Por si todavía hay alguno que no sepa, la historia de “Maze runner” está basada en una trilogía de novelas escritas por James Dashner, de las cuales ya se hizo un primer filme en 2014. “Prueba de fuego” es la segunda parte, y se viene una tercera película para completar la saga en 2017.

En la cinta anterior, un grupo de jóvenes se encuentra aislado en un misterioso campo rodeado de enormes muros llamado “El área”. Los jóvenes (todos hombres salvo una mujer, que llega al último) no saben cómo llegaron ahí ni recuerdan su vida anterior. La única forma de escapar es atravesando un gigantesco laberinto lleno de monstruos. Al final el protagonista de la historia, Thomas, logra sacar a un grupo de ahí y descubren que eran parte de un experimento de una compañía llamada CRUEL.

En ese mismo punto comienza “Prueba de fuego”. Los chicos que sobrevivieron están a salvo, aparentemente, en unas misteriosas instalaciones militares. El líder es Janson (Aidan Gillen), quien desde el principio despierta las sospechas de Thomas. A poco andar los muchachos descubren que en realidad siguen estando en manos de CRUEL y deciden escapar, aunque la salida sea hacia un enorme desierto.

Una vez allí, la trama da un giro bastante extraño en lo que hasta el momento era una película que se podría considerar de ciencia ficción para acercarse más hacia el terror. Esta vuelta de tuerca debo decir que descoloca bastante, pero al final se termina aceptando y parece coherente con el resto de la historia. Los que han leído el libro sabrán a qué me refiero, pero no quiero dar detalles para no arruinar la sorpresa de quienes solo verán la película.

En el camino encontrarán nuevos enemigos, pero también algunos aliados. Así el grupo crecerá y continuará para escapar de lo que será una verdadera cacería humana.

De “Prueba de fuego” son dos los elementos más destacables. Lo primero es que es una película con un ritmo vertiginoso, donde la acción nunca para y en más de la mitad del metraje el espectador teme por la vida de los protagonistas. Ese aspecto está más que bien logrado.

Lo segundo es que el mundo que se nos presenta sigue siendo totalmente desconocido, es un laberinto metafórico esta vez y por tanto, al igual que los personajes, uno querrá saber cuál es el paso siguiente a cada instante. Aquí nosotros conocemos lo mismo que los protagonistas, por tanto logramos compartir su miedo y curiosidad con lo que les depara el futuro.

Para un espectador más adulto y amante del cine de aventuras clásico, hay un par de cosas que se podrían echar de menos, como la falta de humor en la cinta. No por nada las grandes películas del género siempre dejan pequeños espacios para reírse, y equilibrar con eso un poco la tensión central de la historia. Al parecer ahora la literatura juvenil prefiere inclinarse por una narración más seria, sin espacio para chistes (¿acaso los escritores creen que los jóvenes no tienen sentido del humor?). Lo otro es que aquí no hay un antagonista carismático; al menos Janson no lo es. Aquí el gran enemigo del grupo de adolescentes es el desierto (no por nada el nombre de la película) y en general el contexto post apocalíptico en el cual se enmarca la historia.

Sumando y restando, “Prueba de fuego” se instala como una buena secuela de la cinta anterior, de hecho es mejor, pues se incorporan muchos más escenarios (físicos y dramáticos), hay personajes secundarios más atractivos que en la primera, y en términos generales se logra una película más madura, que crece junto con su público principal, al tiempo que invita a los más adultos a disfrutarla también.

Por Juan Carlos Berner

En Twitter: @jcbernerl