La historia de “Guerra Mundial Z” escrita por Max Brooks cuenta la cronología de un apocalipsis zombie narrada en primera persona, desde el punto de vista de sus testigos principales. Posee un formato periodístico en que las distintas entrevistas unen los hitos, desde sus inicios con el paciente cero de un virus mortal que transforma a sus víctimas en muertos vivientes, hasta su cierre décadas después, cuando la descontrolada pandemia a diezmado a la población mundial.

La adaptación cinematográfica de esta novela que llega a nuestras pantallas con más de 60 copias no tiene nada que ver con lo mencionado anteriormente. Se trata de una adaptación fallida, con una historia esencialmente diferente y que del libro sólo tiene el nombre.

Sin embargo, fallida es sólo la adaptación, pues se produce el insólito resultado de una historia entretenida, inquietante y con momentos de audacia e inteligencia. En ella, Gerry Lane (Brad Pitt), es un ex empleado de la comisión de postguerra de la ONU quien queda atrapado junto a su familia en el preciso instante en que abandonaban la ciudad de Filadelfia, como precaución tras el brote de una mortal enfermedad viral. El caos de desata tan vertiginosamente, que la gente sana enferma en cosa de segundos. Con velocidad y aumento exponencial, gente iracunda muerde y mata a quien se le cruce por delante. Pero los muertos reviven y vuelven para atacar a quienes logren escapar. Se trata de una epidemia de zombies. Una locura impensada.

En medio del caos, Lane es contactado por Thierry Umutoni (Fana Mokoena) su jefe en las Naciones Unidas, quien lo traslada a él y a su familia a un lugar seguro en medio del océano, con la intención de utilizar su experiencia previa en conflictos bélicos para apoyar la lucha contra esta debacle. Desde ese instante, la raza humana pelea la Guerra Mundial Z a contrarreloj para evitar su exterminio.

Perseguida por polémicos reportes de prensa como no se había visto en años, la cinta dirigida por Marc Forster (Monster’s Ball, 2001/Quantum of Solace, 2008) consigue esquivar su mala fama y los prejuicios que conllevan los problemas de producción y sorprender por su nivel de realización, calidad de actuaciones y nivel de intriga, pese a un exceso de libertades argumentales y un final frustrante. De hecho la película no termina donde uno espera, sino que se detiene, informándonos de paso que la historia de fondo no era tan importante como la anécdota que Gerry Lane estaba resolviendo. Uno sale del cine con la clásica sensación de “¿Y que habrá pasado después?”.

La trama descansa en la espalda de Pitt, quien consigue llevarla a buen puerto, no sólo en su calidad de actor, sino también de productor. La película goza de espectacularidad y de una inquietante atmósfera de aniquilación épica, parecida a la mostrada por Cuarón en “Los niños del hombre” (2006). Sin embargo, quienes hayan leído la novela jamás podrán perdonarles a los cineastas que hayan descuartizado el espíritu del material original.

Una de las principales diferencias es la narrativa. El primer borrador de la película intentó conservar el modo original e incluso utilizó como referente cintas como “Todos los hombres del presidente” (1976). Sin embargo, el resultado provocó la desvinculación del primer guionista y el reclutamiento de Matthew Michael Carnahan, Drew Goddard y Damon Lindelof, este último reconocido por su trabajo en la serie “Lost”. La película, además, sufrió le reescritura completa de su tercer acto después de haber sido filmado. Y es que el material original, basado en entrevistas a muchos personajes, genera más posibilidades con piezas dramáticas de largo aliento como miniseries o series.

La segunda diferencia radical es la caracterización del zombie clásico impuesto por George Romero presente en la novela, es decir, un muerto caminante, que individualmente no parece dañino, pero que en masa es impredecible, implacable y mortal. En éste caso, el zombie de Forster es un híbrido entre el mutante de “Soy leyenda” (2007) y el infectado de “28 días después” (2002), ninguno de los cuales era un muerto viviente. Los productores de “Guerra Mundial Z” decidieron basar la conducta de sus zombies en la “teoría de los enjambres”, propia de las aves, peces u hormigas, por lo que los planos generales de las hordas son tan comunes como los ataques individuales.

Y esta búsqueda de originalidad fue el gran riesgo de la producción. Esta vuelta de tuerca zombie puede generar rechazo entre los puristas del género, pero también genera espectacularidad y por ende ingresos en taquilla, que es lo que sin ninguna vergüenza intenta esta producción. Por otro lado, “Guerra mundial Z” no se trata de una cinta de terror. Es un thriller apocalíptico, hijo bastardo entre “28 semanas después” (2007) y “Contagio” (2011) y por ello, se rige más por códigos de cintas de acción y suspenso, más que por películas de terror. Ello explica la ausencia de sangre, vísceras y gore, y la presencia de discusiones geopolíticas, expediciones científicas y drama familiar. Esta veta más humana es herencia del libro y explica las escenas interesantes que reducen los clichés del género zombie a su dimensión mínima necesaria.

El ritmo cinematográfico de la película es vertiginoso al inicio, suspensivo en el medio y algo lento al final. La acción trepidante exige los modernos movimientos de cámara que además camuflan los efectos visuales. Cabe señalar respecto a esta característica que la cámara temblorosa y los lentes 3D son una muy mala combinación. Esta película, al igual que “El hombre de acero” está convertida al estéreo y no diseñada como espectáculo tridimensional, así que se le advierte al respetable que no existe la necesidad de gastar de más.

“Guerra Mundial Z” es, pues, absolutamente recomendable para los viudos de “The Walking Dead” y quienes quieran disfrutar de entretenimiento garantizado sin culpa.

©Por Hugo Díaz

Dirección: Marc Forster
Guión: Matthew Michael Carnahan, Drew Goddard, Damon Lindelof / J. Michael Straczynski, adaptación de la novela de Max Brooks
Elenco: Brad Pitt, Mireille Enos, Fana Mokoena, Daniella Kertesz, James Badge Dale, Ludi Boeken,
EEUU, 2013, 116 minutos, mayores de 14 años,
Distribuye © UIP