El cine sí tiene remedio

El título conduce erróneamente a pensar que se trata de una película de acción, llena de balazos y disparos, sin embargo, “Efectos Colaterales” es una película que trata sobre los medicamentos y los psiquiatras, en un mundo en el que estar triste o deprimido es catalogado como una enfermedad que debe ser tratada, antes que un estado emocional.

Las pastillitas milagrosas llevan décadas prometiéndonos una vida más alegre, más tranquila, vigor sexual, superar la ansiedad y el nerviosismo; y actualmente tomar antidepresivos no es en absoluto sinónimo de estar mal,  es casi como si estuviéramos resfriados.

Emily (Rooney Mara) es una joven que se ha visto superada emocionalmente por su tormentosa vida: su esposo Martin (Chaning Tatum) acaba de salir de la cárcel, su situación económica es precaria, y solo un nuevo y experimental medicamento, proporcionado por su psiquiatra Johnatan Banks (Jude Law)  la mantiene a salvo de sus tendencias suicidas. El problema es que la pastilla milagrosa, al mismo tiempo que le soluciona un problema, le causa otro. De esta manera, se plantea el tema de qué tan responsables somos de los actos que cometemos bajo el efecto de sustancias que están legalizadas y validadas por los organismos oficiales de psiquiatría.

La película analiza minuciosamente qué grado de culpabilidad tendríamos los usuarios de medicamentos, los psiquiatras que los recomiendan, y las compañías farmacéuticas que a veces priorizan los negocios antes que el bienestar de los pacientes, en una sociedad donde la medicina está sometida a las leyes del mercado.  De esta manera, el filme nos muestra a dos psiquiatras, uno interpretado por Jude Law, y el otro por Catherine Zetha Jones. El conflicto desatado es la integridad vs. la falta de escrúpulos médicos, la probidad vs. el deseo de ganar dinero. Ah, pero no les pienso decir cuál es cuál, si no les arruinaría la película.

La historia es sólida y tiene un par de giros bastante inesperados, además de buenas actuaciones, una narrativa envolvente, un subtexto político y social interesante, lo que la convierte, a mi juicio, en una película que cumple con las expectativas prometidas. Lo más interesante es que adquiere la estructura de una novela policial, algo inusual para la temática tratada, en la que el protagonista va atando cabos sueltos y desentrañando una historia conspirativa sumamente turbia, desatando una paranoia que ningún fármaco podría curar. Quienquiera que esté interesado en el área de la psiquiatría o psicología, o quiera indagar en el mundo de los fármacos, debería verla.

©Por Felipe Tapia, lo más avanzado en crítica cinematográfica que han desarrollado nuestros científicos expertos en genética.