Malinterpretando el género

Amadeo es un joven pueblerino obsesionado con el Metegol (Fútbol de mesa o Taca-Taca). Está enamorado de Laura su mejor amiga y tiene una rivalidad natural con Mato Grosso, un antiguo bravucón. Mato Groso nunca pudo soportar haber perdido un partido de Metegol ante Amadeo cuando eran niños. Le afectó de tal manera que, cuando se convierte en una superestrella del futbol, decide regresar al pueblo para vengarse. Pero Amadeo no enfrentará las amenazas del crack él solo, pues cuenta con la ayuda de su equipo de metegol, quienes debido a un milagro misterioso han cobrado vida.

“Metegol” está inspirada en la historia corta de Roberto Fontanarrosa “Memoras de un wing derecho”. Corresponde a la primera película de animación de Juan José Campanela, destacado director argentino conocido internacionalmente por “El hijo de la novia” (2001) y la extraordinaria “El secreto de sus ojos” (2009).

Con un presupuesto de 20 millones de dólares, altísimo para los estándares latinoamericanos, la película es la más costosa hecha en Argentina. Se trata de una obra interesante desde el punto de vista técnico, considerando sobre todo su contexto, sin embargo el resultado creativo invita a la discusión.

Las películas animadas poseen ciertas libertades creativas que bien encaminadas permiten conseguir la trascendencia sin importar el formato. El género permite explorar una infinidad de recursos estéticos, como el realismo en un extremo o la exageración y deformidad por otro. Ahora, si se incluye el formato en el análisis, la decisión de utilizar una determinada técnica involucra explorar una serie de códigos posibles. Siendo algunos de ellos inseparables con el arte de contar historias. Cuando en Pixar, la empresa pionera de la animación 3D, Lasseter y compañía comenzaron a hacer historia a principios de de los 90, primero con su lamparita y luego con Woody, Buzz y el resto de los juguetes, comprendieron que sin una buena historia nada de la espectacularidad del formato lograría que la obra fuera efectiva en términos de transmitir alguna emoción al espectador. El viejo Aristóteles siempre regresaba del pasado como un fantasma y les confirmaba en cada éxito conseguido que por alguna razón las cosas funcionaban como lo hacían. En Pixar hacían camino al andar y de paso, tras cada película, dejaban la vara más alta. Ante esa herencia, en el contexto latinoamericano actual, la decisión de hacer una película animada en 3D es por defecto una tarea faraónica, audaz y pretensiosa.

“Metegol”, en ese sentido, resulta una obra altamente irregular, pues por una parte (la técnica) está increíblemente bien hecha, y por otra, (la narrativa) es insulsa, soberbia y torpe. La secuencias bien animadas no tienen nada que envidiarle a cualquier película hollywoodense de las últimas décadas, pero dónde Hollywood ha trascendido, Campanella ha fallado. La historia de Metegol es confusa, mal construida y poco graciosa. Parte como una especie de realismo mágico animado, ¿una vuelta de tuerca al género? Si se hubiera respetado la construcción de un buen guión, si, pero no estereotipando los recursos de un típico cuento latinoamericano. Se usa el fútbol como tema, qué más argentino o español que eso. Un pueblo como escenario, pero sin alma ni historia previa. Un personaje que parece protagonista, pero no tiene motivaciones ni pasado. Es sólo el débil, el marginado, el pobre, que al final será fuerte, destacado y completo. ¿Por qué? Da lo mismo. Por lo tanto necesita un villano que sea malo porque si. Y las figuritas de taca-taca en algún punto deben actuar, por lo tanto un deux ex machina puede ayudar. O dos. O tres. Si la película aburre durante algunas escenas, se debe exclusivamente a eso.

“Metegol” no parece tener una premisa clara: ¿Es la amistad? ¿La pasión? ¿La pasión por el fútbol? Las cosas en la película lamentablemente sólo pasan. Y eso genera tantas distracciones que delata remedos muy incómodos. Cuando Amadeo reconoce a sus diminutos amigos por primera vez y en la música incidental suena un bandoneón, más que recordar a Piazzola, se me viene a la mente una rata y espero que el personaje humano le diga al pequeño juguete “chefcito”. Mal. Cuando las figuritas de metegol escapan en medio de la basura y la música suena como a épica western, lo siento, pero se me gatilla la imagen de Woody. Peor. Y cuando vuelan catapultados por alguna fuerza, quiero decir “al infinito y más allá”, y no tiene nada que ver con que sean juguetes que cobran vida. Cuando a pito de nada, Grosso no sólo llega al pueblo como un crack, sino como un genio ultra-tecnologizado y que más encima realiza experimentos genéticos, lo siento, pero ese es Gru, o Megamente. Es entonces en que se hace evidente que hubiera sido más sensato exagerar en la animación, no en detalles insustanciales de la trama. El que una historia sea animada, no la hace a prueba de incoherencias o de inverosimilitud. Parece que de eso los realizadores de “Metegol” no se alcanzaron a dar cuenta y malinterpretaron el género.

Lo que frena la caída de esta producción hacia el desastre, son los personajes secundarios (los que deberían haber sido los protagónicos) que en este caso son los jugadores de metegol. Ahí es donde se invierte toda la imaginación. El premio se lo lleva Beto, el jugador cuyo pelo recuerda al del colombiano Valderrama. Es fantoche, porteño y tan arrogante que habla en tercera persona. También está el capitán y los otros jugadores, pero lamentablemente ellos son también estereotipos (el italiano, el coreano, etc), como una especie de aldea pitufa.

De los humanos, salva el emo o el representante de Grosso, aunque sólo son eso, una caricatura de un emo y de un representante de jugador de fútbol.

Acá lo único que queda claro, es que para los guionistas parecía ser muy importante el destacar el sentimiento y la pasión que despierta el fútbol, y que para ello se debía encapsular esos conceptos abstractos en una gran aventura que pudieran disfrutar los niños. Y eso, quizás puede funcionar si eres niño y futbolero. A mi, personalmente, me gusta cuando a la roja le va bien, pero sólo eso y no vibro con una pichanga. Y como no soy niño, no creo que vuelva a ver esta película otra vez.

 

©Hugo Díaz

“Metegol”

Dirección: Juan José Campanella

Elenco: David Masajnik, Pablo Rago, Miguel Ángel Rodríguez, Fabián Gianola, Lucía Maciel

Argentina/España, 2013, 100 minutos, todo espectador