Crítica de cine: “El arte de la guerra”

El año, 1936. Ip Man (Tony Leung) es un hombre de clase acomodada, maestro del Wing Chun (un estilo del Kung Fu) que vive en la ciudad de Foshan, al sur del China. Un día, el gran maestro del norte, Gong Yutian (Qingxiang Wang), llega a la ciudad buscando un sucesor, cuya misión será además unir por fin las artes marciales del norte y  del sur.

Durante la fiesta de despedida, Gong Er (Ziyi Zhang), hija del maestro Gong Yutian, y la única en conocer la forma de las 64 manos, desafía a una pelea a Ip Man. El encuentro dará pie a una profunda admiración y respeto mutuo, y a la larga, a una historia de amor imposible. Todo esto ocurre mientras el país es invadido por Japón y más tarde se desate la guerra civil.

No deja de ser llamativo que la película se promocione afanosamente como “La historia del maestro de Bruce Lee”, lo que es una muestra del impacto que tuvo este artista marcial en la cultura de occidente. Probablemente muchos vayan a ver la cinta esperando ver a un joven Lee aprendiendo de su maestro. Si este es el objetivo, la película los defraudará.

Sin embargo, no hay que equivocarse. Esto no es un problema de la película sino de la promoción que se le ha hecho, la cual en todo caso no es tan criticable pues los publicistas se tomaron de un elemento conocido (la popularidad de Bruce Lee) para dar a conocer la cinta y hacerla más llamativa. ¿Quién los puede culpar de eso?

Es interesante además que, como ocurre muchas veces en Latinoamérica, se haya cambiado el título original de la película (“The grandmaster”) por “El arte de la guerra”. Lo interesante radica en este caso (tal vez único) en que “El arte de la guerra” es un título mucho más apropiado para este filme, que no trata únicamente sobre Ip Man, sino que el protagonismo se divide entre él, Gong Er y el maestro Gong Yutian. E incluso hay otros personajes que son casi igual de relevantes para la historia. Por tanto, esta película no es una biografía sobre quien mucho después enseñaría a Bruce Lee, sino algo mucho más amplio.

La historia de “El arte de la guerra” es sobre China en el siglo 20, sobre como las artes marciales tradicionales del sur y del norte trataron de unificarse y finalmente, sobre como el kung fu se popularizó y pasó de ser una tradición más bien familiar, a ser enseñada libremente en escuelas para alumnos que pagaban por aprender, como lo es hoy en las escuelas de artes marciales de todo el mundo. De hecho, fueron los discípulos de Ip Man quienes difundieron las artes marciales internacionalmente.

También, y como es recurrente en las películas de Wong Kar Wai, esta es una historia sobre el amor. De un amor que no se puede concretar, porque en el fondo los protagonistas están enamorados, pero sus caminos indefectiblemente están separados, ya sea por la geografía, por las tradiciones, por la guerra, e incluso por la venganza.

La fotografía es en extremo cuidada, habiendo escenas que son verdaderas pinturas. Cada una es una pieza de arte por sí sola. Ya sea la primera escena de pelea, que ocurre bajo una asfixiante lluvia, marcada por un color grisáceo que nos adelanta la nostalgia de la trama, o la gran escena en el andén de una estación, mientras como telón de  fondo hay un tren infinito cuyas luces recuerdan un atardecer; todas las escenas de lucha en esta película son extraordinarias, coreografiadas e iluminadas con gran exquisitez.

Wong Kar Wai, al igual que otros directores orientales como Zhang Yimou (“Héroe” de 2002, “La casa de las dagas voladoras” de 2004) logra poner la cámara en el lugar preciso y a la velocidad exacta. No es un registro de la pelea, como lo hacen en el cine hollywoodense, sino que el director practica el Kung fu con la cámara. Cada plano es perfecto, elegante; la cámara se mueve a ratos con suavidad y a ratos con violencia, tal y como lo hace un maestro de las artes marciales.

Probablemente lo único malo de esta película es que a veces el guión es un poco errático. Las elipsis son un poco confusas y además a ratos el director intercala tomas reales (tipo documental) que intentando dar un contexto histórico, a la larga ensucian la belleza del filme.

“El arte de la guerra” es entonces, la historia de un amor frustrado, mezclado con el honor y la historia contemporánea de las artes marciales y como estas se extendieron a través del mundo (tal vez como una metáfora de los cambios que está sufriendo China en esta época). Todo esto enmarcado en una estética que solo el cine oriental nos puede ofrecer…  de vez en cuando.

Muy recomendable.

©Juan Carlos Berner

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