¿Puede haber lealtad y desconfianza simultáneamente?

Cuando apareció el rock, era un estilo de música contestataria, rupturista, antinorma. Pero con el paso del tiempo y la mano de la industria, el rock pasó a ser la norma. Incluso su faceta más marginal, el punk, acabó volviéndose un referente más. Algo parecido ha pasado con los antihéroes del cine.

No resulta muy difícil entender por qué los antihéroes son tan populares: no están amarrados a un código moral muy estricto, lo pasan bien y tampoco son unos villanos, así que no cuesta mucho identificarse y encariñarse con un personaje que tiene falencias humanas como uno, pero que tampoco es una mala persona, justo como uno. Obviamente calaron mucho más hondo que los héroes ideales e inalcanzables para el cristiano promedio, pero si la fórmula funcionaba, era porque no era la norma. Wolverine necesita a Cíclope, tanto como Batman necesita a Superman. Precisamente, porque para que el concepto de antihéroe exista, es preciso también que exista un referente o contraparte al que se oponga: el héroe.

En una era de crisis y cuestionamientos morales como en la que vivimos, los antihéroes han pasado de ser un producto de consumo más, a ser un molde, más que romper un molde, y las compañías cinematográficas han sabido aislar la fórmula que les permite producirlos en masa. “Dos hombres armados” es una prueba de ello.

Basada en un cómic (fórmula cada vez más popular para compensar la crisis de creatividad de Hollywood), esta película recoge un montón de elementos propios del género: dos tipos fuera de la ley, mucho humor negro, una relación sin compromiso con una chica linda, una enorme cantidad de plata perdida y un montón de desgraciados buscándola, entre los que se encuentran los milicos, la CIA, y el Cartel Mexicano. Por supuesto, para que un antihéroe funcione en este contexto, las instituciones tienen que ser corruptas. No sirve de mucho un antihéroe que lucha contra unos policías buenos, ya que hay líneas morales que incluso hasta esta clase de personajes no pueden cruzar.

Bobby Trench (Denzel Washington) y Marcus Stigman (Mark Wahlberg), la pareja protagonista, tienen una relación basada en un concepto de lealtad que recuerda bastante al que tenían Tuco y Blondie en “El bueno, el malo y el feo” (1966). Como antihéroes que son, no tienen un objetivo bien definido y básicamente se dejan llevar por las circunstancias, y pese a que parecen estar todo el tiempo improvisando sobre la marcha, siempre están un paso adelante de todos los malhechores que quieren matarlos. Pese a todo esto, es bastante difícil que caigan mal, porque aunque estén en un aprieto horrible, siempre lo están pasando chancho y el humor gringo está dosificado de una manera mesurada y en la que que todavía resulta simpático.

En un contexto gringo en el que los protagonistas pueden estar en medio de una balacera o a punto de ser castrados, pero siempre se toman todo a la ligera o a la risa, la película podría haber caído mucho más mal, pero no lo hace. Incluso el personaje de Stigman, que coquetea con las mujeres y tira la talla todo el rato, termina cayendo bien, aunque pareciera como si debiera esforzarse más de lo necesario para ello.

Los enredos, los villanos incompetentes, la excesiva suerte de los protagonistas, en ocasiones parece recordar a “Snatch” (2000), pero con protagonistas más imperfectos y cuya mutua y permanente desconfianza no parece ser obstáculo para la lealtad. Pese a todo ello, uno nunca olvida que está viendo a dos antihéroes, resultado de una producción industrial y normada por Hollywood. Los antihéroes ya dejaron de ser una novedad o un elemento contestatario. Y no hay que explicar la razón. Encajan mucho mejor en este mundo actual que los arcaicos héroes. Sin embargo, han heredado de sus predecesores varias características, como el podérselas ellos solos contra todo el mundo, salir airosos de cada balacera o explosiones en las que se hallen y, al parecer, que dominen el mercado de las películas de acción. La película es dinámica y entretenida, pero evocará a otras historias durante todo el tiempo que dure. Tal vez, ya viene siendo hora de que aparezca un anti-antihéroe.

Por ©Felipe Tapia, el crítico a quien prefieren los famosos.

“Dos armas letales”

(“2 Guns”)

Dirección: Baltasar Kormákur

Elenco: Denzel Washington, Mark Wahlberg, Paula Patton, Edward James Olmos, Bill Paxton, Robert John Burke, James Mardsen

EE.UU., 2013, 109 minutos