A ver… en qué estábamos. Ah si, en Río de Janeiro. Se habían quedado con 100 millones de dólares de los mafiosos. Cada uno se va a vivir alrededor del mundo en prosperidad y en países sin extradición a los Estados Unidos. Dominic Toretto (Vin Diesel) feliz junto a la agente Elena (Elsa Pataky); Mía, la hermana de Dom, (Jordana Brewster) con Brian O’Conner (Paul Walker) crían juntos a su recién nacido bebé; Gisele y Han (Gal Gadot y Sung Kang, respectivamente) a punto de formalizar su relación en Tokio; y por su cuenta Roman (Tyrese Gibson) y Tej (Ludacris) viviendo la gran vida. Pues resulta que el agente Hobbs (Dwayne Johnson) continúa su investigación inconclusa sobre una serie de destructivos robos y confirma que el perpetrador es el ex agente de las fuerzas especiales británicas Owen Shaw (Luke Evans). Al final de la quinta parte, Hobbs recibe fotografías de una de las secuaces de Shaw y resulta ser nada más y nada menos que Letty (Michelle Rodriguez) antiguo amor de Dominic y que resultó aparentemente muerta al inicio de la cuarta película. El paso lógico a seguir para Hobbs es dar con Dom, para que la curiosidad lo haga llegar a Letty y así dar fin al operativo de Shaw. El gancho: rearmar al equipo y pelear de igual a igual. El precio: el perdonazo para que todos puedan rehacer sus vidas.

Todos los caminos conducen a esto dice el tagline de esta cinta que lejos de alejarse por el camino del tedio consigue todo lo contrario: continuar el aire fresco de una franquicia que intenta repuntar en espectacularidad y sofisticación.

Cuando decidieron oscurecer al hombre araña, no le tiñeron el cabello a Mary Jane ni le pusieron anabólicos a Tobey Maguire. Simplemente decidieron apostar por otro equipo y otra línea argumental. El resultado fue algo más de lo mismo, pero un pelito más sustancioso.

En el caso de la saga de “Rápido y furioso”, el reboot fue algo más improvisado pero que a la larga ha traído más beneficios a todos los involucrados con una historia que inicialmente pretendía exponer el mundo de las carreras clandestinas con autos enchulados.

Fue así que surge la dupla de Justin Lin y Chris Morgan, director y guionista respectivamente, quienes tomaron a los personajes de Gary Scott Thomspon y los pusieron en el congelador en “Rápido y Furioso: Reto Tokio”, una película basada en el Drifting (de ahí su título en inglés “Tokyo Drift”) una técnica de manejo usada en carreras clandestinas en la que se derrapa al vehículo en las curvas. En esa cinta surgen distintos personajes e historias que forman la base estilística de las futuras películas de la saga, todas a cargo desde entonces de la dupla Lin-Morgan.

Y es que si bien “Rápidos y Furiosos 4”, “Rápidos y Furiosos 5” y esta última película son secuelas de las dos primeras cintas, son básicamente precuelas de la historia de Tokio. Este antes y después, provocados por Lin y compañía sugieren un gran desenlace post Tokio o piedra fundacional para “Rápidos y Furiosos 7” actualmente en pre-producción.

En cuanto a cronología y estabilidad hay que precisar que Lin ha ido de menos (muy menos) a más desde la cuarta entrega de la serie, en donde reunió al elenco original y dejó en el congelador a Letty, para llegar a una cierto balance con “Fast 5” y desde ahí proseguir con un storyline mucho más coral. El concepto que se arraiga es casi como el de la mafia. Ahora el asunto es familiar y es luchar por la estabilidad y la protección de los tuyos.

La apuesta de los estudios Universal a partir de la quinta entrega fue abandonar las carreras callejeras como tema central y reutilizarlas como leitmotiv para aventuras heist (de robos sofisticados) simplificando las historias, pero complejizando las tramas, llevando a los personajes a lugares exóticos y comprometiéndolos hasta el último aliento por conseguir una meta, eventualmente sobrevivir y, como esfuerzo extra, proteger a los suyos. El objetivo era ampliar el público de las cintas y definitivamente lo han conseguido. Es casi como lo sucedido con las películas de “Misión imposible” y de James Bond, logrando en el caso de la saga de “Rápidos y Furiosos” que cinematográficamente (al menos en las secuencias de acción) las nuevas películas estén prácticamente a la misma altura. Ver toda esa parafernalia de carreras y explosiones por las calles de Londres, por ejemplo, siempre va a ser todo un placer.

Por otro lado, la comicidad anexa a este nuevo estilo permite que los personajes se pavoneen con torpes diálogos a la vieja escuela de Stallone, o que los guionistas tengan cierta holgura al momento de atar cabos sueltos, como es el caso de la simple explicación que trae de regreso a la vida a Letty y la pone de nuevo dentro de la galería de personajes.

Estamos hablando de una estandarización en el buen sentido, porque aunque las historias sean pueriles y busquen la satisfacción de las masas, no se trata de una obra artística, sino de un espectáculo pirotécnico de calidad. Como un circo con trapecistas entrenados. No son representaciones de la realidad, ni busca ser cine de autor. Es pop-corn visual del siglo 21. Los autos no corren, vuelan. Así como los personajes, quienes ahora pueden desafiar las leyes de la física y el sentido común, lo que los vuelve seres prácticamente invencibles. Por lo mismo, si alguno de ellos cae. Será de manera sorpresiva y lamentable. Pero por cierto, así como Letty, quien sabe, quizás puedan volver en alguna secuela de “Rápido y Furioso” sea la 8, la 9 o la 10.

©Hugo Díaz

Dirección: Justin Lin
Guión: Chris Morgan
Elenco: Vin Diesel, Paul Walker, Dwayne Johnson, Jordana Brewster, Michelle Rodriguez, Tyrese Gibson, Sung Kang, Gal Gadot, Ludacris, Luke Evans, Elsa Pataky
EE.UU., 2013, 130 minutos, mayores de 14 años
Distribuye ©UIP