleva a ser “criado” por un trío de delincuentes a los cuales solo les interesa ganar dinero, mientras viven en los restos abandonados de un edificio. Para el ingenuo robot se naturalizará la violencia, a pesar de que en el fondo sabe que lo que hace está mal. Lo que plantea Blomkamp, es la historia de muchos niños que nacen en ambientes delincuenciales y cómo de esta forma, están obligados a vivir una espiral de crimen y jamás saldrán de ella. Es el medio el que condiciona nuestro ser. Ahora, ¿qué pasará con la inteligencia artificial en este sentido? ¿También se desarrollará según su medioambiente? Esta es una de las primeras interrogantes que nos plantea el filme.

Por otra parte, el tema de la violencia y la pobreza en las calles de Sudáfrica había sido muy bien retratado anteriormente en “Sector 9”, la excelente ópera prima con la cual el realizador sorprendió al mundo en 2009. En “Chappie”, el cineasta retoma sus pasos y, desde otra óptica, desarrolla una historia en un ambiente similar. El problema es que se repiten, no solo el protagonista (Sharlto Copley), sino muchos de los escenarios y la historia en sí misma, que es bastante similar en varios aspectos. Además hay varias citas a otras películas, algunas más evidentes como “Robocop” y otras más sutiles, pero al final hay tantos elementos ya vistos, que el espectador avezado quedará con la sensación de que es una película interesante (que de hecho lo es) pero que ya se ha visto antes.

Más allá de eso, y un final bastante inverosímil (el otro punto bajo de este proyecto), hay que reconocer que la película tiene varios puntos altos. Hasta la mitad del metraje por ejemplo, la cinta evoluciona magníficamente. Las historias paralelas de cada uno de los personajes están muy bien equilibradas. El espectador logra conocer bien a cada uno de los personajes, sus motivaciones y objetivos. La música de Hans Zimmer, en una clave distinta a la que nos tiene acostumbrados, reafirma por qué es uno de los mejores autores de música para películas. Las actuaciones también son excelentes, donde destaca Hugh Jackman en un rol muy distinto al que nos tiene acostumbrados, y la incorporación de los músicos Yo-landi y Ninja, quienes interpretan a los pandilleros que adoptan a Chappie. Ellos no solo serán quienes más evolucionan como personajes, sino que a la larga, serán quienes aportan la emoción a la cinta.

También es impresionante, a pesar de que ya estemos un poco acostumbrados, el tremendo nivel de los efectos digitales. Es imposible apreciar si los robots y otros elementos fantásticos son hechos en computadora (CGI) o son animatrónicos y por tanto reales.

“Chappie” es en definitiva una película notable en muchos aspectos, pero que se cae en repetir muchos conceptos ya vistos (al menos para un veedor de ciencia ficción) y que hacia el final pierde un poco el rumbo.

© Juan Carlos Berner

En Twitter: @jcbernerl