“Fenómeno Paranormal” o “Grave Encounters”, demuestra que el género de películas de terror supuestamente reales  y caseros ya está acabado, y que si bien resultaba un experimento interesante en “The Blair Witch Project”, ya no le queda nada más por explotar. Las razones son siempre las mismas: resulta condenadamente forzado que un personaje grabe absolutamente todo lo que está pasando, incluso si lo está persiguiendo un demonio, pero en esta ocasión, el concepto es llevado a niveles absurdos y contradictorios.

El protagonista es Alex, un tipo que tiene una página de críticas de cine ¿Se dan cuenta lo espantosamente repugnantes que resultan esos tipos? ¿A quién se le puede ocurrir el tener una página con críticas y comentarios de cine? Debe tratarse de personas subnormales y patéticas para dedicar su tiempo a esa nefasta actividad. Como si supiera que se trata de una película, Alex, miembro de una fraternidad universitaria cliché, declara en medio de una fiesta que él reinventará el género de terror, el cual está por los suelos. No sé si se trata de una ironía el que la película haga absolutamente lo contrario, pero bueno, en fin.

Siguiendo con la premisa de intentar pasar por realista y cotidiano algo que no lo es, los personajes graban todo, incluso compran marihuana mientras graban con el celular, haciendo gala de una falta de inteligencia casi aplaudible. Joven, si van a buscar sustancias ilegales, no lo filmes. Es un consejo de este crítico. Así, Alex y su nada original grupo (La pseudo polola, el amigo gracioso, el chico de etnia y la lesbiana) van a investigar si el lugar en donde se filmó “Fenómeno Paranormal” 1 es realmente un manicomio embrujado o no.

A pesar de pertenecer a la nueva generación de películas de cuco, “Fenómeno Paranormal” parece no haber superado la época más nostálgica e ingenua del género, colocando a un grupo de protagonistas que recuerdan bastante a la pandilla de Scooby Doo, pero con una chica lesbiana (Cuya orientación sexual no aporta nada y es más un saludo a la bandera del modernismo). Una vez van al manicomio embrujado de la primera parte de esta saga, no se les ocurre nada mejor que separarse, como solía suceder en las películas de terror más antigua. Y por supuesto, el chico de etnia es el primero en morir. En ese horrible lugar conocen al protagonista de la primera película, el cual se encuentra totalmente enloquecido, tirando a la parrilla todos los lugares comunes de estos personajes, como el comer ratones o contar los días rayando las paredes (Y por si fuera poco, le ofrece ratón a los demás).

A lo largo de la historia el concepto de película rústica y casera comienza a perderse. Sin explicación alguna, las escenas gozan de varios enfoques, close ups y otros recursos de los que los personajes supuestamente no deberían disponer.

La película parece reunir los peores elementos del cine de terror antiguo, como el poner a un grupo de jóvenes superficiales y buenos para el carrete como víctimas; con los peores elementos del cine actual de chusto, recurriendo a peos y otras facilidades como esa.

Es una lástima, porque en algún momento la película parecía proponer una metacrítica a este género, pero la sobrecarga de clichés no alcanzan a ser lo suficiente como para plantear a la historia como una burla a estos mismos. En su lugar, tenemos una película aburridísima, con personajes desechables y una narrativa nada convincente. No toda la culpa es de este filme en particular, sino más bien de un género que parece haberse agotado con velocidad terrorífica.

 

© Por Felipe Tapia, un crítico que está completamente desnudo mientras lees estas líneas.