Ellison Oswalt es un polémico escritor que basa sus historias en crímenes reales. Controversial y aún en búsqueda de renombre, se muda junto a su esposa y dos hijos al lugar donde ocurrió una terrible masacre en espera de generar su gran best-seller. Cuando inicia su investigación, encuentra una caja con películas caseras en super-8 en el ático de la casa. Al verlas, cosas extrañas y siniestras empiezan a ocurrir a su alrededor, afectándolo a él y a su familia. Lo que parecía una indagación de rutina se empieza a transformar en algo inesperadamente peligroso.

En 2005 Scott Derrickson estrenó “El exorcismo de Emily Rose” y logró convencer a través de su guión y dirección que el diablo podía ensañarse con una devota campesina. En esta oportunidad el desafío era utilizar una entidad demoníaca fantástica para generar la intriga que lograra asustar al espectador, utilizando de forma distinta los ya inevitables clichés del género y de ser posible darle una vuelta de tuerca. Es decir, una película ambiciosa.

Del productor de “Actividad Paranormal” y “La noche del demonio” (“Insidious”), la película rescata dos elementos que recuerdan a esas películas. Por un lado el uso de registros audiovisuales como ejes narrativos y, en este caso, como verdaderos portales inter-dimensionales para entes malignos; por el otro, la búsqueda de un enfoque nuevo para mostrar lo espeluznante, partiendo de la secuencia de inicio y del uso de recursos musicales que generan una atmósfera bien lograda, que le debe la tensión en gran parte a las composiciones originales de Christopher Young (“Hellraiser”, “The Grudge”, “El exorcismo de Emily Rose”, entre muchísimas otras).

A través de esa atmósfera, “Siniestro” logra convencer en sus inicios, pero defrauda al ir cerrando su historia y no poder mantenerla debido a inconsistencias sostenidas. El punto de vista comienza de forma global, pero quien termina moviendo la trama es el personaje de Ethan Hawke y la familia comienza a transformarse en un mero accesorio. Esta matriz genera un estancamiento en el ritmo y el abuso de los golpes de efecto (el cliché inevitable) que perturba y genera tensión, pero resta en dramatismo y roba tiempo para desarrollar el entramado. Visto en perspectiva, “Siniestro” es una clásica historia de terror, en donde las fuerzas del bien no tienen por donde ganar. El problema es que eso se resuelve en diez minutos y el ingenio está en rellenar de manera astuta los otros 100 minutos que van entremedio. Para ello el guión se nutre de una trama enredada que se pisa la cola en varias oportunidades. Requiere de personajes secundarios que aportan la cuota de explicación necesaria para entender los básicos “por qué”, pero que en éste caso se vuelven obvios, con una coordinación sospechosamente ocurrente cuando, en la práctica, la idea es que no se noten y que los datos aparezcan antes que el espectador se distraiga con las incongruencias. De este modo la información llega en forma de parches entregados por personajes bi-dimensionales.

Sin embargo, lo que habla muy bien de la producción como carta de presentación son el buen nivel de las actuaciones, incluso con los secundarios, como es el caso de Vincent D’Onofrio, quien interpreta a Jonas, el cliché del profesor universitario con importante información sobre “el cuco”. Un misterio extra-película es porqué D’Onofrio no aparece en los créditos.

Quizás el defecto más importante de la película es su fallo en el proceso de búsqueda de originalidad. Un buen Thriller paranormal nace de lo sobrenatural, crece y se desarrolla tomando prestados recursos del género detectivesco y al no poder cerrar el caso de forma normal el desenlace termina siendo fantástico. En el caso de “Siniestro”, funciona cuando sale del género detectivesco pero falla cuando se escurre en lo paranormal dándole al final predecible una forma algo torpe y antojadiza, al menos visualmente.

Cuando en la película “El aro”, la protagonista investigaba, lo hacía para salvar su vida. Al final, cuando Sadaku en Japón y Samara en América salían respectivamente de sus televisores, la estética de la escena, advertida previamente, hacían verosímil lo imposible y de paso ponía la carne de gallina. En “Siniestro”, la urgencia de Oswalt no genera empatía, restándole impulso a la búsqueda y el salto a lo fantástico va de la mano con una estética deficiente, convirtiendo lo perturbador en algo simplemente “raro”, lo que puede generar incomodidad, fastidio, risa, pero en ningún caso miedo. Ese es quizás su mayor mérito/fallo: la búsqueda de la originalidad aunque sea a costa de la verosimilitud.

 

©Por Hugo Díaz

Sinister
EE.UU. 2012, 110 minutos
Dirección y guión: Scott Derrickson
Elenco: Ethan Hawke, Juliet Rylance, James Ransone, Fred Dalton Thompson, Clare Foley.
Calificación: 18 años.