Muchas veces las cosas más simples son las más hermosas, y en el cine esto también ocurre. No siempre las mejores películas son aquellas con giros sorprendentes en el guión o actuaciones sobresalientes. A veces la emoción viene de las historias más simples, pues los humanos podemos sobrecogernos con algo tan sencillo como la sonrisa de un niño o de una abuela. Y esta película es una prueba de aquello.

“Un gran dinosaurio” parte con la premisa de que el famoso meteorito que extinguió a los dinosaurios (la teoría más aceptada) no cayó en La Tierra sino que pasó de largo. Así, los dinosaurios evolucionaron y se convirtieron en seres inteligentes, que además sobrevivieron el tiempo suficiente como para convivir con los primeros humanos. Arlo, nuestro protagonista, vive con sus padres y dos hermanos. La naturaleza lo hizo ser pequeño para su especie, pero a cambio le dio un gran corazón y mucha perseverancia. El problema es que al ser más chico, los trabajos físicos se le hacen más difíciles, y siente que está defraudando a su familia, en especial a su padre, un dinosaurio inteligente y sobre todo muy valiente.

Para no adelantarles mucho de la trama, solo les diré que Arlo se pierde muy lejos de su casa, y se ve obligado a unirse a un pequeño niño (Spot), que actúa más bien como lo haría una fiel mascota, y juntos deberán sortear una serie de obstáculos para volver a casa. En rigor, esa es la historia de la película. Lo fantástico de esta cinta es cómo está contada; el viaje de Arlo no es solo una travesía física, sino un viaje interior, donde lo que él quiere es demostrarle a su padre cuánto vale, mientras realmente irá encontrando su madurez. Algo con lo que todos de una u otra forma nos sentiremos identificados.

Un aspecto totalmente original que nos presenta la cinta es el cambio de roles. Arlo el dinosaurio se comporta como un ser humano, mientras que Spot, su fiel compañero actúa como un perro, a pesar de ser un niño. Puede sonar extraño como concepto, pero en el filme funciona perfectamente, es totalmente verosímil dentro de la fantasía planteada y nos demuestra una vez más que la amistad y la lealtad van más allá del aspecto físico o de la especie.

Este viaje cinematográfico además está rodeado de escenarios magníficos. Pocas veces la tecnología 3D ha logrado el nivel de realismo y belleza como el que nos presentan los paisajes de esta película. Aquí los artistas de Pixar lograron los parajes más increíbles, donde cada plano es una verdadera postal, y dan la impresión de haber sido filmados con las mejores cámaras y no creados por computadora.  Todo esto intensifica la emoción de las escenas, las hace más grandes y hermosas.

Una cinta con una historia simple en su forma, pero muy profunda y conmovedora, ambientada en los paisajes más bellos que se han visto en una cinta de animación. Una vez más Pixar conquistó nuestro corazón.

Por Juan Carlos Berner

En Twitter: @jcbernerl