Durante los últimos años ha habido una oleada de películas de terror, de las cuales más de la mitad son (y perdonen la franqueza) bastante malas, mientras que varias otras apenas superan la mediocridad. En ese contexto, se pueden contar con los dedos de una mano las películas que destacan, y precisamente una de ellas, que alcanzó gran popularidad entre el público y los críticos fue “El Conjuro”.

Uno de los elementos que hizo posible este éxito, fue narrar una historia basada en hechos reales, donde los protagonistas son dos reputados demonólogos de fama internacional, algo difícil de encontrar en un mundo plagado de charlatanes y en una época donde la mayoría son escépticos. A este hecho, se suma que el director James Wan, cuenta la historia desde un punto de vista familiar, dejando en segundo plano los efectos, apostando por centrarse en el drama humano y la creación de ambientes, algo que Wan maneja muy bien. Así, tenemos una película con una historia bastante verosímil (más allá de si el espectador cree en demonios o no), donde empatizamos con los personajes porque son una familia modesta y llena de amor, a diferencia de muchas películas de terror donde los protagonistas son adolescentes pedantes cuya suerte al espectador le da lo mismo.

En “El Conjuro 2” el realizador malayo repite la fórmula, en una trama bastante simple y casi igual a la de su antecesora: Una familia inglesa sufre de extraños sucesos, en especial una de las hijas, Janet, quien estaría poseída por un espíritu maligno. Después de mucho sufrimiento, un reportaje en televisión hace que el fenómeno sea conocido en todo el mundo, y la Iglesia contacta al matrimonio Warren para que vaya a investigar.

Ed y Lorraine van temerosos esta vez, pues ella ha tenido visiones que le auguran que algo malo les pasará a ellos si investigan el caso; sin embargo, su vocación es más fuerte y deciden viajar al viejo continente. Allí, se encontrarán con algo mucho más poderoso de lo que esperaban.

Como decía, en “El Conjuro 2” el tema familiar sigue estando muy presente, e incluso se hace más potente cuando sabemos que una esforzada madre se ha hecho cargo sola de sus hijos (aunque en realidad el papel del padre en la primera película era el más irrelevante). Además, aquí el vínculo entre los Warren y la familia afectada se hace más estrecho que en la película anterior, produciendo mayor cercanía con el espectador.

La película de este modo repite la fórmula que hizo exitosa a la primera parte, acentuando el aspecto familiar en esta ocasión. Con esto, tenemos una película de terror bastante efectiva, que a ratos produce bastante tensión, en especial debido al gran manejo del suspenso que tiene.

Junto con eso, el filme tiene un excelente trabajo de cámara, el cual sumado a las buenas actuaciones, logra crear escenas bastante notables. Mención aparte en este sentido para Madison Wolfe, quien interpreta a la pequeña Janet de forma impecable; se puede sentir como su miedo traspasa la pantalla.

A pesar de todo lo anterior, esta secuela se queda por debajo de la primera debido a dos aspectos: el primero es que hay un par de personajes que se sienten de sobra, o al menos cuyas participaciones no quedan bien cerradas, y lo segundo es que (solo les voy a adelantar esto) el clímax de la cinta no es tan potente como el de “El Conjuro”, que es el inevitable punto de comparación.

“El Conjuro 2” no defraudará a los fans que la esperan con ansias; es una buena película de terror sin duda, pero los que esperábamos algo más en esta ocasión, nos quedamos con un ligero sabor amargo.

Por Juan Carlos Berner

En Twitter: @jcbernerl