El presidente de Argentina, Hernán Blanco, está pasando por un muy mal momento familiar, al mismo tiempo que debe acudir a la cumbre de presidentes que se realizará en Chile. Para lidiar con el problema y seguir ejerciendo un cargo para el que pocos lo creen capaz, lleva a su hija a la cumbre, una decisión que le traerá muchos problemas.

A uno siempre le dicen que el cine argentino es bueno. Que Ricardo Darín es excelente actor, que todo lo que toca es oro, etc. No hay que olvidar que las películas en las que actúa han recibido muchísimos premios, incluso un premio Óscar, por “El secreto de sus ojos”.

“La cordillera” no es una de esas películas de elite. Sin ser mala, no tiene nada de esas películas que nos han robado el corazón o que, en mi caso, me hacen pensar “malditos argentinos talentosos” (No digo malditos ni talentosos… me refiero a ellos con palabras llenas de envidia, pero acá no se pueden replicar).

Lo que más me gustó, y aquí se sale un sentimiento bien resentido de mi parte, es que pude ver Valle Nevado, algo que no sé si lograré hacer en mi vida, porque es un privilegio que sólo la gente que puede pagar disfruta. Nada qué decir de la cinematografía: la cordillera nevada se ve preciosa. Todo se ve precioso y, para los que no saben, que la nieve se vea blanca y no “brille”, es un gran logro de fotografía.

Pero la historia es confusa; parten hablándonos de un presidente que, por primera vez, es un “hombre común”, un buen gallo que antes de ser el hombre más importante de Argentina era un servidor público, alcalde de una localidad chiquitita. Sabemos que es un tipo simple, que cuestionan mucho su capacidad como político y hasta dudan de su liderazgo, así de simple. Esta percepción se reafirma cuando aparece el escándalo en el que se ve envuelta su hija; la necesidad de cuidarla, de mantenerla a su lado para que nadie le haga daño, parece la de un hombre común. A medida que la historia avanzaba, creí que era un drama humano, un presidente que debe lidiar con hacer lo mejor para su país y, al mismo tiempo, cuidar a su hija. Pensé que ese era el dilema y me parecía interesante, porque en la Cumbre todos intentaban sobornarlo, llevarlo a su bando para hacer movimientos políticos en contra de un país y a favor de otro, tenía que decidir si Argentina le iba a comprar petróleo a Brasil o a EE.UU, una decisión importante, porque todos sabemos cómo funciona EE.UU cuando se mete en los países, pero nadie sabe cómo funciona Brasil… el hombre está atrapado, toda la película intentando ser un político mientras su hija está destruida emocionalmente.

Pero de repente, la película cambia. Se va para un lado bastante oscuro y, aunque era algo que se podía presentir, no me gustó. Todo lo que se había construido para el personaje de Darín, se va a la basura de un momento a otro. Hay un intento de sorpresa que no es tan sorpresa y, después de haber estado 2 horas viendo conversaciones políticas, de repente la película se termina y… para mí fue inevitable sentirme un poco ¡plop!, como tan bien grafica el sentimiento nuestro “Condorito”.

Eso. Véala si es fan de Darín, o si quiere ver la cordillera de Los Andes en todo su esplendor, porque, de verdad, se ve hermosa.

Por Gaby Potter.