En “Los Pitufos 2”, el malvado brujo Gargamel se ha convertido en toda una estrella de la magia, y llena teatros alrededor del mundo, algo así como lo que hacía David Copperfield a mediados de los años 90. Sin embargo, su magia se está acabando y crea un par de pitufos (Vexy y Hackus) para así quitarles la esencia mágica. El plan de Gargamel obviamente no es ser una estrella, sino adueñarse del mundo. A pesar del éxito en las tablas, el brujo no tarda en darse cuenta que la esencia de los pitufos solo puede extraerla de pitufos verdaderos, y es así como decide raptar a Pitufina y obligarla a darle la fórmula con la que Papá Pitufo la transformó en un pitufo real, algo que se explica al inicio de esta película, para los que no vieron la primera parte.

Así, mientras Gargamel actúa en Paris, Papá Pitufo junto a Gruñón, Vanidoso y Torpe (quienes se suman a esta aventura por accidente), acompañados de la familia Winslow, deberán  llegar a la ciudad luz para rescatar a la única fémina de la tribu.

“Los pitufos 2”, secuela de la taquillera película de 2011, vuelve a utilizar la técnica de mezclar personajes creados por computadora con seres humanos reales filmados. En una época en que las películas de animación por computadora se han elevado a niveles de primer orden, con  guiones profundamente  emotivos o muy divertidos (“Wall-e”, “Shreck”), por alguna razón los filmes donde se mezclan actores reales con animación aún no llegan a esos estándares. Basta con mencionar películas como “Alvin y las ardillas”, “Scooby Doo” o “Marmaduke”. Pues bien, “Los pitufos 2” siguen la misma dirección. Sí, porque en esta película la historia no despega al nivel de los adultos, que obviamente buscan una historia más compleja, no más difícil de entender (es una película para niños, claro está), pero que al menos no se quede en un lenguaje y en una moral solo efectiva para niños muy pequeños. Esto se echa de menos especialmente dado que los que somos adultos ahora, veíamos “Los pitufos” cuando niños.

Por otra parte, que el protagonismo de los pitufos se reduzca a solo 6 o 7 personajes resulta un poco frustrante, pues la diversidad de personalidades que tiene el mundo pitufinesco podría crear una historia con muchas más subtramas y diálogos entretenidos. De hecho, la principal subtrama de la película, que trata el tema de la relación entre Patrick Winslow y su padrastro Víctor (el gran Brendan Gleeson) se hace un poco repetitiva y obvia.

En la película también se modernizan varios elementos que no son propios del universo de Los pitufos; Gargarmel usa una tablet en vez de sus viejos libros, Azrael está en Facebook. Para algunos esto será una buena inclusión, propia de los tiempos y una actualización necesaria… puede ser. Para otros, será una publicidad de marcas (el logo de la tablet se ve claramente) que ensucia un poco la fantasía.

Para los más adultos, lo más gracioso resultarán los diálogos entre Gruñón y Vanidoso, muchos rayando en el doble sentido. También destaca la actuación de Hank Azaria (actor que en inglés hace varias voces en “Los Simpsons”), pues consigue meterse en el papel de Gargamel y ser un mago odioso, pero que a la vez genera una extraña mezcla de risa y pena debido a su patetismo. O sea, como debe ser Gargamel.

El resto, una película tierna, pensada en niños muy pequeños, quienes sin duda la van a disfrutar.

© Juan Carlos Berner