Adaline Bowman nació en 1908. Ya siendo una mujer se casó, tuvo una hija, y llevó una vida bastante normal. Un día sin embargo, sufrió un accidente que tuvo una particular secuela: Adaline dejó de envejecer. Esto, que para muchos sería un sueño, para ella se convirtió en una maldición, pues no podía explicar por qué le ocurría tal fenómeno y como consecuencia no era capaz de arraigarse en ningún lugar, ni tener relaciones a largo plazo.

Llegamos a una época contemporánea y Adaline se ve exactamente igual que hace 80 años, y para poder llevar una vida relativamente normal, sin que la gente le cuestione por qué no envejece, se cambia de ciudad cada 10 años. Ahora, cuando está por cumplirse una nueva década, algo sucederá en la vida de esta mujer que podría cambiar su historia.

Utilizar un suceso fantástico en el contexto de una película romántica no es algo novedoso. Ya lo hemos visto en cintas como “El curioso caso de Benjamin Button” o en “Más allá del tiempo” y es algo que en general funciona bastante bien. Es llevar de alguna forma, la lógica de los cuentos de hadas, con toda su fantasía, a un público más adulto.

Lo que se agradece de “El secreto de Adaline” es que no es una cinta pretenciosa, tiene claros sus límites y el público al cual apunta. Es una película con una trama bastante simple, no siempre verosímil y con algunas partes del guión que quedan un tanto inconclusas, como personajes que se presentan como importantes y después desaparecen,  pero cuya candidez vence estos baches y el público se queda con un buen sabor de boca al salir de la sala.

Esta candidez tiene que ver más que nada con el encanto de sus protagonistas. Blake Lively (Adaline) logra un personaje bastante adorable, y coherente para una mujer que, a pesar de verse en sus veintes, tiene la sabiduría de una anciana. Y no solo eso, sino que en detalles como la forma de caminar, de tratar a las personas se puede adivinar una mujer que ha vivido muchos años. Ella es elegante, delicada y bastante culta. Lively, sin hacer un papel para un Oscar, logra un personaje bastante adorable. Su compañero mientras tanto, el actor Michiel Huisman, hace un rol que desde los cánones se podría definir como encantador, porque es un hombre culto y que se dedica a la filantropía. Nuevamente, siguiendo la lógica de los cuentos, una especie de príncipe azul, pero con tintes de hipster y galán clásico a la vez.

También se agradece bastante la incorporación de actores como Ellen Burstyn Y Harrison Ford, que le aportan un toque de madurez a la historia, y que además incluso, agregan algunas dosis de fino humor a la película.

“El secreto de Adaline” es finalmente, una película simple pero que cumple cabalmente con lo que se puede esperar de ella. Una cinta agradable, para ver en pareja, y que a la larga promete convertirse en uno de esos clásicos para ver una y otra vez en el cable.

© Por Juan Carlos Berner

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