Mary Katherine, M.K. para sus amigos (Amanda Seyfried en la versión en inglés), es una joven de 17 años que llega a vivir con su padre, el excéntrico profesor Bomba (Jason Sudeikis) quien ha desperdiciado toda su vida en la investigación de lo que él cree se trata de la existencia de una sociedad organizada diminuta ubicada en el bosque. Esta obsesión lo aleja de su recién llegada hija quien cree vivir con los pies en la tierra. Una tarde, en medio del bosque, M.K. es atrapada por una fuerza proveniente de este reino mágico y es reducida hasta el tamaño de sus habitantes, quienes enfrentan una guerra entre fuerzas del bien y del mal, las que definirán el destino del bosque en el que habitan.

“El reino secreto” está basada en la novela del ilustrador William Joyce, The Leaf Men and the Brave Good Bugs el mismo creador del libro The Guardian of Childhood también adaptada en la película animada “El origen de los guardianes” (2012).

Es curioso ver una mezcla tan notoria de historias ya contadas y que el resultado intente sostenerse como una pieza individual inédita, pues existe una dualidad en la adaptación de esta película, con elementos y recursos diferentes según el cristal con que se mire

Por un lado tiene la defensa del bosque como un etos y, por otro, una defensa de la importancia de la fe, ejemplificada en la frase del personaje del profesor Bomba “No porque no hayas visto algo, significa que no exista”. Esta dualidad no solo es formal sino estética, se expresa en su diseño la que parece liberar su imaginación al momento de transportarnos al mundo fantástico y no antes.

Cuando hablamos de una “cinta animada”, existen ciertas libertades asociadas a la creatividad pues involucran un trabajo estético que puede ser estrambótico o restringido. Si hablamos, en cambio, de “la representación de la realidad a través de la animación”, ahí la interpretación se complica, pues el hiper-realismo en el caso del cine puede ser un arma de doble filo. Existe un concepto llamado “valle inquietante” (uncanny valley) asociado a la animación 3D y robótica que afecta a la antropomorfización y básicamente indica que es casi imposible representar una figura humana 100% fiel, pues el elemento no-real generará un rechazo al espectador. Es decir, los ojos de muerta de la doctora Aki Ross de Final Fantasy (2001) delatan que ella no es una actriz, sino un dibujo hiperrealista de una mujer. Pues bien, en la actualidad es casi regla que si se va a animar un personaje, este se debe estilizar o desproporcionar y, como espectador, uno espera una consecuencia en el mundo que les rodea, como fue en el Paris de “Ratatouille” (2007).

Sin embargo, eso no ocurre en las partes “humanas” de “El reino secreto”, en donde vemos personajes interactuando en un universo perfectamente hiperrealista, lo que nos puede generar no un rechazo “inquietante” gracias a representaciones desproporcionadas de los humanos, sino quizás una confusión momentánea. En cambio, cuando la historia se traslada al mundo fantástico. La posibilidad de una “incomodidad estilística” desaparece pues las cosas son como se esperan: nada parece real y se asemeja más a una película animada. Quizás este exceso de hiperrealismo sea una consecuencia de la búsqueda e la espectacularidad del 3D.

Para “El reino secreto”, son tantas las trabas que debe sortear, tantos títulos de otras obras que debe dejar atrás, que su desarrollo se transforma en un verdadero ejercicio de supervivencia. Este es quizás el punto débil de la película, su necesidad imperiosa de escapar de los lugares comunes al que por destino está entrampada. Su catalizador más recurrente es el elemento ecológico, el cual, como tema, tiene sus propias limitaciones cuando se asocia a una mezcla subgénero como animación+fantasía.

Diseccionando la principal de estas limitaciones descubrimos que las películas “ecológica-fantásticas”, casi siempre tienden a caer en una cierta superficialidad al momento de exponer su discurso. Algunas son mucho más elaboradas que otras, pero sean cintas animadas como “FernGully, las aventuras de Zak y Crysta”(1992) o de acción en vivo como “Avatar” (2009), el estereotipo siempre suele utilizarse en la descripción de la fuerza antagónica. Y esto debe ser así pues, aunque nuestro mundo real nos enseña todo lo contrario, nadie en su sano juicio puede creer que un ser vivo quiera ver su mundo destruido. Por eso los villanos son aves de rapiña dispuesto a hacer todo lo que esté a su alcance con tal de tener poder, cuentan con fuerzas militarizadas y aunque carezcan de motivaciones claras, siempre quieren corromper la esencia del bien, generalmente representada en una delicada fuerza mágica, un árbol de las almas, el espíritu del bosque, la flor de los siete colores, Gaia, etc, o en este caso un brote escogido que perpetuará la vida.

Y es aquí donde destaco el esfuerzo de los guionistas por intentar defenderse de este pie forzado que los obliga a poner villanos bidimensionales: La inclusión de presentaciones audaces de sus personajes protagónicos, dedicándoles bastante metraje sobre sus respectivos pasados, dudas, debilidades y obstáculos por superar. El precio que se debe pagar no es tanto el desequilibrio de la construcción de personajes, sino lo que le ocurre al ritmo de la película, un atentado al elemento “entretención”, pues en Hollywood el dimer “divertido Vs profundo” va para uno u otro lado y no suelen haber grises.

“El reino secreto” también comparte en su trama esa impotencia asociada con la dificultad de creer en un mundo imposible que ya se había visto en “Horton y el mundo de los Quien” (2008) . También elementos vistos en películas de miniaturización como “Querida encogí a los niños” (1989) pero mejor desarrollados. En “El reino secreto” existen escenas que explican el cambio de las leyes físicas cuando se es normal o miniatura y que a mi juicio son las mejores y más entretenidas de toda la película, incluso por sobre las batallas o las escenas cómicas.

EPIC

En cuanto al humor, está a cargo de cuatro personajes relevantes, un caracol, una babosa, una oruga y un perro de tres patas. Poco, considerando los estándares de películas animadas 3D de los últimos tiempos y el metraje en el que se reparten.

De cualquier forma, el 3D en esta cinta sí es rescatable, así como la banda sonora. No así las promocionadas interpretaciones de Beyoncé Knowles como la reina Tara o de Pitbull como el sapo Bufo, meros recursos de marketing de una película que será mayormente vista con copias dobladas por actores mexicanos desconocidos.

La película se estrena una semana adelantada a los Estados Unidos, así que estamos nuevamente ante el síndrome del Focus Group mundial. Sin embargo se prevé un éxito de taquilla, pues la película, pese a ser un gran cliché y tener un inicio flojo, logra reponerse como pieza de entretención masiva. Además, por sus temáticas sugiere un excelente panorama familiar, sobre todo en vísperas de un feriado largo.

©Hugo Díaz

 

Dirección: Chris Wedge

Guión: Tom J. Astle, Matt Ember, James V. Hart

Elenco: Amanda Seyfried, Josh Hutcherson, Colin Farrell, Christoph Waltz, Jason Sudeikis*

*(Sólo apreciables en las copias subtituladas)

EEUU, 2013, 102 minutos, todo espectador.

Distribuye ©Fox