Robert Duvall (“The Godfather”, “Apocalipsis Now”) es el juez Joseph Palmer, quien ha estado impartiendo justicia en el estado de Indiana por más de 40 años. El mismo día del funeral de su esposa, el juez es indicado como responsable de un accidente automovilístico con resultado de muerte. Hank Palmer (Robert Downey Jr.), un exitoso abogado, de esos que usan todas las artimañas posibles para ganar sus casos, decide representar a su padre Joseph en el juicio que inevitablemente se realizará, para tratar que este último no vaya a prisión. Aquí comienza la pugna entre un padre y un hijo, un abogado y su representado por tratar de tener una convivencia a lo menos llevadera mientras dure el caso en el Tribunal.

Durante el transcurso del juicio, Hank se va encontrando con los inevitables recuerdos del pasado, muchos no son buenos, otros casi olvidados. Se reencuentra con Samantha (Vera Farmiga), la novia de la secundaria, y también con el resto de su familia, sus hermanos Glen (Vincent D’Onofrio) y Dale Palmer (Jeremy Strong). Las difíciles personalidades de padre e hijo y los traumáticos recuerdos de la infancia, como era de esperar, provocan que las diferencias entre ellos pongan en riesgo una correcta y exitosa defensa en la corte y, de paso, acabar por siempre con la relación familiar.

Este filme es el primer drama dirigido por David Dobkin, quien siempre ha estado al frente de películas de comedia con relativo éxito (“Los rompebodas”, 2005). Dobkin parece manejar muy bien el hilo conductor de la historia, lo que permite que todos los cabos sueltos que se identifican desde el principio se vayan enlazando y sean entendidos por el espectador.

Si bien se nota que Robert Downey Jr. puede correr con luces propias durante gran parte de la película, es el trabajo de Robert Duvall (quien a mi juicio se roba las escenas) uno de los puntos fuertes en este filme. La atmósfera, la caracterización del anciano testarudo, plasmar el pensamiento de hombre viejo en la temática y en cada conflicto se realiza de manera impecable, en donde el espectador logra ese sentimiento de rechazo o de admiración con la figura del juez. En cuanto a Robert Downey Jr., imposible no ver a Tony Stark (o Iron Man) vestido de traje y terno de abogado, ilusión que se va disipando, afortunadamente, conforme avanza el filme.

No han sido pocas las películas que han tratado las diferencias entre un padre y su hijo. Solo por nombrar un par de ejemplos, algunas han sido muy profundas, sobretodo cuando hay más hermanos, preferencias y la “familia” está primero (“El Padrino” 1972), también hay otras tan traumáticas que ojalá sean solo un buen guión de una buena película (“La Celebración” 1998), y también las hay en que el charlatán padre nunca vio crecer a su hijo (“El Gran Pez” 2003). Este filme trata un delicado tema familiar en donde, incluso, el hijo tampoco tiene tan claro por qué los recuerdos del tiempo que junto a su padre se acaban tan repentinamente.

“El Juez” nos presenta un entretenido juicio (casi al estilo de los casos de las novelas de John Grisham), pero donde claramente el hilo conductor es la no-relación entre un padre y su hijo. Por si fuera poco, tiene un humor negrísimo, sobretodo a cargo de Downey Jr., lo que como resultado final nos regala una buena película llena de controvertidas y profundas emociones. Quizás una de las cosas a reprochar sean unos 15 minutos de más que se notan un poco a lo largo del filme.

Muy recomendable. Para fanáticos de juicios y los dramas bien armados.

©Daniel Bernal

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