Lleva 42 años enclavado en el centro de Santiago y ha sido testigo y victima de los cambios sociales y políticos del país. El GAM (y todas sus vidas pasadas) es el protagonista de “Escapes de gas” el documental de Bruno Salas. La película aborda  este hito urbano no solo desde su concepción arquitectónica sino también como símbolo  y representante del espíritu de una época.

A principios de 1971 Salvador Allende se comprometió a construir el edificio de la tercera versión de la UNTACD (siglas en inglés de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre comercio y desarrollo) que se realizaría en Chile al año siguiente, el problema es que el tiempo para construir tamaña obra, destinada a albergar comitivas de todo el mundo, era imposible: menos de un año para la inauguración.

A partir de esta coyuntura se desata una gesta épica de los obreros que se comprometen a cumplir el llamado del “compañero presidente”, trabajando hasta 24 horas en tres turnos continuos. A esto se sumó una convocatoria  abierta a los artistas más destacados de la época, para que crearan piezas que fueran al mismo tiempo simbólicas y funcionales dentro de la construcción. De esta forma el edificio UNTACD se convierte en un desafío nacional a contrareloj, que mezclaría el arte y la arquitectura nacional. Además sería el espacio más representativo del espíritu creativo de la Unidad Popular.

Uno de los momentos más sobresalientes del documental es el momento de ver todas esas creaciones (pinturas, murales, esculturas, telares, etc.) que cohabitan en el UNTACD y lo convierten probablemente en la construcción más vanguardista y sorprendente del país.  Venturelli, Balmes, Manzanito, las tejedoras de Isla Negra, todos conviven entre los salones y las plazas del nuevo edificio, que es recibido con euforia y expectación por parte de los ciudadanos.

Entre los personajes más destacados de la cinta emerge Felix Maruenda, el escultor que diseña las “chimeneas” que se convirtieron en ícono visual del edificio. Maruenda además expresa una concepción del arte bastante particular, pues para él, “el artista” debe hacerse necesario para la sociedad, escapar de las galerías de arte, “volverse  útil como un panadero lo es para su comunidad”.  Lejos de la idea del “arte por el arte” imperante hoy, su visión representa la forma en que muchos artistas se vincularon a gestas políticas durante los años 70 y 80.

Un pregunta que aparece luego, cuando se aborda la vida del edificio en dictadura (ahora rebautizado “Diego Portales”) es por qué todo el arte es desterrado de la construcción, (quemado, robado o en el mejor de los casos confinado a un bunker interior)  ¿Por qué se trata de borrar todas las huellas de las expresiones estéticas que le dieron identidad? ¿Por qué no se ha hecho algún tipo de investigación por tamaña destrucción del patrimonio nacional? Cuestionamientos que quedan resonando en la sala de cine.

“Escapes de gas” se pregunta por el destino del patrimonio chileno. La pieza audiovisual utiliza el archivo como dispositivo narrativo para  traer al presente la memoria histórica de un proceso cultural. En este sentido Bruno Salas logra con éxito que los archivos sirvan de espejo a discusiones recientes sobre la ciudad, el patrimonio y la forma en que puede desarrollarse “la cultura chilena”. Las imágenes de este documental son sorprendentes y muchas veces conmovedoras y  resuenan no solo en la memoria de los espectadores sino  también en el presente al invitarnos a repensar la función de los espacios públicos y su implicancia simbólica en el desarrollo social chileno.

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© Por Aldo Vidal

En Twitter: @aldusvidal