Es difícil el cine de Lars Von Trier, director de esta película. O lo odias o lo amas. ¿Punto medio? Sí, yo lo tengo. Pero para que me entiendan hay que ver un par de películas de él antes de emitir juicio. Por lo pronto, vamos a lo que nos interesa.

Jack (Matt Dillon) es un asesino en serie brutal que tiene una particularidad, padece de un TOC (Trastorno obsesivo compulsivo) y que radica en la limpieza. Por lo que limpiar la escena de cada crimen significa para él horas de esfuerzo. Al tratar de luchar contra su enfermedad, es inevitable que se ponga más descuidado en el trato de sus víctimas y las consecuencias de sus actos, por lo que va ganando por un lado y va perdiendo por otro. Lo que definitivamente no manejaba es el hecho de que su conciencia tiene un papel muy importante en su vida, como una voz sanadora a la cual atiende en cada uno de sus crímenes. Además, Jack tiene otra obsesión: construir la casa perfecta. Así como se autodenomina “arquitecto”, Jack ha intentado construir su casa perfecta en distintas partes y de distintos materiales, teniendo la idea de la estructura como base, pero no la forma final. Quizás, la forma definitiva siempre la tuvo a mano, solo que no lo había logrado ver.

La película está narrada en seis actos, cada uno cuenta y muestra una víctima “tomada al azar”, en donde participa una voz en off a quien Jack llama Verge. Son atemporales, generalmente en lugares rurales. Los cuerpos los refrigera en un viejo edificio en donde funciona un gran congelador, sin ser, hasta el momento, nunca descubierto.

La sicopatía de Jack se traduce en un tipo tranquilo, pero muy obsesivo. Su control se desestabiliza frente a un estímulo externo, por lo que son pocas las veces que el tipo comete un crimen sin motivo aparente. Es violento y no distingue entre edad y sexo, lo que lo convierte en un tipo frío, calculador, y a quien solo le importa el resultado final.

La atmósfera del filme no es ni lúgubre ni oscura. Al contrario, se desarrolla a plena luz del día. Jack va conociendo a muchas personas en el camino, a quienes va matando o dejando con vida siendo su discernimiento totalmente antojadizo. La actuación de Dillon es impecable, ya que sabe dar vida y credibilidad a un descuidado Jack.

Como decía anteriormente, el cine de Lars Von Trier es complicado. Para comenzar, la forma que tiene para filmar sus películas puede resultar algo incómodo, con ese movimiento de cámara que no solo es a pulso y por ende descuidado, sino que abusa del movimiento involuntario, por lo que llego a creer que esa exageración de movimiento es consciente y voluntario. En “Los idiotas” (1998) esa exageración es tal que puede producir mareo en ciertas personas. Y es que todo eso es parte de lo que bautizó como “Dogma 95”, tipo de cine que abogará por hacer películas más “realistas”, lo que se traduciría en más pureza y veracidad. ¿El resultado? Si bien fue muy respetado por eso, la mayor parte de la crítica no estuvo de acuerdo con este estilo cinematográfico.

“La casa que Jack construyó” es una película violenta y un tanto cruda. Me llamó la atención que el sicópata no genera anticuerpos, pero tampoco cariño, como ocurre en otras cintas. La película es cuidada en todos los sentidos, la música quizás un tanto al debe, aunque nunca ha sido la mayor preocupación de Von Trier.

Es una puesta en escena a veces difícil de digerir, como lo es su director.

 

Por ©Daniel Bernal
Twitter: @DanielBernalY

 

Ficha Técnica:
Título: La casa que Jack construyó (The House That Jack Built)
Director: Lars Von Trier
País: Dinamarca
Duración: 152 minutos
Elenco: Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman