Pocas veces un cortometraje alcanza un éxito tan masivo como para llegar a interesar a los productores de Hollywood y convertir el corto en largometraje. Sin embargo “Lights out” fue un fenómeno de visitas y buenos comentarios en Youtube, plataforma en la cual tuvo decenas de millones de reproducciones.

El corto era bastante efectivo, pues lograba hacer lo que se supone hacen las cintas de terror: provocar miedo. La dificultad era llevar esa efectividad a una historia de más de 60 minutos, y el director David Sandberg (el mismo del corto) logra salir bastante airoso con el experimento.

“Cuando las luces se apagan” comienza con un hombre que trabaja en una bodega de noche, donde hay maniquíes y otras cosas que, con una buena iluminación y la música adecuada ya logran provocar tensión. Como paréntesis, decir que aquí tiene una pequeña aparición la actriz que protagonizaba el cortometraje original, en una escena casi idéntica al inicio de este. Luego, sabremos que hay una extraña criatura en la bodega, que solo existe en las zonas donde no hay luz y que atacará al sujeto.

Más tarde conoceremos a Rebecca (Teresa Palmer) una joven que se nos muestra como segura de sí misma al inicio, pero que en realidad ha escapado de su pasado y pronto deberá enfrentarse también a esta terrible criatura pues está conectada con su familia, y con ese pasado que quería dejar atrás.

Así comienza esta cinta, producida por James Wan y cuya mano se nota detrás de este proyecto de principio a fin. “Cuando las luces se apagan” es una historia familiar, donde para derrotar al villano hay que resolver ciertos asuntos familiares y confesar algunos secretos, algo similar a lo que ocurre en la saga “Insidious” del mismo Wan. Otro elemento que delata la experiencia del realizador malayo, es que este es un terror “para todo espectador”, es decir, no es una película muy explícita ni sangrienta, sino que más bien juega con los elementos fuera de cámara, con la tensión que provoca lo que no vemos, y una serie de recursos cinematográficos bastante eficientes, más o menos en la misma línea de “El Conjuro”.

Hasta ahí todo bien. Sin embargo, la película se cae en algunos momentos porque resuelve aspectos muy importantes de forma inverosímil. Es lo que los guionistas llaman un Deus ex machina, es decir, un elemento que se incluye en la historia de manera un poco forzada para que la historia se pueda seguir contando. Lo que produce esto es incomodidad en el espectador, que no se traga tan fácilmente, que un personaje “justo se encontrara esa cosa que explica toda la trama”. Cuando veía la película no pude evitar recordar como el personaje de Naomi Watts hacía una investigación muy acuciosa y metodológica en “El aro” para descubrir la verdad. En “Cuando las luces se apagan”, los guionistas prefirieron el camino fácil y privilegiar el miedo en las escenas donde los personajes se enfrentan al monstruo.

De esta forma, si el espectador va a ver la película buscando tensión, identificarse con los protagonistas y asustarse con algunas escenas, es algo que definitivamente encontrará. Ahora, si es un espectador más exigente y busca una historia redonda o más aún, una película de aquellas que uno quiere revisitar una y otra vez, debemos decir que a “Cuando las luces se apagan” le faltó desarrollar un guión un poco más intrincado y arriesgado. Una buena película de terror para pasar el rato, pero en ningún caso el nuevo clásico del género.

Por Juan Carlos Berner

En Twitter: @jcbernerl