Si hay un personaje que conozco bastante bien es a Sherlock Holmes. He leído los libros y he visto muchas de las películas y series donde aparece el gran detective, incluyendo las versiones con Peter Cushing y las más actuales con Robert Downey Jr. y Benedict Cumberbatch como el perspicaz investigador británico.

Por eso me motivé mucho al saber que Netflix adaptaría esta nueva versión, con la hermana menor de los Holmes en el rol protagónico, algo además muy ad hoc en los tiempos que corren, y con Millie Bobby Brown como Enola, una actriz muy carismática y que parecía pintada para el papel.

Sin embargo, grande fue mi decepción al ver esta cinta, que si bien me entretuvo bastante, tiene varios problemas en la dirección y en el montaje.

Los que saben de cine entienden que una película básicamente se estructura en tres grandes actos, siendo el primero donde conocemos a los personajes de la historia, se desata el conflicto y además se nos muestra el estilo en el cual se narra la historia. El problema de “Enola Holmes” es que el primer acto es realmente fastidioso, y es totalmente distinto en ritmo y estilo a lo que viene después. De hecho, pareciese que la película hubiese tenido dos directores, uno que hizo la primera mitad y otro que hizo la segunda, donde afortunadamente la película se arregla mucho.

Una de las cosas más molestas de esta primera parte, es que Enola usa el recurso de romper la cuarta pared y hablarle a la cámara (o sea al público), tal y como lo hacen Malcolm en la serie que lleva su nombre, o Frank en “House of cards”. El problema es que Enola le cuenta a cámara cada cosa que hace para luego actuarla, haciendo el recurso increíblemente agotador. Además cada vez que ella cuenta algo, la toma se queda pegada en ella durante varios segundos, como si Enola estuviera esperando la respuesta del espectador, que por supuesto no llega. Todo esto le quita ritmo a la película y la hace realmente fastidiosa, muy a pesar del encanto de la actriz que lo hace bien en su papel.

Otro problema es Sherlock Holmes. Si bien es cierto que en esta cinta tiene un rol secundario, Henry Cavill interpreta al Sherlock más soso de la historia del cine y la TV. El carisma de este Sherlock no es ni el 1% de lo que logra Cumberbatch en su serie, y la comparación dada la cercanía en el tiempo, es inevitable. Es cierto, Sherlock aquí no es el protagonista, y es válido presentar una versión más pausada y austera del personaje, pero este realmente no tiene una pizca de personalidad.  

Sam Claflin en cambio se maneja bastante mejor como Mycroft, el hermano mayor de la familia, que si bien está aún más caricaturizado de lo que suele ser, al menos muestra rasgos claros y definidos. Además cae mal, como un viejo amargado, algo notable para un actor que apenas tiene más de 30 años.

Si la llegan a ver y le tienen paciencia, a la mitad de la película el ritmo cambia notoriamente para mejor. Enola le habla mucho menos a cámara y la película nos deja de explicar todo antes de hacerlo. Así, al final uno queda con el gusto de haber visto una película decente, que quizás habría funcionado mejor como serie.

Por Juan Carlos Berner

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