A estas alturas, y con el nivel de publicidad que ha tenido, no hay nadie que no haya escuchado de la película Ted (voz de Seth MacFarlane, quien también dirige la cinta) cuyo protagonista  es el tradicional oso de peluche norteamericano “Teddy” que cobra vida gracias a un infantil deseo de cumpleaños de John Bennett (Mark Wahlberg). Sin embargo, está lejos de ser el compañero inocente que todos imaginaríamos.

John y Ted han sido amigos de toda la vida, desde la niñez a la adolescencia y de ahí a la adolescencia eterna.  Quizás este sea uno de los grandes dilemas de la primera película donde Ted y John donde se preguntan: ¿por qué “madurar” implica dejar de lado placeres como el sexo, drogas y el alcohol?, cuestionamiento que en mi opinión es igual de limítrofe que pensar que madurar es igual a tener esposa, casa e hijos, pero bueno, yo no escribí el guión.

En esta segunda entrega, también dirigido por Seth Macfarlane (“Padre de Familia”), y narrada por Patrick Stewart (la saga “X-Men”), Ted ha entrado en otra etapa de su vida. La película comienza con la ceremonia de matrimonial entre él y Tamy-Lynn (Jessica Barth), su alma gemela. Lo que comienza como “el mejor día de sus vidas”, al año se transforma en una pesadilla para Ted y Tamy-Lynn gracias al problema más cliché que conlleva la vida en pareja: deudas. Aconsejado por una compañera de trabajo (memorable su frase “look this white nigga family”) decide que solo un hijo podría salvar su relación. Como Ted está biológicamente incapacitado para ser padre, es necesario que su esposa se someta a una inseminación artificial (idealmente robándole esperma a Tom Brady) o  acudir a la adopción.  Es este último trámite el que  desencadena la catástrofe, pues Ted no puede adoptar porque no  es considerado una “persona” si no que una “propiedad”. Para ser reconocido legalmente como ciudadano con derechos, decide demandar al estado, con la ayuda de la abogada recién titulada Samantha Johnson (Amanda Seyfried) que además lleva un estilo de vida muy similar a Ted y John. Es final es obvio.

No siento culpa de contar casi toda la trama de esta película, ya que las reales sorpresas no están el argumento de Ted, si no que el irreverente sentido del humor clásico de teenagers gringos, donde abundan fluidos, sexo y los típico fails de drogados. Rescato los cameos que son de lujo, no haré spoiler de ellos porque fue lo único que me sorprendió y quiero que ustedes también se sorprendan de algo. Personalmente me encantó la introducción, es lo más convencional que encontrarán en esta película, es de una factura impecable tanto en música como en coreografía y contrasta completamente con el contenido del filme; es lo que claramente buscaba el director y lo logró. La banda sonora está llena de clásicos e incluso aquí hay citas de bandas sonoras de películas clásicas. La fotografía, producción, montaje (incluyendo un paseo por al Comi-Con de Nueva York) están muy bien trabajados.

Si bien no soy el público objetivo de este tipo de cine, ni por edad ni por género ni por gustos ni… ni por nada,  me reí en algunas ocasiones durante los primero 40 minutos, después…. Nada. Debe ser porque no terminan por convencerme las películas que se venden como cómicas e irreverentes y a la mitad deciden ser sentimentales y clásicas.

Aunque  extraño a Mark Wahlberg en películas de acción, este papel le sale muy natural, y yo le haría caso cuando dijo que no dejaría ver a sus hijos esta película infantil… al menos no con audio.

Por Alexis Flores

En Twitter: @Alexiziz