Otra aventura más.

Una nueva amenaza se cierne sobre los maestros. Se trata de Kai, una versión estereotipada de Shredder que fue condiscípulo y posterior rival del maestro Oogway, el Splinter de la franquicia “Kung Fu Panda”. Regresando desde la muerte, el agresivo antagonista empieza a capturar el Chi de todos los maestros y solo un intrépido héroe puede detener sus ambiciones: Po. La ganadora a este premio a la originalidad es la tercera parte de la saga “Kung Fu Panda”.

La historia, aunque bastante dinámica y entretenida, es una sucesión de tópicos ya vistos en las entregas anteriores: Po es lo opuesto a la imagen que todos tienen de un salvador o un elegido: es torpe, glotón, perezoso y menos beligerante que Charlie Brown. A pesar de que nadie logra visualizarlo como el héroe de la historia, él sale adelante y le demuestra a todos que da el ancho (Sorry por el spoiler pero tampoco es que la película sea una caja de sorpresas). La diferencia más notoria con las películas anteriores es que Po no es un don nadie y no parte de cero esta vez, lleva dos victorias a cuestas y se ha labrado una reputación entre sus pares, los aldeanos y sus maestros. A estas alturas ya es un Guerrero Dragón pero debe probarse como Maestro del Chi, la energía presente en todos los seres vivos según la tradición oriental. Su siguiente desafío, entonces, ya no es probar su valía como alumno, sino esta vez como maestro.

La historia es el típico viaje del héroe en el que el protagonista debe vencer sus limitaciones para adquirir un nuevo don que le permita reconciliarse con su figura paterna, madurar, vencer al villano (Bastante arquetípico y cliché, por cierto)  y salvar a su prójimo. Esta vez, cuenta con la ayuda de una aldea repleta de pandas iguales de atolondrados que él, su padre incluido. Lo malo de la trama es que uno sabe con absoluta certeza lo que va a pasar: en ningún momento dudamos de que Po vaya a lograr sus objetivos y vencer al malo, aunque se esfuercen en hacernos creer lo contrario. O sea, resulta ilógico que Kai domine el mundo y derrote al Panda, porque es el malo y Po es el bueno. Aunque bien contada y con bastante acción, es difícil emocionarse o sufrir por un personaje que tiene todas las de ganar. El chiste ya es conocido: Sabemos que aunque Po sea tierno, gordo y amable, este a la hora de los quiubos va a dar el ancho y deslumbrar con las habilidades que ya mostró en los filmes anteriores.

No es que moleste que la trama sea así, de hecho el propósito del filme es seguir en la misma línea, creo yo. Es como ver una nueva aventura de Sherlock Holmes: uno espera reencontrarse con un viejo amigo, no con un desconocido. Acaso es un fenómeno similar a cuando vemos destruir por tercera vez a la Estrella de la Muerte en la nueva “Star Wars”, ver a Marty McFly nuevamente montando en un skate para escapar de matones en “Volver al Futuro II” o ver a Doña Florinda cachetear a Don Ramón por cuadragésima tercera vez. Uno espera que las cosas ocurran de esa manera. “Kung Fu Panda 3” solo busca contarnos otra película más reorganizando los mismos elementos de las dos películas anteriores: humor, ternura, mucha acción y personajes arquetípicos (El héroe simplón, el maestro sabio, el villano ambicioso y vengativo, etc.). Aunque suene mediocre, en ese sentido cumple.

La película cuenta con las voces de figurones del espectáculo como Lucy Liu, DustinHoffmann, Angelina Jolie, SethRogen e incluso Bryan Cranston como el padre de Po, así que se recomienda verla en el idioma original, salvo que vayan con niños muy pequeños. Vayan a verla y entreténganse, pero por favor nunca, nunca, nunca, se compre ese cuento de que “La película es para niños, no tiene por qué ser creativa u original”.

Por Felipe Tapia, Maestro en volver complejo lo simple.