Crítica de cine: “The electrical life of Louis Wain”, otra de Benedict Cumberbacht

A estas alturas, Benedict Cumberbacht monopoliza todos los papeles de genios excéntricos, misántropos y obsesivos: lo hemos visto hacer de Sherlock Holmes en la famosa serie, de Julian Assange en “The Fifth State”, de Alan Turing en “The Imitation Game”, de Stephen Hawking, Doctor Strange, entre otros. Y ahora parece que se repite el plato interpretando a Louis Wain, un retratista de gatos, en “The electrical life of Louis Wain”, película del director Will Sharpe estrenada en septiembre de este 2021 que está ad portas de acabarse para dar paso a un año menos nefasto.

Wain fue un apasionado al que le costaba enfocar sus aficiones: boxeo, ciencia, teatro, arte, pero al mismo tiempo llevaba una vida errática junto a sus hermanas, incapaz de sentar cabeza y asumir su rol de proveedor familiar. Su personalidad febril estaba a juego con el labio leporino que ocultaba bajo su bigote y, al parecer, nadie lograba comprenderlo del todo. No obstante, contaba con una ventaja que le ayudó a abrirse paso en el mundo: un inigualable talento para el dibujo, que le sirvió para ganarse la vida.

No obstante, como la mayoría de esta clase de personajes, albergaba un alma sufriente que solo pudo aplacarse con dos cosas que le trajeron profunda felicidad: el matrimonio contraído con la institutriz de su hermana pequeña, diez años mayor que él; y los gatos. Sí, los gatos. Louis Wain era fanáticos de los michis antes de que se volvieran populares por internet. Su fanatismo lo llevó a enfocar su talento ilustrador específicamente en estos animales, volviéndolo famoso por su estilo único a la hora de retratarlos.

La biopic está llena de elementos trágicos que tienen que ver principalmente con la dificultad del personaje para adaptarse a una sociedad que le exige que viva bajo ciertas reglas, además de episodios que involucran muerte de seres queridos y también su enfermedad mental, que posiblemente era esquizofrenia y que muchos consideran que tuvo algo que ver en su peculiar estilo de dibujo. Sin embargo, no están ausentes los elementos de comedia, que tienen que ver principalmente con los gatos. Resulta bastante extraño que la historia transcurra hace tantos años y que funcione tan bien en estos tiempos, cuando los gatos son una sensación mediática y fenómeno cultural.

De más está decir que Cumberbacht se luce una vez más caracterizando a un personaje sumamente complejo, que tiene varias aristas y no es el cliché del genio excéntrico y pedante. El personaje está lleno de luces y sombras y hace por momentos que lo admiremos, le tengamos compasión y queramos informarnos más sobre la persona real a la que le dio vida.

Uno podría preguntarse si el actor es de esos que solo saben hacer de sí mismos, como tantos que abundan por ahí, pero yo creo que eso es en parte mentira y en parte verdad. Respecto a la parte de mentira, es probable que le enganchen esos personajes justamente porque encajan con su habilidad interpretativa, y la parte de verdad, pues, ¡que lo siga haciendo carajo, pues le sale jodidamente bien esa clase de caracterizaciones! ¿Qué van a hacer otra película de Benedict Cumberbacht haciendo de individuo estrafalario? ¡Pues me apunto! Es verlo hacer lo suyo, es como ver a Brian May haciendo un solo, a Messi metiendo un gol o a Marcianeke interpretando una pieza musical. ¡Que los genios hagan lo suyo! Ya habrán otras instancias para la versatilidad.

No conforme con eso, la biopic hace un buen trabajo mostrando los pormenores de padecer un trastorno mental, los sinsabores económicos que padece el protagonista y los que le rodean, y cómo afecta todo eso a sus familiares, pues al parecer se trata de una condición genética que se transmite. Sumado a eso, las familias de la época deben cumplir con estrictos estándares morales relacionados con la educación, el comportamiento de una pareja, las expectativas que se debería tener sobre una niña, entre otras cosas.

“The Electrical life of Louis Wain” es una película muy recomendable para quienes disfruten las biopics, para los que le guste el estilo actoral de Cumberbacht, para los que busquen conmoverse con un buen drama de época, pero, por sobre todo, es altamente recomendable para los amantes de los gatos, pues encontrarán en la pareja protagonista alguien con quien se identificarán fácilmente. Si quieren ver muchos michis, esta es su película.

Por Felipe Tapia, el crítico que incomoda a la elite

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