Bill Marks (Liam Neeson) es un policía que viaja de incógnito en los aviones para resguardar la integridad de los pasajeros ante posibles atentados. El tipo además tiene problemas con el alcohol y es bastante arisco en su trato. En medio de un vuelo sin escalas de Nueva York a Londres el agente recibe un mensaje a través de una línea codificada. El texto proviene de un pasajero anónimo del avión, quien le indica que si no le depositan en una cuenta 150 millones de dólares, matará a uno de los pasajeros, y luego a otro, y así cada veinte minutos hasta que se cumplan sus exigencias. El vuelo está repleto, por lo cual identificar al posible criminal será una tarea muy complicada para este policía malas pulgas.

“Sin escalas” trae nuevamente al cine de acción a Liam Neeson, un actor que ya nos tiene acostumbrados a este tipo de papeles, teniendo varios personajes que se han convertido en íconos del cine, quienes van desde el sabio Qui Gon Jin de “La amenaza fantasma” (1999), pasando por el enigmático R´as Al Ghul de “Batman inicia” (2005), hasta su personaje en “Taken” (2008), donde interpreta a un padre desesperado por rescatar a su hija secuestrada por una red de trata de blancas. Lástima que de esa cinta se haya hecho una segunda parte tan básica y desechable.

A pesar de ese tropiezo, ya está claro que este tipo de roles le viene como anillo al dedo a Neeson, un actor quien además de medir casi dos metros, tiene una profunda voz que se impone y le da un carácter de sabiduría o majestuosidad que pocos héroes de acción tienen. Cualidades sumadas a su calidad interpretativa, ampliamente demostrada.

La historia de “Sin escalas” tiene varios elementos similares a “Plan de vuelo” (2005), aquella cinta donde Jodie Foster es una ingeniera cuya hija desaparece en el mismo avión que ella misma había diseñado, así como también toma cosas de “Vuelo nocturno” (2005), cinta de Wes Craven (subvalorada para mi gusto) donde un tipo secuestra a una pasajera que va junto a él. Sin embargo, aunque la fórmula está repetida, aquí funciona perfectamente y mantiene un extraordinario manejo del suspenso durante todo el metraje.

Para lograrlo, la película se apoya en una cuidadosa proporción entre diálogos y escenas con acción pura, además de un muy buen uso de los primeros planos, con los cuales el director nos sumerge en este juego del gato y el ratón donde todos son sospechosos. El guión además logra desorientarnos una y otra vez, dando varios giros inesperados, y a pesar de las pistas que va dejando, el manejo de la información logra la intriga necesaria para mantenernos en vilo hasta el final.

Por último, un elemento que puede parecer anecdótico pero que es muy positivo para el espectador de habla hispana, es que los mensajes de texto del celular por el cual Marks y el villano se comunican, están traducidos a nuestro idioma. Es decir, no hay que leer en subtítulos lo que dice la pantalla del teléfono, sino que está directamente escrito en nuestro idioma. Un acierto de los distribuidores que se acuerdan del público hispanoparlante.

Recomendada especialmente para los que gustaron de “Taken”, Máxima velocidad” (1994) o la serie “24”.

©Juan Carlos Berner