Antes que todo quisiera hacer una confesión: yo no soy un amargado. Que quede claro. Yo me río con “El Muro” y con “Che Copete”…pero no con la película de “Che Copete”.

Dicho esto paso a contextualizar: “Scary Movie V” es la quinta entrega de la saga de películas que alrededor del 2000 comenzaron a utilizar con mucho éxito y audacia el blockbuster y a burlarse de sus lugares comunes. El éxito no es gratis, no sólo hablamos de chistes y gags comunes sino que lograron atacar todos esos puntos débiles de grandes nombres del cine norteamericano para formar un humor ácido y negro que rayó a punta de precisión dónde estaba el humor y dónde el mal gusto.

La fórmula fue tan precisa que, por supuesto, generó una deformación de la obra. La ‘película de parodia’ se convirtió (sin tener por dónde serlo) en un género. Hijos del matrimonio entre ganancias y estas buenas películas vinieron: “Otra película de Sparta”, “Un desastre de película”, “Not another teen movie”, “Una loca película épica”, “Date movie” y así…

Pero sin entrar en el resto puedo resumirlo así: no por nada “Scary Movie” y “Scary Movie 2” fueron tan exitosas. No basta con reírnos de lo chulo de un comentario, no basta con explotar los estereotipos, no basta con evidenciar lo obvio. ¿Por qué? Porque por algo existen. Sí, los textos de algunas películas son chulos, sí algunos personajes son increíbles e imposibles de imaginar…pero por algo resultan. Porque están matizados. Porque al colindar con otros momentos, esos pasan colados y son parte de la película. Acá no, y el gran contrapunto es que la 1 y la 2 sí los tienen. Claro, está el estereotipo del negro, pero la resolución de la planta fumándolo a él es lo que hace notable la escena y el resto es sólo parte de su construcción. El estereotipo en sí mismo no alcanza para una escena, sólo enuncia un momento. El resto de los elementos que cuajan una película han quedado de lado dejando que ésta caiga por el soporte en el que se sostiene. En palabras simples, lo que carece es su carácter de película.

Ahora, al hablar de “Scary Movie 5” podemos decir que su premisa no es muy distinta a sus entregas anteriores. Traza un arco dramático sin mayor relevancia que utiliza como excusa para tratar de insertar la mayor cantidad de referencias a películas taquilleras y así intercalar chistes y momentos graciosos con los que el espectador pueda generar relación directa. Más que buscar la risa desatada, pretende relacionar al público con momentos y espacios de la cultura pop con los que todos podemos sentirnos cercanos. La comodidad y simpatía de esta idea nos lleva a que aquellos espacios verdaderamente graciosos apunten más que a la ironía, el sarcasmo o algún tipo de comedia específico, a simples espacios delirantes. Bajo esa lógica, y para recordar por qué funcionaron las otras, escenas como la del ‘lisiado’ autofelándose  en la 2 o la corrida de Carmen Electra en la que va perdiendo la ropa en la 1 son momentos delirantes en los que uno se desata, tal y como lo hacemos en un carrete cuando un amigo cuenta un chiste. Está todo para pasarlo bien y alguien hace algo inesperado que hace que el copete se me salga por la nariz con el ataque de risa. En el caso de la entrega 5 hay una sensación de simpatía constante, pero que al no tener contrapunto más bien nos da la sensación de cuando una tía cuenta una anécdota de supermercado en un almuerzo familiar. Me río, no con muchas ganas, pero cómo no me voy a reír si es mi tía y lo vinimos a pasar bien. Qué penca de mi parte no reírme.

Esa condescendencia con la obra se explica por lo anterior, porque al igual que el resto esta versión trae momentos divertidos. Pero al estar solos los chistes graciosos y gags al igual que las rutinas de humor o sketchs televisivos funcionan una vez y dentro de un contexto. La televisión actual se inserta en un espacio en el que su voz no es más alta que la de tu hermano entrando a la pieza a molestar o que a los ruidos propios de la conversación del living, y ahí funciona. Pero al tener todos los sentidos puestos frente a una pantalla de cine, las ideas de “Scary Movie 5”equivalen a un amigo desubicado tirando ‘tallas’ en una cena. El tono y el tino propio de alguien simpático difiere del payaso del curso haciendo su show, y la sensación de boca que deja es que por el producto recibido, la arista precio-calidad fue descuidada considerando que en Youtube puedo reírme más, mejor y gratis.

El problema está en entender el cine como espacio de difusión más que como un lenguaje en sí mismo. El audiovisual y el cine en específico son lenguajes, y si bien ciertas obras entienden el soporte en el que están y logran transmitir emoción, independiente del que sea, muchas otras no lo logran. Este es precisamente el caso de la quinta entrega de la saga más destacada de parodias del último tiempo.

Nadie desconoce el género (ojo, sin que la ‘parodia’ sea uno como tal) porque hasta la crítica clásica considera una buena película como una que se apega lo más posible a un canon hasta lograr transmitir emoción por medio de las mismas reglas de las grandes obras. El problema es que esas reglas no se aplican, sólo se mantienen las ideas.

No todo lo que se proyecta es cine y no por que llega allá arriba hay que entenderlo como tal. No estoy tratando de ser purista, ni de trazar grandes comentarios sobre qué es el cine en la actualidad o qué es y qué no es cine, pero si hay algo en lo que todos podemos ponernos de acuerdo ya sea por gusto o simplemente por el cariño a la experiencia de sentarnos con alguien a disfrutar frente a la pantalla grande es que es bastante fácil entender que un partido del Barcelona v/s el Real Madrid no es cine, y que un video viral como el de las “42 frases” tampoco.

© Ignacio Hache

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