Maléfica (Angelina Jolie) es una inocente hada, quien tras ser traicionada, decide proteger el reino del bosque de la amenaza humana y vengarse, provocándole una maldición a Aurora, la hija recién nacida del rey Stefan (Sharlto Copley): la niña crecerá feliz y bella, pero al día siguiente de cumplir los dieciséis años, se pinchará un dedo con la aguja de una rueca y caerá en un sueño mortal… hasta que sea despertada por un beso de amor verdadero. Espantado, Stefan envía a su hija con las tres hadas Flora, Fauna y Primavera para que la críen en el bosque, oculta para evitar la maldición. Mientras Aurora (Elle Fanning) crece en el bosque, es vigilada atentamente por Maléfica con la ayuda de Diaval (Sam Riley) su cuervo antropomorfo. Maléfica pronto comienza a ver en la joven el reflejo del hada inocente que ella misma alguna vez fue, previo al resentimiento y al odio.

La película es la ópera prima del diseñador de producción Robert Stromberg, ganador del Oscar por la dirección de arte de “Avatar” (2009) y de “Alicia en el país de las maravillas” (2010).

Mientras veía “Maléfica”, no pude evitar pensar en lo que Aronofsky hizo con su propia versión de Noé. Él tomo una historia sencilla, caricaturizada al extremo por la tradición judeo-cristiana y le agregó dimensión humana, lógica fantástica (si el oxímoron lo permite) lo que permitió el sano cultivo del drama aristotélico clásico. En el caso de “Maléfica” pasa algo parecido. Además de re-imaginar la historia en sus detalles formales, el complementar, complejizar y explicar el relato invirtiendo su matriz para darle el protagonismo a la villana, fue lo que básicamente permitió que el resto de las modificaciones se produjeran como un efecto dominó hasta los detalles mas ínfimos, obviamente en comparación con la versión Disney del cuento clásico de Perrault y los Grimm.

Es decir, todo está ahí. El bautizo, las hadas buenas, la maldición, la rueca, el cuervo, el secuestro del príncipe, el dragón, el sonido de Tchaikovski ,el cerco de espinos y el beso de amor. Pero no del modo en el que suponemos ni en el orden que recordamos. De hecho, ni siquiera en el lapso de tiempo en el cual se supone todos los eventos debieran ocurrir. Si no fuera porque el purismo en esta historia no aplica (el cuento nace de la tradición oral antes que de toda la lista de históricas adaptaciones) se podría decir que Walt Disney estaría revolcándose en su refrigerador.

La historia simple animada se nutre de la envidia tonta de una bruja mala que no la invitaron porque era mala. En el caso de esta película, el motor surge de un sentimiento más poderoso y menos prosaico que la rabieta de un desaire. Es la ambición lo que mueve esta historia. La codicia humana, con sus causas y consecuencias, retratado en el personaje del joven Stefan previo a su ascenso. Además, el universo de “Maléfica” no permite que las cosas sean tan obvias. No es menor el espanto de Stefan ante la maldición a su hija recién nacida, pues bien sabe (al igual que Maléfica) que la solución propuesta para despertarla en el caso de que caiga dormida (el diagnóstico de hoy en día sería “coma inducido por maldición”) es inviable: el verdadero amor no existe.

La trama en este sentido está bien construida, dando un lugar a cada personaje. Sin embargo, la maldita fórmula a la que siempre me he referido, aquella que majaderamente Robert McKee sale a recordar, se cuela y se nota. La solidez argumentativa que debiera permanecer oculta como una base, no queda del todo camuflada y los que sufren son todos quienes rodean la dupla Stefan/Maléfica. Secundarios, nobles y príncipes, hadas, árboles soldados, etc. El tiempo invertido en Maléfica no fue equitativo en Fauna, en el príncipe Phillip, o en el cuervo Diaval. Cuando personajes bien construidos chocan con personajes planos, el todo queda cojo. Angelina Jolie todavía es perfecta y sostiene toda la película. Cuando ella no está, el mundo es más lento. Ni siquiera el candor de Elle Fanning o el slapstick de las hadas puede avivar el fuego. Y es que el proceso interno de Maléfica es tal, que los personajes no se alcanzan a poner al día. El trío de hadas eran buenas cuando Maléfica lo era. Cuando Maléfica cambia. El trio no tiene nada que decir. La etiqueta de “buenas” les queda tan apretado que no les permite tomar partido. Para mi, apoyar al rey y criar a Aurora no las hace buenas, las hace unas ratas traicioneras de las que me importa muy poco lo que vaya a ser de ellas el resto de la película. Quizás lo notorio de esa incómoda falla, sea la causa de que la película se haga cargo de ello, volviendo la versión humana de las hadas unas verdaderas estúpidas odiosas.

Son esos detalles los que desinflan esta megalómana superproducción. Fórmulas, lugares comunes y desbalance. Pese a todo, respecto a la protagonista, nada que decir. Sólida e impecable.

También es impecable el cuidado técnico y de diseño de la película. Se nota el trabajo y la experiencia previa en ese aspecto del novel director. Sin embargo, lo que reduce el brillo es el exceso de CGI que resta realismo. Las hadas y criaturas del bosque no resultan convincentemente integradas en comparación con Jolie. ¿Cuál es el afán de computarizar todo? Una rueca escondida debiera ser sólo eso. ¿Para qué armarla y animarla como si estuviera bailando la macarena antes de entrar a escena? Es tan inútil, tan cliché y para nada impresionante.

Dos detalles importantes: Lana del Rey interpreta “One Upon a Dream” del clásico del 59 con base de Tchaikovski en los créditos finales, lo que es muy placentero. Y el 3D es una simple conversión estereoscópica, lo que es muy frustrante.

Maléfica, pese a su intrascendencia, seriedad y sobre-re-interpretación de un clásico, es una película entretenida que, obviamente, se basa en la democracia Disney: sirve para todo público.

© Hugo Díaz

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