La peor película de la historia.

El título de esta crítica es más apocalíptico de lo que parece. Al final, no me molesta que existan este tipo de películas, después de todo, siempre han habido y habrán películas malas y buenas, e intentar cambiar eso es como luchar contra los elementos. Lo que sí me molesta es que cada año son lanzadas cientos de películas chilenas, y las de este género acaban convirtiéndose en el referente por excelencia, porque son las únicas que consiguen la suficiente tribuna, perjudicando a las otras.

El entretenimiento efímero y liviano está muy bien, siempre que sea bien realizado, pero en “Héroes” eso no pasa. Uno esperaría que una superproducción en la que se invirtió tanto (Cthulhu mío, cuando pienso en todas las buenas obras en las que se pudo gastar todo ese dinero), en la que estuvieron involucrados gigantes como Chilevisión y Wokitoki, algo medianamente bueno habría salido. Nadie pide algo genial ¡Mierda, nadie pide algo bueno siquiera! Solo medianamente bueno, digerible, pero en lugar de eso el equipo creativo solo fue capaz de dar a luz una tortura infumable de hora y media ¿Tan difícil era hacer una película entretenida, al menos? ¿Acaso no se dan cuenta de la mala calidad de los productos que hacen, o por el contrario, son plenamente conscientes de ello, pero no necesitan esforzarse más, dado que el público consume y disfruta esta basura? La mediocre frase “La película cumple con entretener” le llega a quedar grande a esta producción que es aburrida, y que solo logra suscitar el interés porque se acabe luego.

Fabrizzio Copano encarna a un joven director de la Onemi que junto a un grupo de subordinados obsoletos e incompetentes, deberá desenmascarar una conspiración que involucra catástrofes naturales y grupos económicos poderosos, explotando las modas paranoicas actuales. Por supuesto que también aprovecha elementos del acontecer de los últimos años, como la incompetencia y pérdida de confianza en las instituciones (La Onemi, en este caso), el rescate de los mineros, la rivalidad con los países vecinos, y la fantástica teoría de que los terremotos pueden ser causados artificialmente. Elementos que bien desarrollados pueden conducir a una buena historia, pero que en este caso no lo hacen. También explota creencias occidentales como la de que los ancianos son todos inútiles, gagás y estorban.

La película emula en ciertas partes un formato que recuerda a los cortos de “Policía del Karma” de Jorge Baradit, usando imágenes de archivo para simular una situación real de catástrofes naturales, sin muchos resultados. Pero sin duda la principal estrategia y lo que le da el “sello” a la superproducción es el combinar a los cómicos de las generaciones pretéritas con las actuales, lo que solo prueba que los referentes contemporáneos de humor son bastante mediocres y necesitan la ayuda de las viejas glorias para sostenerse: el primer grupo lo integran Fabrizzio Copano, Felipe Avello y Koke Santa Ana, el de  “Woki Toki”. Del trío, solo el tercero logra causar algo de gracia, los otros dos son tan desagradables y malos actores como acostumbran, y aunque se justifiquen con el hecho de que se trata de una película absurda y de humor grotesco, tipo teleserie “Por Fea 2”, nada disculpa una actuación mala.

Del otro grupo tenemos a las viejas generaciones: Paty Cofré, Andrés Rillón, Julio Jung, Delfina Guzmán, Coco Legrand, Héctor Noguera y Fernando Alarcón, actores que uno desearía ver haciendo algo mejorcito, pero bueno, hay que ganarse los porotos, y no son tiempos como para ponerse exquisitos con las pegas, si no lo sabré yo pues. Los actores explotan los arquetipos que instalaron en la cultura chilena en los 80, y de esta manera, Fernando Alarcón es una versión vieja de Canitrot, Jung y Rillón son los viejos de Medio Mundo, el Coco es el típico chanta dicharachero, Noguera es el empresario ultra exitoso de las teleseries de los 90, etc. La única quizá que escapa al arquetipo es Delfina Guzmán, quien se sale de su típico rol de vieja cuica para encarnar a una abuelita sorda. Lo raro es que el gag de la sordera solo es explotado en los cinco primeros minutos de película, y luego no sale más, se olvidaron de ponerlo o qué se yo, la verdad ni me importa, tampoco habría mejorado mucho la trama.

Y eso es el peor error de la película: la carencia de originalidad. No se esfuerza por poseer un humor propio e intenta aprovechar las escuelas ya existentes, como si poner a viejas celebridades interpretando a los mismos personajes de hace 25 años fuera a funcionar. A ratos intenta imitar el humor de “Los Simpsons”, con pobres resultados, o el absurdo de “El Club de la Comedia”. Otro referente humorístico que intenta explotar con nulo éxito es el de “31 minutos”, en una escena sumamente mal lograda en la que los computadores cobran vida, al más puro estilo del noticiero de títeres de Peirano y Díaz, pero como todos sabemos y con esto nos terminó de quedar claro, Copano no es Peirano ni Díaz.

Para terminar el elenco, Juanita Ringeling solo integra el reparto en el rol de la chica guapa, y su único mérito a lo largo del filme es mostrar las piernas en tomas totalmente descaradas y evidentes, aunque no tanto como los close ups a la cerveza Becker y galletas Toddy que aparecen de manera demasiado obvia en la película. Este recurso  no es viejo, ni siquiera deleznable, pero hay que saber usarlo. Un claro ejemplo es la Pepsi que Martin McFly debe pedir en “Volver al Futuro II”, en el año 2015 (Al que por cierto ya llegamos ¿Dónde está mi skate volador?). La publicidad encubierta, amigos, hay que ejecutarla con elegancia, y como su nombre lo indica ¡Encubierta!

En fin, para terminar, podemos decir que “Héroes” constitute un reto interesante a la hora de buscar lo positivo en lo negativo, y aprender a ver el lado bueno de las cosas, aunque en este caso es una tarea que hace ver a “Los 12 Trabajos de Hércules” como una tarea sencilla. Resumiendo, la película cojea en prácticamente todos los aspectos: humor, actuaciones, historia, música, aspecto visual, narrativa, personajes, diálogos, coherencia (Incluso fracasa al intentar ser incoherente), estética y desarrollo de temas. Pero como soy un tipo con mucha buena voluntad, si tuviese que señalar algún aspecto positivo, ese sería las actuaciones de los cómicos de la vieja generación (Copano y Avello deberían recibir una orden para no volver a interpretar un papel nunca más). Aunque claro, tampoco es que sea un logro muy aplaudible a estas alturas el ver a Andrés Rillón o Julio Jung haciendo de viejito gagá ¿O no?

 © Por Felipe Tapia, apoyando todas las importantes luchas sociales desde la comodidad de su computador.