Qué complicado puede ser para una actriz, cuando tiene que hacer el mismo personaje una y otra vez. Tal vez no es cosa de ella, sino de los productores o quizás sea una buena manera de ganarse la vida cuando las actrices abundan y trabajan en una industria tan competitiva como la de la moda.

Kate Reddy (Sarah Jessica Parker) es una especie de Carrey Bradshaw que tomó el camino equivocado: No gasta la mitad de su dinero en zapatos de tacón; no desayuna, almuerza y cena en todos los restoranes de Nueva York; no tiene las bellas-fieles amigas que le ayudan día y noche y no se queda con el tipo millonario que siempre amó. Al contrario: Corre todo el día entre preparar el desayuno de sus pequeños hijos y cumplir con las exigencias de su competitivo trabajo, en una importante empresa financiera.

Lo que sí tienen en común la encantadora Carrie y la neurótica Kate, es esa suerte de torpeza (tropezones, ropas manchadas de café, mails desafortunados, etc.) que en la película pretende ser graciosa, pero que no lo es. Tal vez porque luego de reiteradas temporadas de Sex & The City, uno esperaría algo nuevo o simplemente porque dentro de un guión tan pobremente construido, los chistes resultan salidas fáciles, para soportar aburridas escenas tipo sketch gringo.

Para quienes vimos la serie Sex & The City, es inevitable la comparación, sobre todo si nos encontrarnos con una película que no existiría sino fuera por la serie, pero sin la gracia que ésta tenía.

La originalidad que entregó en algún momento una serie de tv que hablara completamente desde un punto de vista femenino, aunque fuera el punto de vista más superficial de nosotras, contribuía naturalmente a divertirnos, pero también a abrir temas que hasta ese momento seguían siendo tabú, principalmente respecto a la sexualidad femenina, que en realidad no es más que sexualidad, a secas.

En esta películas hay planos idénticos a los de la serie; como cuando vemos a Sarah Jessica caminando por las calles de Nueva York o metida en la cama con un hombre que duerme, mientras ella piensa en la inmortalidad del cangrejo y nosotros podemos escucharla mágicamente gracias a su voz en off.

Pero cuando se repite el chiste aburre y si la película además pretende hablar de un tema que hoy es tan importante para las mujeres sobre todo, pero que está planteado con una construcción formal llena de clichés y soluciones pobres, no sólo aburre, sino que casi molesta.

¿Para qué existen tan buenos guionistas en Hollywood, si el argumento se resuelve viendo caricaturas (extremas) de los personajes que rodean a Kate, hablando a cámara como si estuviesen siendo entrevistados en una programa de reality show, acerca de la protagonista? ¿Qué fue lo que no se les ocurrió cuando decidieron escribir en la pantalla los pensamientos de la protagonista para que nos enteráramos de su estado?

No soy de las personas que condenan las películas frívolas. Al contrario, creo que es sano permitirse la frivolidad más a menudo que a lo lejos, pero hacerlo con sinceridad, no disfrazándolo de otra cosa, porque se nota.

Desde que las mujeres comenzaron a sacar la voz para luchar por los derechos de igualdad ante la sociedad, aparecieron en el camino nuevas dificultades: Ya no sólo bastaba con ser buena madre, dueña de casa, esposa y amante; sino que también una profesional impecable, que debe soportar ganar mucho menos dinero que su compañero, además siempre debe verse bien y tener buen ánimo. Y aunque hay algunas que parecieran logarlo, la mayoría son las que tienen el dinero suficiente para criar sus hijos con las nanas, pagar gimnasio, peluquería, ropa, auto y estacionamiento.

Pero el asunto no es siquiera si es posible lograrlo o no, sino que detenerse un momento y reflexionar de manera profunda, qué es lo que queremos hacer con nuestras vidas, independientemente de lo que el mundo nos muestre como alternativas y esto cruza todos los géneros.

No es necesario ser una fría y calculadora ejecutiva para no querer tener el hijo del que te embarazaste (como la secretaria de Kate). Tampoco lo es hacer cada cosa que un hijo demande, para ser una “buena madre” y menos ganarle la competencia a otras madres o a algún compañero de trabajo insoportable que nos toque en el trabajo.

Finalmente en los últimos cinco minutos de película, Kate resuelve un par de cosas, queriéndonos convencer de su vida ha cambiado. Pero la verdad es que cuesta creerlo luego haber visto tanto a una mujer fuera de control, llena de miedos, que vive corriendo por los demás en vez de hacerlo por ella misma. Así que más parecieran estarnos engañando, para que no nos vayamos a nuestras casas tan desilusionados, luego de más de 90 minutos en que se utilizó un tema profundo, para seguir vendiéndonos la misma pomada de una imagen de mujer que supuestamente debiéramos ser, pero que como tantas otras cosas, no es más que una ilusión.

© Por Magdalena Chacón