El reflejo de nuestra sociedad

La primera película del músico chileno Álex Anwandter se llama “Nunca vas a estar solo” (2016) y se inspira en la historia de Daniel Zamudio. Tenía hartas expectativas en cuanto a la historia de Daniel y todo lo que pasó con su muerte (aunque la cinta no intenta ser la historia de Zamudio), pero me llevé una sorpresa al percatarme que la película no trataba del “mártir” de la comunidad LGBT (como dijo el vocero del Movilh en su momento), sino que del papá.

La narración comienza con Pablo (Andrew Bargsted) quien es un joven gay que vive con su padre Juan (Sergio Hernández), que trabaja en una fábrica de maniquíes. Al comienzo (tal como dije en más arriba), vi a Pablo como la cara visible del filme; sus fiestas, encuentros sexuales, el bullying que sufría, su travestismo, etc. La verdad es que debo confesar que pocas veces he visto una película donde exista sexo explícito homosexual, lo cual me parece muy interesante en cuanto al guión de Anwandter. Sin embargo, estas escenas quedaron un poco “en el olvido” a medida que transcurría la historia. Los primeros planos y las cámaras fijas inundaron la primera parte de una angustiosa espera por el desenlace, que finalmente se desinfló. Pareciera que todo iba tomando rumbo en una dirección específica (la historia de Pablo),  pero finalmente nos encontramos con la realidad chilena: Juan (el padre), cuenta con sus ojos y una voz grave, todos los problemas que pueden suceder cuando un hijo sufre en el hospital.

Da rabia y pena pensar que todo eso es una realidad para tantos chilenos. Una infinidad de hombres y mujeres superados por sus deudas, el sacarse “la cresta” por un poquito de plata, vivir en un estado de “zombie”, donde ves lo que pasa en tu alrededor, pero no eres capaz de reaccionar. Me parece que la veta de músico del director, influyó bastante en cada escena. Las metáforas son abundantes, como por ejemplo el hecho que trabajara en una fábrica de maniquíes, haciéndonos “ver” que de alguna forma, él estaba inmerso en toda la presión social que significa ser perfecta/o.  Y a pesar que la historia es muy real, definitivamente tan real como no tener plata a fin de mes, creo que se ocupó el pretexto de Daniel Zamudio para mostrar ese escenario chileno.

El guión en sí tiene un trastorno que podríamos denominar como “déficit atencional”, pues trata de ingresar (a veces a la fuerza), diversas historias a la vez. Comienza con Pablo, sigue con Juan y termina con el primero. Es una especie de camino que sube y sube, para bajar abruptamente a un tema que ya para la mitad de la película, se había olvidado. No es redonda, no concluye, no cierra nada (de hecho el final es tan abierto, que ni siquiera puedo explicarles bien qué sentí al respecto) y quedamos en el aire. Por supuesto con un gusto amargo, ya que Sergio Hernández hace un papel magistral en la obra; sus miradas, gestos, su rabia contra el sistema, provoca un escalofrío constante, pues sabemos que es así, nos reconocemos y percatamos en qué estamos en la actualidad. Me hubiese gustado que se centrara un poco más en Pablo, en lo que sufren los jóvenes homosexuales en este país, en medio de una sociedad efervescente y llena de prejuicios (los cuales, por cierto, están muy bien representados).

Me parece que es “justo y necesario” hacer un examen de conciencia a través de este filme.

Quizás no como una obra de arte ni tampoco con pretensiones de taquilla, sino más bien como una introspección, una catarsis colectiva. Y aunque es la primera película de uno de los integrantes del grupo Teleradio Donoso, se ve que tiene una estética especial, un estilo para narrar pausado, con una excelente banda sonora e imágenes que nos recuerdan lo bello que puede ser el Chile underground.

He dicho, palabra de Gringa.