En las películas, una buena historia es fundamental. Sin embargo esto, que parece obvio, no siempre es así. Existen buenas películas con una historia mediocre, ya que se basan en otros elementos, como las actuaciones, los diálogos, la música u otros. Factores que si están bien logrados, bien construidos, pueden hacer que el espectador olvide un guión débil y de todas formas emocionarse y quedar con un buen sabor de boca al salir de la sala.

Esto es lo que sucede con “Una noche en el museo 3”.  La trama es muy similar a la original, con la excepción de que ahora la acción se traslada al museo de historia natural británico, pues ahí se encuentra el padre de Ahkmenrah, el único que sabe por qué la tabla mágica que le da vida a los habitantes del museo se está deteriorando. Si la tabla sigue así, muy pronto todos los personajes morirán, algo que por supuesto Larry, el guardia nocturno del museo no está dispuesto a permitir.

Sin embargo, a pesar de que la trama es tremendamente básica, predecible y sin ninguna sorpresa, los diálogos de cada escena son de antología. Así, aunque la historia en general no se sustenta, la cinta hará que el espectador se ría a carcajadas cada cinco minutos, y para los que ya han visto las dos primeras entregas, se afirmará esta relación casi familiar con los personajes. Si antes eran simpáticos, con esta película se vuelven entrañables. A esto hay que sumar algo que por supuesto no estaba en los planes del equipo de producción, pero que inevitablemente afectará emocionalmente al espectador. “Una noche en el museo 3” es la última película donde actúan Mickey Rooney y Robin Williams.

Verlos en pantalla es muy conmovedor, más aún cuando Teddy Roosevelt, el personaje de Williams, dice varias frases para el bronce sobre lo que significa ser feliz. Con esto, la cinta tiene varios momentos de genuina emoción, especialmente en lo que parece una despedida de la historia.

Como novedad, la acertada incorporación de la actriz Rebel Wilson, quien interpreta a la guardia del museo londinense y se encarga de varias de las escenas más jocosas, más el personaje de Laa, una versión primitiva de Ben Stiller, con el cual el actor se parodia a sí mismo.

Honestamente, después de que las aventuras se trasladaran al Smithsoniano (el museo más grande del mundo) en la segunda parte, no había mucho espacio para imaginar cómo se ampliaría el universo de esta historia, haciendo inesperada esta tercera película. La única respuesta de por qué se hizo, es que en Hollywood necesitan tomarse de películas exitosas para seguir haciendo secuelas y asegurar una buena taquilla.

Con todo, “Una noche en el museo” está lejos de ser un filme potente como tal y no figurará jamás en una lista de las mejores comedia de la historia, pero sin lugar a dudas es un tobogán de emociones, con el humor más blanco que se pueda hacer, y varias escenas que al menos harán brotar alguna lágrima en el respetable.

Un buen panorama para ir en familia.

© Juan Carlos Berner

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